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Economía con Máximo Kinast

CAMBIO DE GUARDA

Escribe Luis Casado – 12/12/2010

 

Todavía me da la risa tonta cuando recuerdo a Bachelet afirmando que la crisis había quedado atrás, o a  Velasco asegurando “Aquí no hay ni habrá ninguna crisis”. En el mejor de los casos no se enteraban, lo que ya es grave a ese nivel de incompetencia. En el peor mentían, lo que no era mucho mejor. Y les faltaba inteligencia y lucidez para darse cuenta de lo que estaba ocurriendo.

 

Los pánicos, las crisis, las depresiones, las recesiones, los movimientos deslizantes y las oscilaciones de reajuste que le cedieron el paso a las turbulencias, a los desequilibrios monetarios y a la volatilidad de los mercados, -para no hablar de la falta de liderazgo o de competitividad-, ocultan muy mal el fenómeno de fondo, la gigantesca mutación que se materializa en la progresiva dominación china sobre la economía planetaria.

 

Los imperios se suceden. Al final de la Segunda Guerra Mundial los EEUU tomaron el relevo de Inglaterra, se apoderaron de la moneda de reserva mundial, y se transformaron en el acreedor de todas las potencias menores, sin excepción. Cincuenta y cinco años más tarde, su pírrica victoria en la Guerra Fría les ofreció un mundo unipolar en el que dominaban política, militar, económica, financiera e incluso moralmente. A inicios de los años 90 Hubert Védrine pudo inventar el término “hiperpotencia” para designar al único gigante que quedó en pie. Aquello apenas duró una década.

 

Emmanuel Todd debe haber gozado escribiendo su libro “Después del Imperio” y uno hubiese podido disfrutarlo si no fuese porque poco más tarde escribió, -con razón-, su obra “Después de la Democracia”. En el ámbito económico los “Treinta gloriosos” le entregaron el relevo a los “Treinta desastrosos”, estos años en los que los pánicos, las turbulencias o las crisis (según quieras llamarlas) se sucedieron con una regularidad de metrónomo gracias al triunfo del neoliberalismo. En un tiempo extremadamente reducido a la escala histórica vimos resurgir a Rusia, levantarse a la India, ponerse de pie a Brasil, imponerse a China. ¿Cuál de esos países le debe su estatura actual a una economía de mercado autorregulado?

 

Al regresar a Europa de mi primer viaje a los EEUU, allá por la mitad de los 80, mis colegas me preguntaron mi opinión. “Un país en vías de subdesarrollo” dije, sin imaginar que mi humorada iba a revelarse más certera que lo que hubiese podido imaginar. Hoy por hoy los EEUU le deben a todo el mundo y mantienen sólidos déficits comerciales hasta con Irlanda, país quebrado, con Venezuela, país odiado, e incluso con Nigeria, del cual no saben ni siquiera donde se encuentra. 

 

Visto que vivir de prestado no basta, la FED ameniza la emisión monetaria sin respaldo que ahora llaman Quantitative Easing. Ben Bernanke realiza su sueño de niño: lanzar dólares desde un helicóptero. Las manipulaciones monetarias estadounidenses tuvieron solo una respuesta brutalmente eficaz: la política monetaria china. Japón continua entrampado en su segunda década perdida mientras Europa, -siempre en retraso de una guerra-, persevera en el euro como moneda única (que se impuso contra la más razonable moneda común) y sigue aplicando las recetas thatcherianas que tanto “bien” le han hecho a Inglaterra.

 

De modo que en la arena mundial solo quedan dos superpotencias: China y los mercados financieros. Pero estos últimos han dejado tras de ellos solo ruina y desolación y nadie, -ni la SIFB, ni la SEC, ni la AMF, ni el BM, ni el FMI-, nadie, lo que se llama nadie, tiene una peregrina idea de la masa de activos tóxicos que los bancos y otras instituciones financieras aun guardan en sus balances. La emisión sin respaldo de la FED les sirve para especular con la deuda soberana europea, en una fuga hacia adelante.

 

Por eso Grecia recurrió a las pletóricas arcas chinas: el 2 de octubre Yorgos Papandreu firmó 13 acuerdos con su homólogo Wen Jiabao en Atenas, incluyendo algunos créditos que le dan un respiro. Era la primera vez en un cuarto de siglo que un Premier chino visitaba Grecia. Ahora es el turno de Portugal, cuyo gobierno negocia con China la compra de su deuda soberana, posibilidad que había quedado abierta cuando la visita a Lisboa del presidente chino Hu Jintao en noviembre. Fernando Teixeira dos Santos, ministro portugués de Finanzas, está en Beijing para reunirse con su homólogo Xie Xuren y con el gobernador del Banco Central Zhou Xiaochuan.

 

China es el país con la mayor reserva de divisas extranjeras del mundo, reservas que alcanzan la coqueta cifra de 2,65 billones de dólares. Al comprar Bonos del Tesoro de los EEUU China financia al imperio decadente, y adquiere al mismo tiempo una cierta capacidad de nuisance. Comprando la deuda soberana europea Beijing pone algo más que un pie en el viejo continente. Si China aun no desplaza totalmente a los EEUU del trono imperial, ya juega el papel de Tía Rica planetaria y prepara activamente el cambio de guardia.

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