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Economía con Máximo Kinast

EL CONSENSO DE WASHINGTON AL ALCANCE DE CUALQUIERA

LA IDEOLOGÍA DE LOS AMOS: EL CONSENSO DE WASHINGTON

Fuente: http://www.lacoctelera.com/elpaskin

En El Paskin, un diario serio, pero bueno para el webeo, nos dábamos cuenta de que cuando se hablaba del Consenso de Washington aparte de unos dos o tres lugares comunes, los burócratas que empleaban el término con aires doctorales, no sabían decir nada más.

Preocupados por mejorar la calidad académica del debate al respecto, en El Paskin nos propusimos realizar una investigación acerca del tema. Para ello, le solicitamos a un amigo nuestro que nos preparara un “paper”, como dicen ahora los siúticos en donde con claridad se diera cuenta del tema. En el fondo, en buen chileno, le pedimos que fuera algo así como “El Consenso de Washington al Alcance de Cualquier Idiota”.

El resultado del trabajo de nuestro amigo es el siguiente:

“Guy Debord escribió: “Por primera vez los mismos son los amos de todo lo que se hace y se dice”.

Los amos reinan en el universo tanto por sus enunciados ideológicos como por la coacción económica o la dominación militar que ejercen. La figura ideológica que guía su práctica tiene un nombre anodino, “Consenso de Washington”.

Se trata de un conjunto de acuerdos informales, de gentleman agreements, concluidos a lo largo de las décadas de 1980 y 1990 entre las principales compañías transcontinentales, bancos de Wall Street, la Reserva Federal estadounidense y organismos financieros internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, entre otras.

En 1989, John Williamson, economista director y vicepresidente del Banco Mundial, formalizaría el “consenso”. Sus principios fundacionales son aplicables a cualquier período de la historia, a cualquier economía, en cualquier continente. Apuntan a obtener, con la mayor premura posible, la liquidación de toda instancia reguladora, estatal o de otra índole, la liberalización más completa y más rápida posible de todos los mercados (de bienes, de capitales, de servicios, de patentes, etc.) y de la instauración final de una statless global governance, de un mercado mundial unificado y completamente autorregulado.

El Consenso de Washington apunta a la privatización del mundo. Estos son los principios en los que descansa:

1.-En cada país deudor, es preciso poner en marcha una reforma fiscal basada en dos criterios: a) disminución de la carga tributaria que grava las rentas más altas, con el objetivo último de incentivar a los ricos para que efectúen inversiones productivas, y, b) ampliar la base de los contribuyentes; dicho de forma más clara, la supresión de las exenciones fiscales que benefician a los más pobres para incrementar el volumen del impuesto.

2.-Liberalización, tan rápida y completa, como sea posible de los mercados financieros.

3.-Garantizar la igualdad en el trato dispensado a las inversiones autóctonas y a las extranjeras con la finalidad de aumentar la seguridad y así, el volumen de las inversiones extranjeras.

4.-Desmantelamiento, tanto como sea posible hacerlo, del sector público, privatizando de forma especial todas las empresas cuyo propietario sea el estado o una entidad paraestatal.

5.-Desregulación máxima de la economía del país para garantizar el libre juego de la competencia entre las diferentes fuerzas económicas presentes.

6.-Intensificar la protección de la propiedad privada.

7.-Fomento de la liberalización de los intercambios a un ritmo lo más sostenido posible teniendo como objetivo mínimo la reducción en un 10% anual de los aranceles aduaneros.

8.-Dado que el libre comercio progresa por medio de las exportaciones, es preciso, como prioridad, favorecer el desarrollo de aquellos sectores económicos que son capaces de exportar bienes.

9.-Limitación del déficit presupuestario.

10.-Creación de la transparencia del mercado: los subsidios estatales a los operadores privados deben ser eliminados en todas partes. Los estados del Tercer Mundo que subvencionan, con la finalidad de mantenerlos en un nivel bajo, los precios de los alimentos, deben renunciar a esta política. En lo que respecta a los gastos del estado, los destinados a reforzar las infraestructuras deben tener prioridad sobre el resto.”

Hasta aquí el resumen que elaboró nuestro dilecto e intelectual amigo a quien le damos las gracias.

En El Paskin, quedamos pensativos, pereciera que todo lo que respecta a los 10 puntos tiene mucho que ver con nuestra realidad y con los males que nos aquejan ya que intuitivamente nos parece que la receta que se aplica desde Washington es buena solo para algunos pocos.

De casualidad, pudimos tener entre nuestras manos la revista británica The Economist, cómo les quedó el ojo; esta revista no es precisamente un semillero de revolucionarios y, no obstante, el comentario que hizo del Consenso de Washington, rebosa ironía: “Anti-globalist see the Washington Consensus as a conspiracy to enrichn bankers. They are not entirely wrong”. (“Los antiglobalizadores consideran al Consenso de Washington como una conspiración destinada a enriquecer a los banqueros. De hecho no andan del todo desencaminados”).

Y usted, estimado lector de El Paskin, el diario culto y erudito, ¿qué dice al respecto?

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