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LA TRAGEDIA QUE AMENAZA A NUESTRA ESPECIE


ALTERCOM  comunicación para la libertad

Toda idea siniestra debe ser sometida a críticas demoledoras sin concesión alguna.

LA TRAGEDIA QUE AMENAZA A NUESTRA ESPECIE

Altercom*
Fidel Castro Ruz*

8 de mayo de 2007

 

No puedo hablar como economista o como científico. Lo hago simplemente como político que desea desentrañar los argumentos de los economistas y los científicos en un sentido u otro. También trato de intuir las motivaciones de cada uno de los que se pronuncian sobre estos temas. Hace solo veintidós años sostuvimos en Ciudad de La Habana gran número de reuniones con líderes políticos, sindicales, campesinos, estudiantiles, invitados a nuestro país como representantes de los sectores mencionados. A juicio de todos, el problema más importante en aquel momento era la enorme deuda externa acumulada por los países de América Latina en 1985. Esa deuda ascendía a 350 000 millones de dólares. Entonces los dólares tenían un poder adquisitivo muy superior al dólar de hoy.

De los resultados de aquellas reuniones enviamos copia a todos los gobiernos del mundo, con algunas excepciones como es lógico, porque habrían parecido insultantes. En aquel periodo los petrodólares habían inundado el mercado y las grandes transnacionales bancarias prácticamente exigían a los países la aceptación de elevados préstamos. De más está decir que los responsables de la economía aceptaron tales compromisos sin consultar con nadie. Esa época coincidió con la presencia de los gobiernos más represivos y sangrientos que ha sufrido el continente, impuestos por el imperialismo. No pocas sumas se gastaron en armas, lujos y bienes de consumo. El endeudamiento posterior creció hasta 800 000 millones de dólares mientras se engendraban los catastróficos peligros actuales, que pesan sobre una población que en apenas dos décadas y media se ha duplicado y con ella el número de los condenados a vivir en extrema pobreza. En la región de América Latina la diferencia entre los sectores de la población más favorecida y los de menos ingresos es hoy la mayor del mundo.

Mucho antes que lo que ahora se debate, las luchas del Tercer Mundo se centraban en problemas igualmente angustiosos como el intercambio desigual. Año tras año se fue descubriendo que las exportaciones de los países industrializados, elaboradas generalmente con nuestras materias primas, se elevaban unilateralmente de precio mientras el de nuestras exportaciones básicas se mantenía inalterable. El café y el cacao —para citar dos ejemplos— alcanzaban aproximadamente 2 000 dólares por tonelada. Una taza de café, un batido de chocolate, se podían consumir en ciudades como Nueva York por unos centavos; hoy se cobra por ellos varios dólares, quizás 30 o 40 veces lo que costaba entonces. Un tractor, un camión, un equipo médico, requieren hoy para su adquisición varias veces el volumen de productos que se necesitaba entonces para importarlos; parecida suerte corrían el yute, el henequén y otras fibras producidas en el Tercer Mundo y sustituidas por las de carácter sintético. Mientras, los cueros curtidos, el caucho y las fibras naturales que se usaban en muchos tejidos eran sustituidos por material sintético de sofisticadas industrias petroquímicas. Los precios del azúcar rodaban por el suelo, aplastados por los grandes subsidios de los países industrializados a su agricultura.

Las antiguas colonias o neocolonias, a quienes se les prometió un porvenir maravilloso después de la Segunda Guerra Mundial, no despertaban todavía de las ilusiones de Bretton Woods. El sistema estaba diseñado de pies a cabeza para la explotación y el saqueo.

Al inicio de esta toma de conciencia no habían aparecido todavía otros factores sumamente adversos, como el insospechado derroche de energía en que caerían los países industrializados. Estos pagaban el petróleo a menos de dos dólares el barril. La fuente de combustible, con excepción de Estados Unidos donde era muy abundante, estaba fundamentalmente en países del Tercer Mundo, principalmente en el Oriente Medio, además de México, Venezuela y ulteriormente en África. Pero no todos los países calificados en virtud de otra mentira piadosa como "países en desarrollo" eran petroleros, 82 de ellos son los más pobres y como norma necesitan importar petróleo. Les espera por tanto una situación terrible si los alimentos se transforman en biocombustibles, o agrocombustibles como prefieren llamarlos los movimientos campesinos e indígenas de nuestra región.

La idea del calentamiento global como terrible espada de Damocles que pende sobre la vida de la especie, hace apenas 30 años ni siquiera era conocida por la inmensa mayoría de los habitantes del planeta; aún hoy existe gran ignorancia y confusión sobre estos temas. Si se escucha a los voceros de las transnacionales y su aparato de divulgación, vivimos en el mejor de los mundos: una economía regida por el mercado, más capital transnacional, más tecnología sofisticada, igual a crecimiento constante de la productividad, del PIB, del nivel de vida y todos los sueños del mundo para la especie humana; el Estado no debe interponerse en nada, no debiera incluso existir, excepto como instrumento del gran capital financiero.

Pero las realidades son tercas. Uno de los países más industrializados del mundo, Alemania, pierde el sueño ante el hecho de que un 10 por ciento de la población está desempleada. Los trabajos más duros y menos atractivos son desempeñados por los inmigrantes que, desesperados en su creciente pobreza, penetran en la Europa industrializada por todos los agujeros posibles. Nadie saca al parecer la cuenta del número de habitantes del planeta, que crece precisamente en los países no desarrollados.

Más de 700 representantes de organizaciones sociales se acaban de reunir en La Habana para discutir sobre varios de los temas que en esta reflexión se abordan. Muchos de ellos expusieron sus puntos de vista y dejaron entre no-sotros imborrables impresiones. Hay material abundante sobre el cual reflexionar, además de los nuevos sucesos que ocurren cada día.

Ahora mismo, como consecuencia de la puesta en libertad de un monstruo del terror, dos personas jóvenes que cumplían un deber legal en el Servicio Militar Activo, aspirando a disfrutar del consumismo en Estados Unidos, asaltaron un ómnibus, forzaron con su impacto una de las puertas de entrada de la terminal de vuelos nacionales del aeropuerto, llegaron hasta un avión civil y penetraron en él con los rehenes, exigiendo el traslado al territorio norteamericano. Días antes habían asesinado a un soldado que estaba de posta, para robar dos fusiles automáticos, y en el propio avión privaron de la vida con cuatro disparos a un valiente oficial que, desarmado y capturado como rehén en el ómnibus, intentó evitar el secuestro de la nave aérea. La impunidad y los beneficios materiales con que se premia desde hace casi medio siglo toda acción violenta contra Cuba, estimula tales hechos. Hacía muchos meses no ocurría nada parecido. Bastó la insólita liberación del conocido terrorista, y de nuevo la muerte visitó nuestros hogares. Los autores no han sido juzgados todavía, porque en el transcurso de los hechos ambos resultaron heridos, uno de ellos por los disparos que hizo el otro dentro del avión, mientras luchaban contra el heroico oficial de las fuerzas armadas. Ahora muchas personas en el exterior esperan la reacción de los Tribunales y el Consejo de Estado ante un pueblo profundamente indignado con los acontecimientos. Hace falta una gran dosis de serenidad y sangre fría para enfrentar tales problemas.

El apocalíptico jefe del imperio declaró hace más de cinco años que las fuerzas de Estados Unidos debían estar listas para atacar preventiva y sorpresivamente 60 o más países del mundo. Nada menos que un tercio de la comunidad internacional. No le bastan, al parecer, la muerte, las torturas y el destierro de millones de personas para apoderarse de los recursos naturales y los frutos del sudor de otros pueblos.

Mientras tanto el impresionante encuentro internacional que acaba de tener lugar en La Habana reafirmó en mí una convicción personal: toda idea siniestra debe ser sometida a críticas demoledoras sin concesión alguna.

Altercom
Agencia de Prensa de Ecuador. Comunicación para la Libertad.
Fidel Castro Ruz
Presidente de Cuba. Comandante en Jefe de la Revolución.

 

 

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09/05/2007 15:48 Autor: economiaconmaximo. Enlace permanente. Tema: La Crisis Neoliberal No hay comentarios. Comentar.

PODERES OCULTOS EN EE.UU.


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Altercom*
Juan Gelman*

13 de mayo de 2007

 

No se crea que pocos son los elegidos que tienen poderes ocultos. No en EE.UU. por lo menos. En el 2006 eran 67.000 los integrantes de 900 comités, subcomités, comisiones, juntas y/o paneles que asesoran al Departamento de Agricultura, al Pentágono, al Departamento de Energía y a otros ministerios y organismos federales sobre las materias más diversas, desde las violaciones en el seno de las fuerzas armadas hasta el transporte, la producción y el almacenamiento de petróleo y gas natural. Sus nombres difícilmente aparecen en los medios y constituyen un poder invisible. Manipulan políticas de Estado y no pocas veces en favor de intereses igualmente diversos. Los cabilderos del Congreso o del Poder Ejecutivo son conocidos. Ellos, casi no.

La existencia de estos organismos es perfectamente legal: la Ley de comités asesores federales (FACA, por sus siglas en inglés) fue aprobada en 1972. Sólo que se aplica de manera particular: pareciera que la elección de quienes los componen tiene que ver más con sus lealtades políticas y económicas que con su experiencia en las materias que les toca examinar. Así lo piensa el representante demócrata Brian Bird: “Sucede –dijo– que se distorsiona deliberadamente la selección de algunos panelistas, se designa a los de ciertas ideologías y se rechaza a los de otras ideologías. Viene intencionalmente contaminada la información que recibimos”. No se trata apenas de ideologías, por supuesto.

El inspector general del Departamento de Educación identificó en un panel de 25 miembros a seis que tenían “conexiones profesionales significativas con un método pedagógico que exige el empleo de un programa de lectura determinado”, lo que entrañaría el envío privilegiado de fondos a los estados donde se aplica dicho método (The Center for Public Integrity, 29-3-07). Los abogados de Earthjustice –organismo no gubernamental que defiende la aplicación de las leyes ambientales– incoaron un proceso al representante comercial de EE.UU. (USTR, por sus siglas en inglés), instancia que defiende encarnizadamente las bondades del libre comercio: presentaron pruebas de que seis de sus comités asesores están dominados por intereses empresariales. Estos comités evalúan los daños que nuevos productos químicos y farmacéuticos pueden causar a la población. Porque, se sabe, lo principal es la salud. De las corporaciones.

El Dr. Henry Anderson y el especialista Richard Espinosa fueron cesados en el 2005 en sus cargos de la junta asesora que, entre otras cosas, administra programas de indemnización a los trabajadores de la industria nuclear. Hay indicios de que el Departamento de Trabajo consideró que se inclinaban demasiado en favor de los damnificados por radiaciones nucleares. En octubre del 2005, poco después de comunicarles la medida, Shelby Hallmark –director de la oficina de programas de compensación dependiente de ese departamento– elevó un memorándum en el que señalaba que la junta a la que pertenecían los dos científicos recurría a criterios “confusos” para recomendar que un número de trabajadores obtuviera una indemnización y otros beneficios médicos. Hallmark explicaba que había expirado el mandato de dos miembros y que reemplazarlos “mejoraría de manera importante el equilibrio de la junta” (www.judiciary.house.gov, 15-11-06). Así fue. El Departamento de Trabajo rechazó hasta febrero del 2007 unos 56.000 reclamos de los 90.000 que presentaron las víctimas de cáncer y otras enfermedades provocadas por la exposición al plutonio y al uranio. Es decir, desahució a más del 62 por ciento de los afectados por la industria nuclear.

Los paneles y comités asesores suelen reunirse a puerta cerrada y sellar las actas de las sesiones. A veces se disfrazan de grupos de trabajo no contemplados por la ley y que no la contemplan. El tribunal de apelaciones del circuito de Washington consideró que no están sujetos a la reglamentación de FACA y la Suprema Corte de Justicia falló que tampoco lo estaba el grupo que el vicepresidente Dick Cheney convocó para diseñar las políticas energéticas del gobierno antes de la invasión a Irak. El detalle es que la mayoría de estos «asesores» tenía intereses declarados en las industrias del ramo, pero Dick no es detallista. Ni el único en la práctica: nueve de los treinta miembros de la Junta de Política de Defensa del Pentágono están vinculados a empresas que ganaron contratos por 76.000 millones de dólares sólo en el período 2001/02 y de manera perfectamente inadvertible.

Antes los poderes ocultos permitían la levitación, la telequinesis, la magia verdadera y otras maravillas. Hoy, en EE.UU., esos poderes se reducen a uno solo: el de hacer dinero. Mucho.

Altercom
Agencia de Prensa de Ecuador. Comunicación para la Libertad.
Juan Gelman
(n. 1930) Poeta y escritor argentino. Desde 1976 reside en México, donde llego exilado por la dictadura militar facista que le arrancó su hijo y su nuera embarazada. Entre su vasta obra se destacan sus libros: Los poemas de Sidney West (1969), Fábulas (1971), Hechos y relaciones (1980), Citas y comentarios (1982), La junta luz (1985), Composiciones (1986), Interrupciones I y II (1988) y Salarios del impío (1993).

 

 

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13/05/2007 12:57 Autor: economiaconmaximo. Enlace permanente. Tema: Modus Operandi No hay comentarios. Comentar.

COMENTARIOS AL DOCUMENTAL SOBRE EL CORTE MANUAL DE CAÑA EN BRASIL


ALTERCOM  comunicación para la libertad

Me conducen a los recuerdos de los primeros años de mi vida, una edad en que los seres humanos suelen ser sumamente activos.

LO QUE APRENDIMOS DEL VI ENCUENTRO HEMISFERICO DE LA HABANA

Altercom*
Fidel Castro Ruz*

16 de mayo de 2007

 

María Luisa Mendonça trajo al Encuentro de La Habana el impactante documental sobre el corte manual de caña en Brasil.

En una síntesis que elaboré, como en la reflexión anterior, con párrafos y frases del original, la esencia de lo que María Luisa expresó fue lo siguiente:

Sabemos que la mayoría de las guerras en las últimas décadas tienen como el factor central el control de fuentes de energía. El consumo de energía es garantizado a sectores privilegiados, tanto en los países centrales como en países periféricos, mientras la mayoría de la población mundial no tiene acceso a los servicios básicos. El consumo per cápita de energía en Estados Unidos es de 13 000 kilowatts, mientras el promedio mundial es de 2 429 y en América Latina el promedio es de 1 601.

El monopolio privado de fuentes de energía es garantizado por cláusulas en Acuerdos de Libre Comercio bilaterales o multilaterales.

El papel de los países periféricos es producir energía barata para los países ricos centrales, lo que representa una nueva fase de la colonización.

Es necesario desmitificar la propaganda sobre los supuestos beneficios de los agrocombustibles. En el caso del etanol, el cultivo y procesamiento de la caña de azúcar contamina los suelos y las fuentes de agua potable, porque utiliza una gran cantidad de productos químicos.

El proceso de destilación del etanol produce un residuo que se llama vinaza. Por cada litro de etanol producido, son generados de 10 a 13 litros de vinaza. Una parte de este residuo puede ser utilizado como fertilizante, pero la mayor parte contamina ríos y fuentes de aguas subterráneas. Si Brasil produce 17 000 ó 18 000 millones de litros de etanol por año, eso significa que por lo menos 170 000 millones de litros de vinaza se depositan en las regiones de los cañaverales. Imaginen el impacto en el medio ambiente.

La quema de la caña de azúcar, que sirve para facilitar la cosecha, destruye gran parte de los microorganismos del suelo, contamina el aire y causa muchas enfermedades respiratorias.

El Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil decreta casi todos los años en São Paulo —que representa el 60% de la producción de etanol en Brasil— una situación de emergencia, porque las quemas han llevado la humedad del aire a niveles extremadamente bajos, entre 13% y 15%. es imposible respirar en ese período en la región de São Paulo donde se cosecha la caña.

La expansión de la producción de agroenergía, como sabemos, es de gran interés para empresas de organismos genéticamente modificados o transgénicos, como Monsanto, Syngenta, Dupont, Bass y Bayer. En el caso de Brasil, la empresa Votorantim ha desarrollado tecnologías para la producción de una caña transgénica, que no es comestible, y sabemos que muchas empresas están desarrollando este mismo tipo de tecnología, y como no hay medios para evitar la contaminación de los transgénicos en los campos de cultivos nativos, esta práctica pone en riesgo la producción de alimentos.

Con relación a la desnacionalización del territorio brasileño, grandes empresas han adquirido ingenios de caña en Brasil: Bunge, Novo Group, ADM, Dreyfus, además de los megaempresarios George Soros y Bill Gates.

Como consecuencia de esto, sabemos que la expansión de la producción de etanol ha generado la expulsión de campesinos de sus tierras y ha creado una situación de dependencia de lo que llamamos la economía de la caña, porque no es que la industria de la caña genere empleos, es lo contrario, genera desempleo, porque esa industria controla el territorio. Eso significa que no hay espacios para otros sectores productivos.

Al mismo tiempo, tenemos la propaganda de la eficiencia de esta industria. Sabemos que se basa en la explotación de una mano de obra barata y esclava. Los trabajadores son remunerados por cantidad de caña cortada y no por horas trabajadas.

En el estado de São Paulo, que es donde está la industria más moderna —moderna entre comillas por supuesto— y es el mayor productor del país, la meta de cada trabajador es cortar entre 10 y 15 toneladas de caña por día.

Un profesor de la universidad de Campinas, Pedro Ramos, hizo estos cálculos: en los años ochenta los trabajadores cortaban alrededor de 4 toneladas por día y sacaban el equivalente a más o menos 5 dólares. Actualmente, para sacar 3 dólares por día, es necesario cortar 15 toneladas de caña.

El propio Ministerio del Trabajo en Brasil hizo un estudio en el que dice que antes 100 metros cuadrados de caña sumaban 10 toneladas; hoy, con la caña transgénica, es necesario cortar 300 metros cuadrados para alcanzar 10 toneladas. Entonces, los trabajadores tienen que trabajar tres veces más para cortar 10 toneladas. Este patrón de explotación ha causado serios problemas de salud y hasta la muerte a trabajadores.

Una investigadora del Ministerio del Trabajo en São Paulo dice que el azúcar y el etanol de Brasil están bañados de sangre, sudor y muerte. El Ministerio del Trabajo en São Paulo, en el año 2005, ha registrado 450 muertes de trabajadores por otras causas, como asesinatos y accidentes —porque el transporte hacia los ingenios es muy precario— y también a consecuencia de enfermedades como paros cardiacos y cáncer.

Según María Cristina Gonzaga, que hizo la pesquisa, esta investigación del Ministerio del Trabajo muestra que en los últimos cinco años 1 383 trabajadores de la caña han muerto solamente en el estado de São Paulo.

El trabajo esclavo también es común en este sector. Los trabajadores son generalmente migrantes del nordeste o de Minas Gerais, que son seducidos por intermediarios. normalmente el contrato no es directamente con la empresa, sino a través de intermediarios, que en Brasil los llamamos "gatos", que seleccionan mano de obra para los ingenios.

En el 2006, la Fiscalía del Ministerio Público inspeccionó 74 ingenios, solamente en São Paulo, y todos fueron procesados.

Solo en marzo de 2007, los fiscales del Ministerio del Trabajo rescataron 288 trabajadores en situación de esclavitud en São Paulo.

Ese mismo mes, en el estado de Mato Grosso se rescataron 409 trabajadores en un ingenio que produce etanol; entre ellos había un grupo de 150 indígenas. En esa área del centro del país, en Mato Grosso, hay esta característica de utilizar indígenas en el trabajo esclavo de la caña.

Todos los años cientos de trabajadores sufren condiciones semejantes en los cañaverales. ¿Cómo son estas condiciones? Trabajan sin un registro formal, sin equipos de protección, sin agua o alimentación adecuada, sin acceso a baños y con viviendas muy precarias; además, tienen que pagar por vivienda, por comida, que es muy cara, y necesitan pagar por instrumentos como botas y machetes y, por supuesto, en caso de accidentes de trabajo, que son muchísimos, no reciben el tratamiento adecuado.

Para nosotros, la cuestión central es eliminar el latifundio, porque detrás de esta imagen moderna hay un problema central, que es el latifundio en Brasil y, por supuesto, en otros países de América Latina. También es necesaria una política seria de producción de alimentos.

Con esto quería presentar un documental que hicimos en el estado de Pernambuco con trabajadores de la caña, que es una de las regiones donde más se produce la caña de azúcar, y así ustedes van a ver realmente cómo son las condiciones.

Este documental fue hecho con la Comisión Pastoral de la Tierra en Brasil y con sindicatos de trabajadores forestales del estado de Pernambuco.

Así concluye su intervención la destacada y aplaudida dirigente brasileña.

A continuación expongo las opiniones de los cortadores de caña, contenidas en el material fílmico entregado por María Luisa. Cuando en el documental no aparecen identificadas las personas, se indica su condición de hombre, mujer o joven. No las incluyo todas por su extensión.

Severino Francisco da Silva.- Cuando tenía 8 años, mi padre se mudó al ingenio del Junco. Y cuando llegué, yo estaba por cumplir 9, mi padre empezó a trabajar, y yo ataba la caña con él. Trabajé unos 14 ó 15 años en el ingenio del Junco.

Una mujer.- Hace 36 años que vivo aquí en este ingenio. Me casé aquí y tuve 11 hijos.

Un hombre.- Hace muchos años que trabajo en el corte de la caña, no sé ni contar.

Un hombre.- Empecé a trabajar con 7 años y mi vida es cortar caña y desmalezar.

Un joven.- Nací aquí, tengo 23 años, desde los 9 años corto caña.

Una mujer.- Trabajé 13 años aquí en la Planta Salgado. Yo sembraba caña, sembraba fertilizante, limpiaba caña, hierba.

Severina Conceição.- Todos estos trabajos del campo yo los sé hacer: sembrar fertilizante, sembrar caña. Hacía de todo con el bombo de este tamaño (se refiere al embarazo) y el canasto al costado, y seguía trabajando.

Un hombre.- Trabajo, todos los trabajos son difíciles, pero la cosecha de la caña es el peor que hay en Brasil.

Edleuza.- Llego a casa y voy a lavar los platos, a arreglar la casa, cuidar del servicio doméstico, hacer las cosas. Cortaba caña, y a veces llegaba a casa y no podía ni lavar los platos, estaba con las manos lastimadas, llenas de callos.

Adriano Silva.- El problema es que el administrador exige mucho en el trabajo. Hay días que uno corta caña y cobra, pero hay días que no cobra nada. A veces alcanza y a veces no.

Misael.- La situación aquí es perversa, el administrador quiere disminuir el peso de la caña. Dijo que lo que nosotros cortemos aquí es lo que tenemos y se acabó. Estamos trabajando como esclavos, ¿entiende? ¡De esta manera no es posible!

Marcos.- El trabajo de la cosecha de la caña es un trabajo esclavo, es un trabajo difícil. Salimos a las 3:00 de la mañana, llegamos a las 8:00 de la noche. Es bueno solamente para el patrón, porque cada día que pasa él gana más y el trabajador pierde, disminuyendo la producción, y queda todo para el patrón.

Un hombre.- A veces dormimos sin bañarnos, no hay agua, nos bañamos en un arroyito que pasa por ahí abajo.

Un joven.- Aquí no hay leña para cocinar, cada uno, si quiere comer, tiene que salir a conseguirse leña.

Un hombre.- El almuerzo es lo que uno trae de casa, trae una comida, come así no más, en ese sol, va tirando para adelante como puede en la vida.

Un joven.- Quien trabaja mucho necesita tener una alimentación suficiente. Mientras que el dueño de la planta azucarera está en la regalía, tiene de lo bueno y de lo mejor, nosotros aquí sufriendo.

Una mujer.- Pasé mucha hambre. Fui a dormir muchas noches con hambre, a veces no tenía nada para comer, ni para darle a mi hija; algunas veces yo buscaba sal, que era lo más fácil de encontrar.

Egidio Pereira.- La persona tiene dos o tres hijos, y si no se cuida, se muere de hambre; no alcanza para vivir.

Ivete Cavalcante.- Aquí no existe sueldo, hay que limpiar una tonelada de caña por ocho reales; se gana lo que se logra cortar: si se corta una tonelada, se gana ocho reales, no hay sueldo fijo.

Una mujer.- ¿Sueldo? Yo no sé nada de eso.

Reginaldo Souza.- A veces ellos pagan en dinero. En esta época ellos están pagando en dinero; ahora, en el invierno pagan todo con vale.

Una mujer.- El vale, uno trabaja, él anota todo en un papel, se lo pasa a la persona para que compre en el mercado. La persona no ve el dinero que gana.

José Luiz.- El administrador hace lo que quiere con las personas. Lo que está ocurriendo es que llamé para ’sacar la media’ de la caña, no quiso. Es decir: en este caso, él está obligando a la persona a trabajar a la fuerza. De esta manera la persona trabaja gratis para la empresa.

Clovis da Silva.- ¡Eso nos mata! Uno se pasa medio día cortando caña, piensa que va a conseguir algún dinero, y cuando él va a medir, nos enteramos de que el trabajo no valió nada.

Natanael.- El camión de llevar ganado aquí lleva trabajadores, es peor que con el caballo del dueño; porque cuando el dueño coloca su caballo en el camión, él le pone agua, le pone aserrín en el piso para que el caballo no se arruine los cascos, pone pasto, una persona para acompañarlo; y los trabajadores, que se las arreglen: entró, cerró la puerta y se acabó. Ellos tratan a los trabajadores como si fueran animales. El «Pro-Álcool» no ayuda a los trabajadores, solamente ayuda a los proveedores de caña, ayuda a los patrones y los enriquece cada vez más; porque si generara empleo para los trabajadores, para nosotros sería fundamental, pero no genera empleos.

José Loureno.- Ellos tienen todo ese poder porque en la Cámara, estadual o federal, tienen un político que representa a esas plantas azucareras. Hay dueños que son diputados, ministros, parientes de señores de ingenio, que facilitan esa situación para los dueños y para los señores de ingenio.

Un hombre.- Nuestra lucha parece que no para nunca. No tenemos vacaciones, aguinaldo, queda todo perdido. Además, un cuarto de sueldo, que es obligación, no lo recibimos, es con lo que compramos una ropa a fin de año y una ropa para los hijos. Ellos no nos entregan nada de eso, y vemos que la situación se pone cada día más difícil.

Una mujer.- Yo soy trabajadora registrada, y jamás tuve derecho a nada, ni certificado médico. Cuando quedamos embarazadas, tenemos derecho a certificado médico, pero yo no tuve ese derecho, garantía de familia; tampoco tuve aguinaldo, siempre recibía alguna cosita, después no recibí más.

Un hombre.- Hace unos 12 años que él no paga ni aguinaldo ni vacaciones.

Un hombre.- No puedes enfermarte, trabajas día y noche arriba del camión, en el corte de la caña, de madrugada. Yo perdí mi salud, yo era fuerte.

Reinaldo.- Un día yo estaba con unas zapatillas en los pies; cuando di un golpe de machete para cortar la caña, me dio en el dedo, me cortó, terminé el trabajo y me vine para casa.

Un joven.- Botas no hay, se trabaja así, muchos trabajan descalzos, no hay condiciones. Dijeron que la planta azucarera iba a donar botas. Hace una semana que él se cortó el pie (señala) porque no hay botas.

Un joven.- Yo estaba enfermo, pasé tres días enfermo, no cobré, no me pagaron nada. Fui al médico, pedí certificado y no me lo dieron.

Un joven.- Hubo un muchacho que llegó de «Macugi». Estaba trabajando, en medio del trabajo empezó a sentirse muy mal, tuvo que vomitar. El esfuerzo es grande, el sol es muy caliente y la gente no es de hierro, el cuerpo del ser humano no resiste.

Valdemar.- Trae muchas enfermedades ese veneno que utilizamos (se refiere a los herbicidas). Causa varios tipos de enfermedad: cáncer de piel, en los huesos, va entrando en la sangre y daña la salud. Uno siente náuseas, llega hasta caerse.

Un hombre.- En el período entre las cosechas prácticamente no hay trabajo.

Un hombre.- El trabajo que el patrón te manda a hacer se tiene que hacer; porque ustedes saben, si no lo hacemos¼ Nosotros no mandamos; quienes mandan son ellos. Si te dan una tarea, hay que hacerla.

Un hombre.- Estoy aquí esperando que un día pueda tener un pedacito de tierra para terminar mi vida así en el campo, para que yo pueda llenarme la barriga y la barriga de mis hijos y de mis nietos, que viven aquí conmigo.

¿Será que hay algo más?

Fin del documental.

Nadie más agradecido que yo por este testimonio y la presentación de María Luisa, cuya síntesis acabo de elaborar. Me conducen a los recuerdos de los primeros años de mi vida, una edad en que los seres humanos suelen ser sumamente activos.

Nací en un latifundio cañero, de propiedad privada, rodeado al norte, el este y el oeste por grandes extensiones de tierra propiedad de tres transnacionales norteamericanas que, en conjunto, poseían más de 250 mil hectáreas de tierra. El corte era manual, en caña verde, no se usaban entonces herbicidas, ni siquiera fertilizantes. Una plantación podía durar más de 15 años. La mano de obra era tan barata que las transnacionales ganaban mucho dinero.

El propietario de la finca cañera en que nací era un inmigrante de origen gallego y familia campesina pobre, prácticamente analfabeto, a quien primero trajeron como soldado en lugar de un rico que pagó por eludir el servicio militar y al final de la guerra lo repatriaron a Galicia. Volvió a Cuba por su cuenta, como lo hizo un incontable número de gallegos que viajó hacia países de América Latina. Trabajó como peón de una importante transnacional, la United Fruit Company. Tenía cualidades como organizador, reclutó un número elevado de jornaleros como él, se hizo contratista y compró finalmente tierras en la zona colindante al sur de la gran empresa norteamericana con la plusvalía acumulada. La población cubana en la región oriental, de tradición independentista, había crecido notablemente y carecía de tierra; pero el peso principal de la agricultura oriental, a principios del pasado siglo, caía sobre esclavos liberados pocos años antes o descendientes de los antiguos esclavos y sobre los inmigrantes procedentes de Haití. Los haitianos no tenían familia. Vivían solos en sus míseras viviendas de guano y tablas de palma, agrupados en caseríos, con la presencia de solo dos o tres mujeres entre ellos. Durante los breves meses de zafra se abrían las lides de gallos. Allí jugaban los haitianos sus míseros ingresos, y el resto lo utilizaban para la compra de alimentos, que pasaban por muchos intermediarios y eran caros.

El propietario de origen gallego vivía allí, en la finca cañera. Salía solo a recorrer las plantaciones y hablaba con todo el que lo solicitaba o deseaba algo. Muchas veces accedía a las solicitudes, por razones más humanitarias que económicas. Podía tomar decisiones.

Los administradores de las plantaciones de la United Fruit Company eran norteamericanos cuidadosamente seleccionados y bien remunerados. Vivían con sus familias en regias mansiones, en lugares escogidos. Eran como dioses distantes, que los hambrientos trabajadores mencionaban con respeto. No se les veía nunca en los cortes, donde actuaban los subordinados suyos. Los dueños de las acciones de las grandes transnacionales vivían en Estados Unidos o en cualquier parte del mundo. Los gastos de las plantaciones estaban presupuestados y nadie podía elevarlos un centavo.

Conozco muy bien la familia del segundo matrimonio del inmigrante de origen gallego con una joven campesina cubana muy pobre que, como él, no pudo asistir a una escuela. Era muy abnegada y sumamente consagrada a la familia y a las actividades económicas de la plantación.

Los que en el exterior lean estas reflexiones por Internet se sorprenderán al conocer que ese propietario era mi padre. Soy el tercer hijo de los siete de ese matrimonio, que nacimos en la habitación de una casa de campo, muy lejos de cualquier hospital, asistidos por la misma partera, una campesina dedicada en cuerpo y alma a su tarea, que solo contaba con sus conocimientos prácticos. Aquellas tierras fueron todas entregadas al pueblo por la Revolución.

Solo me resta añadir que apoyamos totalmente el decreto de nacionalización de la patente a una transnacional farmacéutica para la producción y comercialización en Brasil de un medicamento contra el SIDA, el «Efavirenz», de precio abusivamente alto —igual que otros muchos—, así como también la reciente solución mutuamente satisfactoria del diferendo con Bolivia sobre las dos refinerías de petróleo.

Reitero que sentimos profundo respeto por el hermano pueblo de Brasil.

Altercom
Agencia de Prensa de Ecuador. Comunicación para la Libertad.
Fidel Castro Ruz
Presidente de Cuba. Comandante en Jefe de la Revolución.

 

 

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16/05/2007 10:56 Autor: economiaconmaximo. Enlace permanente. Tema: La Crisis Neoliberal No hay comentarios. Comentar.

LAS IDEAS NO SE MATAN

Fidel Castro Ruz (28 de mayo del 2007)

Fuente: El Trabajo Nº 115 


Hace unos días, al analizar los gastos que implicaba la construcción de tres submarinos de la serie Astute, dije que con ese dinero "se podrían formar 75 mil médicos y atender a 150 millones de personas, suponiendo que el costo de formar un médico fuera la tercera parte de lo que cuesta en Estados Unidos." Ahora, siguiendo el mismo cálculo, me pregunto cuántos médicos se podrían graduar con los cien mil millones de dólares que, en un solo año, caen en manos de Bush para seguir sembrando luto en hogares iraquíes y norteamericanos. Respuesta: 999 990 médicos, los cuales podrían atender a 2 mil millones de personas que hoy no reciben servicio médico alguno.


Más de 600 mil personas han perdido la vida en Iraq y más de 2 millones se han visto obligadas a emigrar desde la invasión norteamericana.


En los propios Estados Unidos, alrededor de 50 millones de personas carecen de seguro médico.
La ley ciega del mercado rige la prestación de ese vital servicio, y los precios se vuelven inaccesibles para muchas personas aun dentro de los países desarrollados. A la economía de los Estados Unidos los servicios médicos le aportan Producto Interno Bruto, pero no generan conciencia a los que los prestan ni tranquilidad en los que los reciben.


Los países que tienen menor desarrollo y más enfermedades disponen de menos médicos: uno por cada 5 mil, 10 mil, 15 mil, 20 mil o más habitantes. Cuando surgen nuevas enfermedades como el SIDA, de transmisión sexual, que en apenas 20 años ha privado de la vida a millones de personas, la padecen decenas de millones, entre ellas muchas madres y niños, para la cual existen ya paliativos, el precio de los medicamentos por persona puede ser 5 mil, 10 mil o hasta 15 mil dólares cada año. Son cifras de fantasía para la gran mayoría de los países del Tercer Mundo.
Los pocos hospitales públicos se saturan de enfermos, que mueren amontonados como animales bajo el azote de una epidemia repentina.


Tal vez estas realidades, si se meditan, ayuden a una mayor comprensión de la tragedia. No se trata de una publicidad comercial que tanto dinero y tecnología requiere. Súmese el hambre que padecen cientos de millones de seres humanos, añádasele la idea de convertir los alimentos en combustibles, búsquesele un símbolo y la respuesta será George W. Bush.

Preguntado en fecha reciente por una personalidad importante sobre su política hacia Cuba, su respuesta fue: "Yo soy un Presidente de línea dura y solo espero la muerte de Castro." No constituyen un privilegio los deseos de tan poderoso caballero. No soy el primero ni sería el último que Bush ordenó privar de la vida, o de los que se propone seguir matando de forma individual o masiva.


"Las ideas no se matan", exclamó con fuerza Sarría, un teniente negro, jefe de la patrulla del ejército de Batista, que nos hizo prisioneros después del intento de ocupar el Cuartel Moncada mientras dormíamos tres de nosotros en una pequeña choza de las montañas, agotados por el esfuerzo para romper el cerco. Los soldados, llenos de odio y adrenalina, apuntaban hacia mí aún sin haberme identificado. "Las ideas no se matan", continuó repitiendo, ya casi en voz baja, automáticamente, el teniente negro.


Aquellas magníficas palabras se las dedico a usted, señor W. Bush.

31/05/2007 13:44 Autor: economiaconmaximo. Enlace permanente. Tema: La Crisis Neoliberal No hay comentarios. Comentar.


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