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Economía con Máximo Kinast

TOP MODELS EN EL FMI

Escribe Luis Casado

Cada día el Fondo Monetario Internacional (FMI) anuncia sus previsiones de crecimiento y le distribuye buenas o malas notas a quienes siguen sus valiosos consejos. Este profesor Ciruela vive escudriñando el futuro, pero da mala espina que nunca vea venir nada: la crisis de los créditos basura pilló al FMI con los calzones abajo. Ahora  descubre con pavor que los cálculos con los que le impuso la austeridad a Europa… ¡estaban errados!

El 3 de enero, Olivier Blanchard, economista jefe del FMI, publicó una nota en la que confiesa que los planes de austeridad estaban “mal calibrados”. El FMI recetó una fuerte y brusca reducción de la inversión y el gasto públicos, estimando –erradamente – que la incidencia en el crecimiento no sería significativa: la reducción de un punto de dé-ficit público provocaría una reducción de medio punto en el crecimiento.

La realidad ha sido muy distinta, y los “mal calibrados” planes del FMI han costado millones de puestos de trabajo y sacrificios insoportables para los pueblos europeos. “Simple error de cálculo”, se justifica el FMI, ¡pero sus cálculos estaban errados en una proporción superior al 300%! Lo que no le impide seguir dando cátedra y controlar gobiernos que uno suponía soberanos.

El semanario francés Marianne da cuenta de la increíble metedura de pata en un artículo del 18 de enero:  “En su ‘Panorama de la economía mundial’ publicado en octubre pasado, el FMI reconoció, en una página detectada sólo por los especialistas, que los multiplicadores actuales podían estar comprendidos ‘entre 0,9 y 1,7’.

Las consecuencias son abisales: obligando a los gobiernos de Europa del sur a reducir drásticamente los salarios de los funcionarios y las pensiones de los jubilados, el FMI hundió la demanda interna dos o tres veces más rápido de lo previsto”.

Coincidencia o mala leche, ese mismo día Kenneth Rogoff, ex economista jefe del FMI y profesor de economía y de ciencia política en la Universidad de Harvard, publicó un artículo titulado: “Reducir el gasto público, un desafío para todos los Estados”. Allí Rogoff afirma que “Hay que mejorar la performance de la administración mediante la innovación y la competición con el sector privado”. Los ejemplos que cita dan la medida del cretinismo que se ha apoderado de estos “expertos”:  “Cualquier industria intensiva en servicios enfrenta los mismos desafíos. En los años 1960, los economistas  William Baumol y William Bowen escribieron sobre la “enfermedad de los costos” que asola esas industrias.

El ejemplo célebre que utilizaron era el de un quatuor de cuerdas de Mozart, que necesita tantos músicos e instrumentos en los tiempos modernos como en el siglo XIX. Como le hace falta aproximadamente la misma cantidad de tiempo que hace cien años a un profesor actual para evaluar una disertación. Un buen plomero cuesta una pequeña fortuna porque allí también la tecnología ha evolucionado muy lentamente (sic)”.

Según Rogoff la música y la educación forman parte de la industria al mismo título que la plomería, y la competencia del sector público con el sector privado hará que un quatuor de Mozart pueda ser ejecutado por un solo músico dotado de un solo instrumento, que un profesor lea simultáneamente diez o más disertaciones, y que el plomero desaparezca definitivamente junto a las instalaciones sanitarias que cuestan una “pequeña fortuna”.

De ahí a lograr que una madre pueda dar a luz al cabo de tres meses en vez de nueve… Sería una hazaña que alegraría infinitamente a Gary Becker, premio Nobel de economía 1992, que sostiene que el amor, los matrimonios y la procreación, dependen de un cálculo económico.

Henos precisamente ahí, en el cálculo económico. El FMI ha probado que los suyos no se caracterizan por una precisión milimétrica, aún cuando utiliza modelos macroeconómicos cuya elaboración ocupa un ejército de expertos dedicados a la econometría.

Tales herramientas, conocidas como “modelos dinámicos estocásticos del equilibrio general”, suelen ser las mismas o tener las mismas características en el FMI, el Banco Mundial, la OCDE y los bancos centrales. Si Ud., estimado lector, no ha comprendido nada, no se inquiete: todo hace pensar que los tipos del FMI tampoco: la única diferencia es que a ellos les pagan. 

Cualquier hijo de vecino que terminó la enseñanza secundaria sabe que un proceso estocástico es un concepto matemático que sirve para calcular una sucesión de variables aleatorias (estocásticas) que evolucionan en función de otra variable.

Si nuestro colegial asistió a sus clases de matemáticas, conoce la noción de ‘función’ que designa la correlación que hay entre dos variables, una de las cuales depende de la otra.

En el caso de un vehículo que se mueve a una velocidad determinada ‘v’, es posible determinar la variable distancia ‘d’ en función del tiempo ‘t’. Otro ejemplo conocido, en física, es la función que reúne las variables P, V y T, o sea la presión, el volumen y la temperatura de un gas. Hasta ahí no hace falta ni siquiera haber pasado la PSU. 

Gracias a la Estadística, nuestro colegial conoce nociones como la media aritmética, la mediana, los cuartiles, deciles y quintiles, las distribuciones y varianzas, que son las herramientas con las que los economistas nos cuentan lo que surge de su fértil imaginación y su desmedida ignorancia.

El estudio de Probabilidades divierte a quién  calcula las veces que una moneda cae en cara o en sello al cabo de un cierto número

de ensayos, o la probabilidad de ver aparecer “el chancho seis” con los dados. Mis hijos, que cursaron la secundaria en Francia, estudiaron el cálculo diferencial e integral, con un poquillo de ecuaciones diferenciales. Simplificando un pelín, este es el nivel y estas son las herramientas que permiten construir los “modelos dinámicos estocásticos” que el FMI le aplica al “equilibrio general de la economía”.

De esta última noción debo señalar que, sin corresponder a nada que sea demostrable, le sirve de zócalo a toda la teoría económica que enseñan en la universidades, como si en pleno siglo XXI fuese posible enseñar que la Tierra es el centro del universo.

Un modelo matemático describe teóricamente un sistema que existe fuera del campo de las matemáticas. Las previsiones del tiempo están basadas en tales modelos. El grado de exactitud depende de la precisión con la que se construye la representación numérica, y de la fidelidad con la que se expresan hechos y situaciones naturales en forma de variables relacionadas entre sí. En otras palabras, se construyen algoritmos (fórmulas matemáticas) para calcular la evolución de ciertas variables en función de otras variables.

El modelo debe reflejar adecuadamente la realidad, usar variables pertinentes y definir las correlaciones entre ellas. Un mal ejemplo es el ya comentado más arriba: el FMI subestimó el efecto que provoca la reducción de la variable “gasto e inversión públicas” en la evolución de la variable “crecimiento”. Para construir los modelos en vigor los “expertos” olvidaron mirar el mundo real que pusieron en ecuaciones. Esos modelos contienen un reducido número de agentes económicos representativos como los hogares, las empresas no financieras y el gobierno. 

Los bancos no figuran, en razón de una visión macroeconómica dogmática. Para el FMI, los bancos como empresas que buscan obtener el mayor lucro posible (y de paso hunden la economía planetaria) no existen.

Otro detallito no menor, los modelos describen una economía estable (en “equilibrio general”) que sólo puede ser perturbada desde el “exterior”.

En tales economías virtuales, en las cuales la “comunidad financiera” no figura, todo ocurre apaciblemente: no hay “apalancamientos” excesivos ni créditos basura, no hay  burbujas inmobiliarias o bursátiles, las crisis no existen.

Si se tratase de un modelo destinado a apostar en las carreras de caballos, o de inventar una martingala (Merton y Scholes, premios Nobel de economía, lo intentaron), mientras las apuestas permanezcan en el estrecho círculo de quienes arriesgan su propio dinero las consecuencias son despreciables.

Pero los cálculos del FMI sirvieron para imponerle políticas públicas a una región que alberga más de 500 millones de habitantes y constituye la primera economía mundial, provocando una recesión que agrava los efectos de las recesiones precedentes. Gracias a la globalización, esta enésima recesión afecta al mundo entero agregando incertidumbre en la falta de visibilidad.

Los “expertos” del FMI no sólo han mostrado ser incompetentes en matemáticas, sino que buscan aplicarlas allí donde no tienen ninguna pertinencia. Irresponsablemente, el FMI utiliza herramientas matemáticas para calcular lo incalculable: el comportamiento humano.

A partir de modelos definidos por aprendices de brujo que introducen en las variables elegidas, y en sus correlaciones, sus propias opiniones, certidumbres, dudas y debilidades.

El modelo es necesariamente subjetivo. John Maynard Keynes, fundador del FMI, gran matemático y probablemente el más grande economista del siglo XX, escribió una tesis sobre el tema (1906-1909) y demostró que la vida no es reductible a un cálculo probabilístico.

Por eso, dijo, “De mañana no sabemos nada, y en el medio plazo estaremos todos muertos”. Tal parece que el FMI aún no se entera. La revista financiera The Economist sí lo sabe, y en su edición del 19 de enero declara:  “La crisis mostró que los modelos macroeconómicos que usan los bancos centrales y otros organismos no representan adecuadamente el sistema financiero, ni admiten las bonanzas y crisis que se observan en el mundo real. Los académicos están intentando reparar esos errores”. 

Mientras tanto perdone la muerte del niño y… ¡buena suerte! 

POLITIKA Año IIII - Edición Digital Nº 44 (01.02.2013)

En las presidenciales 2013 Politika estará en primera línea

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