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DINERS ELECTRÒNICS - DINERO ELECTRÓNICO
(En castellano más abajo)
Benvolguts companys i companyes:
Cada dia són més els escrits que surten en els mitjans de comunicació sobre els avantatges d’un món sense diner anònim i que estan a favor de la implantació del diner nominatiu.
Els economistes i la gent estudiosa d’aquest tema cada vegada veuen més clar que aquesta seria una solució i són conscients que aquesta seria l’eina per evitar el caos social que actualment existeix. Molts d’ells per elaborar aquests projectes s’han inspirat llegint la documentació sobre les teories de l’agustí Chalaux que es poden trobar a la seva pàgina web: http://www.chalaux.org/ i http://www.bardina.org/
Ara creiem que és el moment històric idoni per conscienciar al poble a través del nostre projecte del documental que està en fase de realització, i que la nostra fita seria poder divulgar-lo arreu del món.
Us adjunto l’escrit de Guillermo de la Dehesa (Presidente del Centre for Economic Policy Research) que advoca per la desaparició paulatina de les monedes i bitllets en favor dels diners electrònics per a acabar amb activitats il·lícites i l’economia submergida.
Salutacions cordials,
Llorenç Martos – Centre d’Estudis Joan Bardina
Bienvenidos compañeros y compañeras:
Cada día son más los escritos que aparecen en los medio de comunicación sobre las ventajas de un mundon sin dinero anónimo y que están a favor de la implantación del dinero nominativo.
Los economistss y la gente estudiosa de este tema cada vez ven más claro que esta sería una solución y están conscientes que esta sería la herramienta para evitar el caos social que actualment e existe. Muchos de ellos para elaborar estos proyectos sa han inspirado leyendo la documentación sobre les teorías de Agustí Chalaux que se pueden encontrar en su sitio web: http://www.chalaux.org/ i http://www.bardina.org/
Ahora creemos que es el momento histórico idóneo para concienciar al pueblo a través de nuestro proyecto del documental que está en fase de realización y que nuestro objetivo sería poder divulgarlo alrededor del mundo.
Les adjunto el escrito de Guillermo de la Dehesa (Presidente del Centre for Economic Policy Research) que aboga por la desaparición paulatina de las monedes i billetes en favor del dinero electrónico para acabar con actividades ilícitea y con la economía sumergida.
Saludos cordiales
Llorenç Martos – Centre d’Estudis Joan Bardina
22 10 2007
¿Es posible un mundo sin dinero en efectivo?
La gran ventaja de un mundo sin dinero en efectivo
El autor aboga por la desaparición paulatina de las monedas y billetes en favor del dinero electrónico para terminar con actividades ilícitas y la economía sumergida.
Autor/es: Guillermo de la Dehesa
Categoría: Política Monetaria
Imaginemos un mundo sin circulación de billetes y monedas de curso legal. Una consecuencia inmediata sería la desaparición del dinero negro ya que los billetes y monedas son los únicos medios de pago donde resulta imposible identificar a su portador. Sin dinero no nominativo, todas las actividades ilícitas que se llevan a cabo en el mundo- financiadas mayoritariamente con billetes “al portador”- perderían su anonimato. Consecuentemente, es muy probable que dejaran de llevarse a cabo.
La mayor parte de los billetes de alta denominación acaba en manos de delincuentes Parece como si el afán recaudatorio pesase más que el de evitar la delincuencia
Estoy pensando, ni más ni menos, que en el terrorismo, tráfico de armas, de drogas, de personas (inmigrantes, hombres, mujeres y niños), de órganos humanos, de animales y plantas, de objetos robados, de objetos copiados o imitados, así como en la gran y pequeña corrupción y en la evasión fiscal. Sin billetes, viviríamos en un entorno mucho más seguro, menos violento y con mayor cohesión social, al desaparecer de un plumazo el mayor incentivo que ampara la actividad ilegal en el mundo.
Paradójicamente, las autoridades políticas de todos los países no son capaces de iniciar un proceso de acuerdo para lograr una sociedad mejor en la que: (i) no hiciera falta tanta policía pública y privada, (ii) pudiera reducirse drásticamente el número de guerras, actos terroristas y atracos, y (iii) solo fuera posible adquirir drogas por vía legal, sin ocasionar una grave violencia sobre personas inocentes. Nótese que en este mundo, una inmensa mayoría de los ciudadanos saldrían muy beneficiados. Solamente, aquellas minorías dedicadas a actividades irregulares o ilícitas saldrían perdiendo.
¿Cuáles son las razones de que una reforma de este tipo no tenga lugar en pleno siglo XXI donde ya existen alternativas tecnológicas para realizar pequeños pagos (los únicos que justificarían el uso de monedas y billetes) más prácticas, rápidas, limpias, duraderas y eficientes que el dinero en efectivo (por ejemplo, las tarjetas monedero, las tarjetas de débito y crédito o los teléfonos móviles, es decir, el llamado “dinero electrónico”)?
La primera razón es que, especialmente en los países desarrollados, hay algunas personas que, sin tratarse de delincuentes o evasores de impuestos, prefieren utilizar el dinero en efectivo para preservar su intimidad ante el temor de que el control del estado sobre los ciudadanos llegue a las cotas de absolutismo que George Orwell anticipó hace varias décadas. No obstante, ante esta visión caben dos importantes respuestas. Por un lado, la gran mayoría de los que comparten esta preocupación, que no son muchos, no están pensando en utilizar el dinero en efectivo para pagos elevados sino para afrontar los gastos corrientes en su vida diaria. Por otro, una cosa es que deba preservarse el inalienable derecho de las personas a su intimidad - a través del estricto cumplimiento de la Ley de Protección de Datos por parte de los intermediarios financieros - y otra bien distinta es incentivar la economía sumergida que beneficia a unos pocos a costa de perjudicar a una gran mayoría de ciudadanos.
La segunda es que existe una corriente de pensamiento libertario, todavía influyente pese a ser minoritaria, que estima que la existencia de una economía sumergida es totalmente legítima, además de eficiente, ya que constituye la respuesta ciudadana natural a la gran maraña de regulaciones del estado o al excesivo nivel de impuestos en algunos países. Esta forma de pensar podría tener cierta legitimidad en casos extremos de algunos países poco democráticos con un control excesivo del estado sobre sus ciudadanos. Sin embargo, este no es el caso en las democracias: en una sociedad democrática, si el estado no puede conseguir que la economía sumergida pague impuestos se verá obligado a aumentarlos a los ciudadanos y empresas que trabajan en la economía oficial. Además, la gran mayoría de la regulación en los países democráticos no es arbitraria o innecesaria y, si así lo fuera, estaría condenada a desaparecer rápidamente por la presión de los votantes perjudicados. Por último, la teoría convencional de las finanzas públicas estima que la eficiencia impositiva se estimula mediante un reparto más igualitario del gravamen impositivo.
La tercera es que, en algunos países en vías de desarrollo - históricamente afectados por frecuentes episodios de inestabilidad financiera, hiperinflación y fuertes devaluaciones - la única forma de ahorro de sus ciudadanos, especialmente de los más pobres, es a través de billetes denominados en divisas estables- como el dólar, el marco o ahora el euro- ya que sus monedas pierden valor continuamente frente a las divisas fuertes. De ahí que la demanda de billetes denominados en euros y en dólares esté concentrada fundamentalmente en la economía sumergida, en la economía ilícita y en la de los ciudadanos de algunos países en desarrollo poco estables, sean sumergidos, ilícitos o normales.
La cuarta, y más paradójica, es la objeción de las autoridades fiscales de los países con monedas de reserva que circulan globalmente, como el dólar o el euro, ya que pueden financiarse de forma mucho más barata emitiendo billetes que emitiendo deuda. Ello se debe a que los billetes son, en realidad, una deuda perpetua, al portador y muy perecedera que emiten los estados sin tener que pagar interés alguno. En otras palabras, se trata de un préstamo sin intereses del portador del billete a su emisor (el estado, a través del banco central) ya que si el portador lo devuelve al cabo de varios años, porque está estropeado, el emisor sólo le paga su valor nominal entregándole otro igual. Es decir, los gobiernos reducen tanto más el coste de su deuda cuanto mayor sea la emisión y utilización de dichos billetes que sustituye su emisión de letras y bonos con interés. Esto es lo que se llama en el argot monetario “señoreaje”, que tradicionalmente representaba la diferencia entre el coste de producirlo y su valor facial cuando el dinero era de un metal precioso (oro o plata). Actualmente, el coste de producir, distribuir y eventualmente retirar un billete es mínimo, al tiempo que su valor facial es cada vez más alto. Por ello, el señoreaje se ha convertido en un ingreso muy importante para las haciendas públicas.
Al señoreaje nacional, por la utilización de los billetes dentro del territorio del país, hay que añadirle un componente internacional, por su utilización en el resto del mundo. Se calcula que, fuera de EEUU, circulan unos 400.000 millones de dólares en billetes, es decir, un volumen superior al que circula dentro de dicho país. Ante tal historial de éxito recaudatorio, no es de extrañar que en el lanzamiento del euro se decidiera emitir billetes de muy altas denominaciones (de 200 y 500 euros) para poder competir en “señoreaje” internacional con los billetes de 100 dólares de EEUU. Sin duda fue una decisión con un gran poder recaudatorio, ya que este año y por primera vez, la utilización de billetes en euros en los países miembros y en el resto del mundo ha sido ya mayor que la de los billetes en dólares. A modo de ilustración, si un bono en euros pagara aproximadamente un cupón del 5 por ciento frente al cero de un billete en euros, el ahorro de intereses sería enorme. Calculando cerca de 900.000 millones de euros en billetes en circulación dentro y fuera del Área Euro, el señoreaje sería de unos 45.000 millones de euros.
El único problema, que considero muy grave, es que la mayor parte de la emisión de billetes de muy elevadas denominaciones acaba en manos de delincuentes nacionales e internacionales. Parece como si el afán recaudatorio de los estados pesase más que interés en acabar con la delincuencia. Seguramente esta interpretación sea muy exagerada, pero hay indicios de la misma en la actuación de algunos funcionarios fiscales que intentan justificar esta contradicción mediante afirmaciones del tipo: “como no podemos gravar con impuestos a los delincuentes por que no somos capaces de detectarles, al menos, conseguimos que paguen algo, ya que les colocamos grandes volúmenes de deuda perpetua sin tener que pagarles interés alguno y además, mantener grandes cantidades de dinero en efectivo no es rentable y es muy costoso”.
Este argumento es falaz ya que, de no existir dichos billetes de altas denominaciones, los delincuentes serían más fácilmente detectados, difícilmente escaparían al pago de impuestos y podrían verse forzados a abandonar dichas actividades delictivas. Es decir, las haciendas públicas de los países recaudarían mucho más de lo que obtienen hoy por el “señoreaje”, al lograr aflorar toda la economía sumergida que funciona con dinero negro y que, además, compite deslealmente con las empresas que sí pagan sus impuestos y que no explotan la situación irregular de sus trabajadores. Más todavía, los estados también se ahorrarían mucho gasto público en fuerzas policiales y evitarían la corrupción de algunos de sus funcionarios y políticos.
La quinta razón es el temor de los bancos centrales a perder el control monetario o a reducir la eficiencia con la que desarrollan su política monetaria, ya que, para ello, necesitan dos condiciones. Por un lado, que el banco central sea monopolista bien en la emisión de dinero en efectivo y en el suministro y retirada de las reservas obligatorias (en efectivo y depósitos) que, en algunos países, deben de tener todos los bancos depositadas en el banco central, o bien de las reservas que, en todos los países, mantienen voluntariamente en el banco central para facilitar sus operaciones de compensación y liquidación con otros bancos. Por otro, que pueda aplicar un tipo de interés variable a sus “operaciones de mercado abierto”, por las que compra o vende, a los bancos del sistema, los activos financieros (bonos, letras, depósitos etc.) que considere necesarios para regular su liquidez.
Sus temores son que el dinero electrónico emitido por otros bancos pudiera sustituir el efectivo y depósitos en el banco central y que dichas compras y ventas pudiesen hacerse fuera de su control. Sin embargo, desde hace ya mucho tiempo, se ha demostrado (véase Sargent y Wallace, 1983) que un banco central puede estabilizar los precios incluso si el público no bancario deja de utilizar totalmente los billetes y monedas. Además, las autoridades monetarias pueden obligar a que todo emisor de dinero electrónico esté regulado, supervisado e inspeccionado, además de forzarle a que les proporcione toda la información necesaria sobre las transacciones que efectúen y a que mantengan reservas obligatorias en los bancos centrales. Con ello, la política monetaria no perdería ninguna eficacia. Nótese que también los bancos centrales generan señoreaje ya que, con el dinero en efectivo que crean sin interés, compran a los bancos activos financieros por los que recibe intereses y podrían perderlo. Incluso en el caso de que algunos emisores de dinero electrónico intentasen mantenerse en una situación de extraterritorialidad, y así replicar el dinero negro sustituyendo los billetes al portador por dinero electrónico no regulado, sería siempre mucho más fácil para la policía y la justicia rastrear las transacciones electrónicas entre delincuentes que las actuales transacciones físicas con billetes.
La sexta razón, y posiblemente la más importante, es que eliminar todo el dinero al portador necesitaría un acuerdo global de todos los estados y bancos centrales en los cerca de 200 países que existen actualmente en el mundo. Lograr un pacto en esta dirección sería un proceso complejo pero no imposible, ya que aquellos pocos países y sus bancos centrales que no aceptaran la propuesta, podrían ser presionados por el resto o ayudados temporalmente para evitar convertirse en “estados delincuentes”.
Finalmente, lo lógico es que, de llegarse a un acuerdo global, este proceso se desarrolle de forma gradual a lo largo de una o dos décadas. Al principio, reduciendo los incentivos a su utilización, por ejemplo, eliminando cada dos años la validez de los billetes en circulación de mayores denominaciones para que sus detentadores tengan que cambiarlos por los nuevos y se vean forzados a declararlos o “lavarlos”. Más tarde, eliminando definitivamente primero los billetes de elevadas denominaciones, para posteriormente ir eliminando paulatinamente los de menor denominación hasta llegar finalmente a las monedas pequeñas, las cuales, a su vez, pueden ser sustituidas por las actuales tarjetas tipo monedero.
(*) Presidente del Centre for Economic Policy Research (CEPR). Se trata de una versión modificada del artículo que apareció en el diario EL PAIS el día 13 de octubre de 2007.
Referencias
Sargent, T. and N. Wallace (1983) “A Model of Commodity Money”, Journal of Monetary Economics, vol. 12
Tratado de: Sociedad Abierta - http://www.sociedadabierta.es/
Un foro de opinión sobre temas socioeconómicos
ENTRÁMPATE, TÍO
Fuente: www.xlsemanal.com/web/firma.php?id_firma=4551&id_edicion=2367
Por Arturo Pérez Reverte
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Acabo de toparme en el correo con una publicidad bancaria que me ha puesto de una mala leche espantosa. Muchos de ustedes la conocerán, supongo. Se trata de un folleto destinado a los usuarios de una de esas tarjetas de crédito jóvenes, o como se llamen, Bluecard, o Greentarjeta, o Yellowsubmarine, que ahí no me he fijado mucho. Pero la tarjeta es lo de menos. De lo que se trata es de que el banco en cuestión, que para la cosa de recaudar viruta tiene tan poca vergüenza como el resto de los bancos y bancas que en el mundo han sido, plantea a sus jóvenes clientes una oferta de crédito tan descaradamente abyecta que, si no fuera porque el tal Solitario de los huevos no es más que un miserable sin escrúpulos y un payaso, casi aplaudiría uno que siguiera reventando ventanillas a alguna de tales entidades. No sé si me explico.
«Domicilia tu nómina y vete de viaje», es el reclamo inicial que encabeza el folleto, junto a la foto de una parejita jovencísima y feliz. Nada que oponer a eso, naturalmente. Aunque no exista, desde mi punto de vista, relación directa entre el hecho de domiciliar la nómina y subirse acto seguido a un tren, barco o un avión, uno podría seguir el consejo sin grandes objeciones. El mosqueo viene líneas más abajo, cuando el folleto añade «Londres, Roma, Berlín, París... Llévate un bono de 300 euros para viajar a esa ciudad que siempre has soñado conocer». Y aquí, la verdad, el asunto se enturbia un poco. En estos tiempos de educación para la ciudadanía –permitan que me tronche– y teniendo en cuenta que los destinatarios del folleto son gente muy joven, resulta poco edificante que la primera sugerencia a quien domicilia su primera nómina, lejos de aconsejarle ahorrar para un futuro más o menos próximo, consista en cepillarse alegremente esta nómina y las siguientes, en viajes alentados por el cebo del bono de marras, aunque éste financie parte del periplo.
Pero ésa es sólo la introducción, o proemio. Lo bonito viene luego. «Hasta 30.000 euros –pone con letras gordas– para lo que tú quieras.» Y suena tentador, me digo al leerlo. Si yo fuera joven imberbe y domiciliara mi nómina en tan rumbosa entidad bancaria, tendría asegurado un creditillo que, bien mirado, no deja de ser una pasta. Tal como está el patio, 30.000 mortadelos dan para que una parejita tierna, necesitada y con sentido común –30.000 x 2 = 60.000– pueda organizarse un poco mejor en la línea de salida. Lo malo es que, algo más abajo, cae mi gozo en un pozo. Porque «lo que tú quieras», o sea, lo que un joven de hoy necesita con más urgencia, a juicio del departamento de créditos del banco en cuestión, es «¿Un coche nuevo, una moto, un ordernador, el viaje de tu vida?». Dicho de otra manera: lo bueno de domiciliar la nómina para un joven de veintipocos años, o para una pareja de esa edad que decida plantearse una vida en común, no reside en que así puede uno amueblar la casa, comprar un coche para el trabajo –el folleto habla de «coche nuevo», no de uno a secas– o adquirir lo necesario para encarar la perra vida. Niet.
Lo verdaderamente bonito del invento es que, entregándole la nómina a un banco, puedes entramparte como un gilipollas para los próximos diez años de tu existencia, a fin de comprarte una moto o irte a beber piña colada las próximas navidades al Caribe, como Leonardo di Caprio. Guau. Pero no todo queda ahí, colega. Faltaría más. Porque encima, si domicilias tu nómina y te echas encima el pufo –el primero de muchos, qué ilusión– del crédito a diez años para el imprescindible coche nuevo, tu banco, que es generoso que te rilas, permite que además trinques nada menos que una Wii –«Con su revolucionario mando inalámbrico descubrirás una forma diferente de jugar», puntualiza el folleto– casi sin enterarte. Sólo al pequeño costo de otro pufillo adicional: un año pagando una cantidad mensual que ni siquiera llega a 20 euros, tío. Pagando sólo, fíjate, la ridícula cantidad de 19,50 euros al mes. El non plus. Y claro. A ver quién va a ser tan idiota como para no embarcarse en el chollo: vacaciones, coche nuevo, moto, ordenador, y encima poder matar zombis con la Wii casi gratis, o sea. ¿Hay quien dé más? Con eso y un bizcocho, la vida resuelta hasta mañana a las ocho. Por la cara.
Hace mucho tiempo que no llamaba hijo de puta a nadie en esta página. Se lo prometí a mi madre, a mi confesor y a una señora de Pamplona que me paró por la calle para darme la bronca. Pero hay días en que el impulso resulta más poderoso que las buenas intenciones.
Hijos de puta. Hijos de la grandísima puta.
NOTA DE MÁXIMO KINAST: En el grupo USENET que difunde este artículo aparece al pie esta nota:
P.S. Recordamos que el Bilbao y el Santander ya estaban en Santiago con Pinochet. Que estaban y lo podemos documentar (porque tenemos todos los archivos) en el Apartheid, explotando en Sudáfrica.... etc., etc. Son simplemente mangantes de cuello y corbata.
CRISIS DE LAS “PRIMES”. EL GOLPE GRANDE VIENE EN MARZO-ABRIL
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| Walid Ibn Talal |
Por: Redacción y Der Spiegel.
Fuente: El Chileno
www.elchileno.cl/artiklar/artikelPost.cfm?show=956&sammaKategori=2
Bajo el título "Sigue el baño de sangre” la revista alemana Der Spiegel en su último número* entrega un análisis de lo que está pasando en el sistema bancario del mundo desarrollado, concretamente en el país rector de la Unión Europea (Alemania) y en los Estados Unidos.
Der Spiegel sabe a quien sirve y lo hace bien. Los dirigentes de la EU requieren que les digan la verdad, y nada más que la verdad, sin adornos, manipulaciones o intereses escondidos y particulares y naturalmente sin ideologías trasnochadas, dogmáticas y elevadas a artículos de fe como en Chile.
Ese es el valor del informe que traducimos para nuestros lectores, ya que una “foto” tan descarnada de la realidad como esta, simplemente nadie la publica ni en Chile ni en ningún otro país.
No sólo porque los “intereses generales” serían tocados (por ejemplo, el Citi Group está en vías de fusionarse con el Banco de Chile y es precisamente el Citi Group el que tiene mas dificultades en los Estados Unidos. Ni hablar de las “inversiones” de las AFP en ese mercado...), sino por una causa mayor: hay que disimular la crisis y tranquilizar al “personal” como dice Luis Casado.
Como El Chileno es completamente irresponsable políticamente ya que este medio no es de partido, ni de político alguno y menos tiene avisos del Estado ni está para proteger los intereses de nadie ya que somos mas pobres de San Francisco de Asís, lo publicamos para conocimiento de nuestros lectores a los que recomendamos que vigilen a sus AFP, que los 140 mil millones de dólares que les hemos confiado los chilenos a esos aventureros, están realmente en peligro (por lo menos la mitad de los que los ”invirtieron” en el extranjero).
Este es el texto, del cual dejamos fuera la parte localista que se refiere a unos bancos de provincia en Alemania que no afectan la visión general.
“Los efectos de la crisis inmobiliaria en los Estados Unidos son mas mucho mas graves de lo conocido hasta ahora. Sólo entre los “grandes” de Wall Street las amenazas de pérdidas suman más de doscientos mil millones de dólares. Para los bancos alemanes se avecinan tiempos difíciles.
En octubre el mundo se veía aún en cierta medida en orden para el jefe del Citi Group Charles Prince. Las ganancias habían caído, pero el accionista mayoritario, el príncipe Walid Ibn Talal había mantenido la calma. El multimillonario en miles de millones había declarado que todo era un mero “hipo”.
Poco después, a comienzos de la semana antepasada, otro “profesional” del Citi Group debió salir al frente: Sandy Weill voló en el jet del banco a Riad. El gerente de 74 años había sido jefe del banco (el más grande del mundo) y en los noventa había llevado a Citi a transformarse en un consorcio financiero multifacético ampliamente ramificado. Ahora la “obra de su vida” estaba en peligro.
Weill sabía que el “hipo” se había transformado en el intertanto en un peligro grave. “Discutimos que había andado mal”, dijo el príncipe Walid acerca de la reunión de crisis.
La reunión en Arabia Saudita causó en Wall Street un sismo. Pocos días después de que el jefe del Banco de Inversiones Merrill Lynch Stan O`Neal fuera despedido, el mismo Prince debió desalojar su oficina.
Ambos se habían equivocado brutalmente. Sus empresas debían declarar como perdidos entre 8 y once mil millones de dólares. Y con estas “pérdidas el drama que comenzó en pleno verano no ha terminado.
En esos meses los “hedgefonds” y los bancos había tocado alarma: la burbuja inmobiliaria de los Estados Unidos amenazaba con reventar. Los propietarios de viviendas en los EEUU estaban cesando los pagos de las hipotecas que habían contratado para comprar sus casas en la esperanza de que el valor de sus viviendas subirían en forma rápida y constante.
Desde esas fechas la crisis ha cobrado nuevas víctimas. Hace rato que no se trata de “millones” sino que de “miles de millones” y a pesar de los llamados a la calma y el discurso tranquilizador de los políticos y los bancos centrales, la crisis va tocando no sólo a los bancos chicos sino que también a los gigantes de la rama financiera.
Prácticamente a todos los “pesos pesados” de Wall Street y mayoritariamente a grandes bancos europeos han sido afectados por la crisis en forma mucho mas dura que lo que han confesado públicamente. Las pérdidas de los diez mayores perdedores suman ya 40 mil millones de dólares. Y este es sólo el comienzo.
“Creo que todavía no conocemos todos los riegos”, supuso Alexander Dibelius, el jefe de Goldman Sachs hace dos semanas. Poco después la crisis llegó a sus colegas del Citi y Merril Lynch.
Los economistas y los bancos centrales esperan una pérdida general de unos 200 mil millones de dólares. “El baño de sangre sigue y se agravará aún mas” cree Nouriel Roubini unos de los mas destacados economistas de los EEUU.
El fundamento de su miedo: los bancos han entregado las cifras para el tercer trimestre de 2007. Este termina para la mayoría en agosto o septiembre. Desde esa fecha la crisis inmobiliaria se ha agravado. En el cuarto trimestre amenazan rupturas masivas.
La medida exacta de la debacle se conocerá cuando se entreguen las cifras anuales que son vinculantes en la próxima primavera ya que los bancos pueden “chutear” y esconder sus resultados en los balances trimestrales.
Los resultados: después de los fuegos artificiales que presentaron los datos del Índice conductor de los Estados Unidos, el Dow Jones, en los últimos días cayó espectacularmente. Las ayudas en contante de sonante y las bajadas de los intereses de los bancos centrales cayeron como una gota de agua en una piedra al rojo: se esfumaron en la nada.
En las bolsas mundiales el miedo y la desconfianza comenzaron a marcar el ánimo general. Un banquero de Frankfurt profetizó: “Estamos exactamente al comienzo de la segunda ola del tsunami”.
Y sus efectos deberían afectar a sectores mucho más allá de los bancos. El consorcio de seguros AIG de los EEUU anunció una caída de sus ganancias de un 27% en el tercer trimestre. A las “subprime inmobiliarias”, ahora se suman las “subprime” tarjetas de crédito y las “subprime” créditos automotrices con su amenazante riesgo. Si el cliente hipotecario no puede pagar el “dividendo”, tampoco podrá pagar el crédito de su tarjeta y menos la cuota del auto.
Con un precio del barril de petróleo en torno a los 100 dólares y depreciación rasante de la moneda de los Estados Unidos, la economía más grande del mundo está seriamente amenazada de una tormenta y con ella la economía mundial.
En una audiencia en el Congreso el jefe del Banco Central de EEUU (Reserva Federal), Ben Bernake enumeró el jueves pasado los efectos de la crisis: inflación alta; caída del consumo y cifras de crecimiento bajas. Su colega europeo el Jean Claude Trichet tocó la alarma a rebato el mismo día a causa de los “movimientos brutales” del Euro.
Exactamente en esta situación el problema de los bancos se amplía a una crisis de confianza que hace recordar la quiebra de los consorcios Enron y Wordlcom. Ya fue presentada la primera demanda judicial por parte de los inversores.
La contraloría de la Bolsa de Nueva York “huele” prácticas ilegales en la manipulación de los balances y el Fiscal General de Nueva York Andrew Como ya amplió el campo de la investigación en marcha.
En un contraste muy craso está la complejidad del negocio bancario actual con la simplicidad de los motivos que mueven a los actores principales: temeridad y codicia.
Ejemplar es Stan O`Neal: como jefe de Merril Lynch llevó a la empresa a negocios inmobiliarios cada vez más riesgosos. Las transacciones de corto plazo le significaron altos ingresos por las notificaciones por “éxito”. Que el modelo, en general, estaba asentado en arena movediza no debió preocuparle ya que al ser despedido se fue a casa con 162 millones de dólares en el bolsillo.
Para cumplir sus metas de ganancias, los jefes de los bancos y sus agentes postergaron siempre para el futuro el control de los riesgos de los negocios. ¿Que habría pasado si Boeing o el consorcio farmacéutico Johnson y Johnson hubiesen entregado productos con la misma tasa de fallas que los bancos?, preguntó el diario Wall Street Journal burlonamente y concluye: “en Wall Street está todo de cabeza”.
Mientras se acumulan los golpes en otros bancos de EEUU. Morgan Stanley, 3 mil 700 millones de pérdidas. Wachovia: mil cien millones y estas son las cifras de la semana pasada solamente.
Mientras en Wall Street los “brookers” temen que su bono de navidad se esfume, los computadores de la firma de Investigación de Mercado CrediSigths ronronean cargados de trabajo. Los pronósticos para el cuarto trimestre: 5 mil millones 100 para Goldman Sachs; 3 mil 900 para Lehman Brothers y 3 mil 200 para Bear Etearns cuyo jefe, James Cayne está en la lista de “caídos”. También en el banco inglés Barclays se anuncia la crisis.
El fiasco hace rato que llegó a Alemania. A pesar de las pérdidas el Deutsche Bank, el Commerz y el Hypo Real lograron anotar ganancias en el tercer trimestre. Pero ello no significa que la inseguridad haya desaparecido del mercado.
Recién en los balances anuales del cuarto trimestre “todos tienen que bajarse los pantalones” dijo un experto en Gerencia de Riesgos. “Es decir en el cuarto trimestre puede aparecer algo más”. Hasta ahora los alemanes no han valorado las pérdidas en forma tan radical como los otros o como el UBS de Suiza, pero ¿se trata sólo de una cuestión de valoración?.
Banqueros, controladores y Asociaciones financieras discuten agriamente acerca de la valoración de los productos crediticios complejos para los que no existen precios de mercado. Ni la Oficina de control de servicios financieros ni los Controladores de las Finanzas han entregado criterios confiables y seguros. El vacío invita a la cosmética.
Los bancos de los Estados Federales ya anuncian que declaran las “primes” compradas en “paquetes” como operaciones financieras de “largo Plazo” y de esa manera aparecen anotadas en el haber de los balances.
Maniobras conocidas.
La crisis viene y con seguridad y no será menor.
*Publicado el : |2007-11-17|
“EE UU PODRÍA ESTAR ENCAMINÁNDOSE A UNA RECESIÓN” POR EFECTO DE LA CRISIS SUBPRIME, ADVIERTE THE ECONOMIST
Nuestra estimación más reciente, asegura la prestigiosa revista The Economist, indica que Estados Unidos podría perfectamente estar encaminándose a una recesión.
Señales más oportunas, agrega, sostienen que la economía de ese país podría estancarse en este trimestre.
Además, proyectan que a principios del próximo año, la producción y los empleos podrían contraerse en ese país. La causa principal es el mercado inmobiliario en implosión, asegura The Economist.
Incluso añade que es probable que el gasto de los estadounidenses se vea afectado mucho más por una caída en los precios de las casas que lo que se vio en el 2001 debido al colapso bursátil.
Otra variable que juega en contra, dice la publicación, es el precio del petróleo, que va a agobiar aún más a las familias norteamericanas (a pesar de la baja en los precios del crudo de esta semana). “La confianza del consumidor ya ha tenido una abrupta caída. No va a pasar mucho tiempo antes de que el gasto de consumo sufra un tropezón, lo cual a su vez perjudicaría las ganancias e inversión de las empresas”, sostiene.
The Economist se pregunta: ¿Una recesión en Estados Unidos arrastrará al resto del mundo con ella? Y se responde: Las economías emergentes están en mejor forma que nunca, de modo que pueden aumentar el gasto para contrapesar las exportaciones más débiles en caso necesario.
Esto no significa, continúa la revista, que las economías emergentes vayan a crecer con la rapidez suficiente como para compensar una baja total en la producción de Estados Unidos. La mayoría de ellas se retrasará un poco el próximo año.
MAS DATOS
La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) realizó ayer el mayor aporte de recursos a la economía norteamericana desde el atentado terrorista a las Torres Gemelas en setiembre del 2001, inyectando US $ 47.250 millones por la crisis de los créditos hipotecarios.
Fuente: Diario El Correo (Lima)
www.correoperu.com.pe/paginas_nota.php?nota_id=59053&seccion_nota=12
BANCOS SIN PLATA
Aunque los expertos cuenten otra cosa, el sistema bancario reposa sobre un capital extremadamente reducido en el que los créditos hacen los depósitos (y no el contrario como pudiera creerse), y sobre un desprecio total del “riesgo”.
Hasta hace poco los bancos consideraban como normal que la tasa a la cual se prestaban mutuamente algún billete (mercado interbancario) fuese igual a la tasa con la que el Banco Central alimenta el mercado. De modo que en todos los modelos el costo de “refinanciamiento”, o costo de la liquidez, ¡era igual a cero! (luego lo comparas con las tasas usureras que te aplican en los créditos al consumo).
Tal vez por eso los bancos solían ser generosos prestando mucha más plata de la que nunca tuvieron ni tendrán, para luego practicar la “bursatilización”, nombre bárbaro que designa un enjuague no muy limpio: pasarle el “riesgo” a otros actores de los mercados financieros. ¿Cómo se hace? Simple: vendiendo en el mercado los créditos como si fuesen valores bursátiles.
Otros bancos pisan el palito esperando hacer pingües beneficios, o le venden los créditos a otros incautos, y hete ahí que luego se revela que los deudores no pueden pagar, que los créditos no valen un cuesco, ergo diarrea, krisis, “pérdida de confianza”.
El “riesgo” se materializa y al hacerlo evidencia que los expertos o bien no tenían una pájara idea, o bien eran unos estafadores, elige tu mismo, porque las pérdidas son abismales. En agosto se estimaban en U$ 100 mil millones, ahora se habla de U$ 400 mil millones, y hay quién multiplica esa cifra por tres o cuatro asegurando que lo peor está por venir.
De golpe, el mercado interbancario se bloquea, nadie le presta plata a nadie, de una tasa igual a cero se pasa a una que está medio punto por encima de las tasas del BCE o de la FED, ¡Trágate esa!
Amén de los fondos que le confiaste a tu AFP, las víctimas de la insolvencia de los deudores -y de su propia avidez-, son los llamados “bancos de primera línea”, la crema de la crema: Merrill Lynch, Bear Stearns, Morgan Stanley, Citi Group, Wachovia, UBS, Barclays, etc, etc.
La revista estadounidense “Fortune” piensa en los patriotas que dirigen esos imperios financieros y se pregunta en primera página: “What were they smoking?”, “¿qué diablos fumaron?”
Porque son los más brillantes ejecutivos que el dinero pueda comprar, ¡Y vaya si cuestan caro! Para despedir a Stan O’Neal, Merrill Lynch tuvo que pagarle U$ 162 millones de indemnizaciones, el equivalente de más de cuarenta y seis mil años de salario mínimo chilensis.
Si tú mismo fueses director de uno de esos bancos te harías la pregunta evidente: “¿Qué hacemos con los créditos impagos que no sea ponerlos en el retrete? Porque para eso no sirven, suelen ser un pelín demasiado rígidos...
No te inquietes, la solución es simple: vendérselos a los bancos centrales que, otras cosas no pero inflar pelotas rotas y salvar bancos quebrados es su especialidad visto que lo hacen con plata del personal. Si no sabías porqué son “independientes” ahora lo sabes.
En fin, que en eso están el Departamento del Tesoro y la FED: imprimiendo billetes, restableciendo la liquidez y la circulación del crédito, comprando los papelitos de mierda a precio de oro, bajando las tasas de interés, adquiriendo a su precio nominal activos financieros que no valen un pífero, y extendiendo con ello la pérdida de confianza: la voracidad de los mercados es así, como la erección priápica, imposible de satisfacer.
Dicho sea de paso, si te cuentan que la baja del dólar se debe a la fortaleza de la economía chilena, cuando te termines de cagar de la risa piensa en Ben Bernanke, el director de la FED, ¡Pobre!, la herencia que le dejó Alan Greenspan es como la que Lagos le dejó a Michelle.





