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Economía con Máximo Kinast

En manos de quiénes estamos…

 

Escribe Luis Casado – 31/10/2011

 

A poco andar de la mega-crisis financiera desatada con la especulación de los créditos basura (subprimes), el semanario financiero francés ‘Challenges’ puso en la portada de su edición del 3 de abril de 2008 una enorme foto del presidente del Banco Central de los EEUU con un titular que decía “¡Gracias Ben!” y un subtítulo que decía: “La crisis se terminó” (sic).

El autor del subtítulo fue Patrick Artus, economista distinguido, director de Investigación y Estudios del Banco Natixis cuyos resultados están a la altura de su genio. Tres años después vemos, efectivamente, que la crisis se terminó… El agradecimiento a Ben Bernanke tenía que ver con que BB, -“experto del crac de 1929”-, no cometió el error de sus predecesores que restringieron el crédito agravando la Gran Depresión. No. Ben fue hasta a decir: “si es necesario arrojaré dólares desde un helicóptero para mantener la liquidez de los mercados”. Conocido desde entonces como “Helicopter Ben”, el presidente de la FED ha lanzado dos QE sin lograr hacer despegar la economía yanqui. Lo que los amerloks llaman eufemísticamente ‘quantitative easing’ (QE) no es sino la emisión de dólares sin respaldo. Se trata, ni más ni menos, de falsificación de moneda en escala industrial, pero legal. Ben Bernanke, consultado en una conferencia de prensa acerca de las razones que explican la abulia de la economía yanqui, declaró: “No tengo la menor idea”. Este  es uno de los capullos en manos de los cuales estamos. El otro, Mario Draghi, asumirá su cargo como presidente del Banco Central Europeo el 1º de noviembre.

 

Hasta ahora Draghi fue presidente del banco central italiano, y desde ese eminente promontorio contribuyó a hacer de la deuda pública italiana la tercera más grande del mundo: 2,6 billones de euros, 120% del PIB, tres veces más que Grecia, Irlanda y Portugal reunidos, el doble del monto reunido hace poco por la zona euro en su Fondo de Estabilidad Financiera de la moneda única. Su CV indica que trabajó en Goldman Sachs, nido de truhanes, y puede que sea por esa razón que los alemanes, -que en la materia distan de ser niñitos de pecho-, declarasen que en el BCE se pasa de un incompetente a un mafioso. La prensa internacional comenta que “Entre los miembros del Consejo de gobernadores del BCE (Draghi) es considerado como un conservador que en muchas cuestiones está en la misma longitud de onda que Jean-Claude Trichet.” ¿Nos persignamos?

Según ‘Il Corriere della Sera’, antes de dar su acuerdo para comprar parte de la deuda pública italiana Trichet le habría enviado una carta secreta a Berlusconi exigiendo reformas constitucionales. Un burócrata designado a dedo chantajeando a un mafioso electo democráticamente… la vida supera la imaginación de Mario Puzzo. Draghi también habría firmado la carta secreta: Mario Puzzo tendrá que cambiar de oficio. La misiva, de tipo “una oferta que no puedes rehusar”, exigía además la privatización de los transportes públicos, de la energía y los servicios públicos, así como la reforma del mercado del trabajo en el sentido de facilitar los despidos en el sector privado y una reducción de los efectivos del sector público. Como si fuese poco Trichet y Draghi, sin disponer de ningún cargo electivo,  sugerían que Berlusconi actuase por decreto, como en una dictadura cualquiera. El diario madrileño ‘El País’ comenta que se trata de “Un papel que, en principio, quedaba reservado a los Gobiernos, pero que el BCE asumió este verano sin tapujos al condicionar -mediante una carta "secreta"- las compras de títulos italianos y españoles a la adopción de nuevas medidas de ajuste e incluso a cambios constitucionales por parte de sus Gobiernos.” Siempre pronto a condenar la “dictadura” de Hugo Chávez, el diktat de Trichet-Draghi no parece molestarle al diario “progresista”.

Uno lo entiende cuando lee la descripción ditirámbica que ‘El País’ hace del nuevo patrón del BCE:

“Mario Draghi es un escalador entusiasta. Este economista de 64 años, de aspecto pulido, atlético y algo enigmático, disfruta con pasión sus largas jornadas en las montañas, especialmente en los Alpes, donde práctica ese deporte de altura, que algunos de sus valedores consideran, incluso, un estilo de vida y de ver el mundo.”

Que Dragui es un ‘escalador’… lo prueba el nivel al que ha llegado. Y es además un “independiente” según ‘El País’, que no precisa de qué o de quién:

Buena prueba de esa independencia política es que Draghi, considerado un hombre de Carlo Azeglio Ciampi y heredero del centro-izquierda italiano que representan él, Tomaso Padoa-Schioppa y Romano Prodi, fue nombrado luego gobernador del Banco de Italia por Silvio Berlusconi en 2005.”

Independiente… Y por si fuese poco, “progresista”.

"De centro-izquierda pero católico", matiza Alfredo Pastor, profesor de económicas del IESE y antiguo secretario de Estado de Economía, que conoció a Draghi brevemente en el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), en 1972...”

En un arresto de objetividad, ‘El País’ recuerda el paso de Draghi por Goldman Sachs:

“El capítulo más oscuro en la biografía de Draghi está relacionado con su etapa en Goldman Sachs. Entre enero de 2002 y hasta su nombramiento como gobernador del Banco de Italia, en diciembre de 2005, Draghi fue socio y vicepresidente de Goldman Sachs International. El banco de inversión estadounidense fue el que diseñó el plan de ingeniería financiera que permitió a Grecia camuflar su deuda y acceder, así, al euro en enero de 2002.”

Dicho claramente, un estafador, un defraudador, un falsificador de Balances llega a la cabeza del Banco Central Europeo en gloria y majestad.

Poco importa. Para el diario ‘El País’, que suele darle lecciones de democracia y probidad a todo dios, Draghi es un tío impecable:

Su “…trayectoria, unida a su brillante currículo y su impecable formación, hacen de él un candidato poco discutible. (…) Parece que el 1 de noviembre el chico listo de la clase coge los mandos.(sic)”

Joder… En manos de quiénes estamos…

¿Un premio Nobel de economía es soluble en ácido sulfúrico?


¿O al menos en agua bendita?

 

Escribe Luis Casado – 29/10/2011

 

Un buen amigo, aún mejor periodista y escritor, me señaló hace unos días lo que considera un error de mi parte: una cierta facilidad para meterme al bolsillo a los premios Nobel de economía. Ello genera, me dijo, una indefinible molestia en el lector que puede muy bien apartarlo del propósito que persigues: una muy saludable crítica de los economistas y los dogmas que venden como artículos de fe o reliquias  traídas de la Tierra Santa. Puede ser. No me atreví a recordarle que el premio Nobel de economía no existe, ni a decirle que para sorpresa mía los estudiantes de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile lo ignoran. No hubiese hecho sino reforzar la percepción de mi amigo, y tal vez aumentar su confusión. Como quiera que sea releí la nota titulada “Cinco Nobel de economía” (27/07/2008) que provocó la desazón de este lector que aprecio. Nada que quitarle ni ponerle: los cinco eminentes economistas convocados por El Mercurio siguen estando a la altura del unto, aún cuando yo mismo no sepa dónde se sitúa.

 

Lo simpático es que Christopher Pissarides, pseudo premio Nobel de economía 2010, demuestra una vez más que el Sveriges Riksbank Prize sigue siéndole atribuido a los boludos. Me explico. Entrevistado por el diario madrileño ‘El País’, Pissarides, un “especialista en mercado laboral”, explica las razones que llevaron a la catástrofe actual que, con más de cinco millones de parados, ve empinarse la tasa de cesantía española por encima del 21%:

 

Para entender lo que ha ido mal en este país hay que remontarse a finales de los años setenta y a los años ochenta, cuando se dio a los trabajadores unos poderes y privilegios que la economía no podía permitirse. Estoy a favor de apoyar a los trabajadores, de aumentar las rentas y de adoptar medidas para reducir la pobreza, pero solo si la economía se lo puede permitir.”

 

Para Pissarides los culpables de sus desdichas son los propios trabajadores, algo que no es novedad en los economistas neoliberales como lo puse en evidencia en mi libro “No hay vacantes” (Ed. El Periodista - Santiago 2004) en el que analicé detenidamente las descabelladas teorías elucubradas para explicar la cuestión del desempleo.

 

Nótese que a los trabajadores españoles se les concedieron “poderes y privilegios”. Son pues, en la opinión de Pissarides, lo que conviene llamar unos ‘potentados privilegiados’. Que no se crea que a este eminente economista le falte corazón. No. Por el contrario. Pissarides está “a favor de apoyar a los trabajadores, de aumentar las rentas y de adoptar medidas para reducir la pobreza, pero solo si la economía se lo puede permitir.”

 

Desde luego, la economía española, que desde los años 70 ha visto crecer los beneficios de la banca y de las grandes empresas en modo exponencial, no puede permitírselo. Hay en las palabras de Pissarides un detalle cronológico que tiene una cierta importancia: a los trabajadores españoles se les dio “poderes y privilegios” a la muerte de Franco y el fin de la dictadura. El modelo chileno aún no había logrado la celebridad de la que hoy disfruta gracias a su éxito más apreciado: la consolidación de un modelo, impuesto en dictadura, que despoja a los trabajadores de sus derechos más elementales. Y cuyo corolario, para decirlo en las palabras de Roberto Fantuzzi, es que Chile es “considerado uno de los países más seguros de América Latina, para realizar negocios.” E incluso negociados.

 

Pissarides nos recuerda las palabras del magistrado José Gregorio Hernández relativas a la muerte programada de los derechos cívicos en Colombia (Politika - Año II - Edición Digital Nº 12 (01.10.2011). Las modificaciones que el gobierno de Juan Manuel Santos le introdujo a la Constitución de 1991 supeditan el ejercicio de tales derechos a su “sostenibilidad fiscal”. El magistrado Hernández dice, con razón, que “el Estado Social de Dere­cho es, de ahora en adelante, apenas un adorno lingüístico dentro de un conjunto de nor­mas que hace prevalecer el factor económico cuyo con­tenido será definido en cada caso por los burócratas de turno…” O por un premio Nobel amaestrado, domesticado y estipendiado para clamar que la democracia y el Estado de Derecho son posibles solo “si la economía se lo puede permitir”.

 

Con relación a la precarización de los asalariados españoles Pissarides estima que “La creación de los contratos temporales en la España de los años ochenta fue una buena decisión, porque la economía crecía y era más fácil crear empleo. Pero la medida tuvo el efecto contrario cuando la economía comenzó a contraerse…”

 

Uno sabe que eso es una mentira, que tal vez quiso decir lo contrario, que los empleos a tiempo parcial suelen justificarse cuando la economía se contrae y no al revés. Si se intenta reparar el daño causado, no es posible. ¿Por culpa de quién? Pissarides nos lo aclara: “Reformar los dos tipos de contrato es, desde luego, un movimiento en la buena dirección, pero no ha ido lo suficientemente lejos por la resistencia de los sindicatos.”

 

Si la culpa de todo la tienen los trabajadores, es justo que paguen los trabajadores. Ese es el dogma de Pissarides. Al rechazar la dualidad de contratos (fijo y precario), este premio Nobel se descubre y queda desnudo:

Antes que nada, creo que los contratos deberían dejarse en manos del sector privado. El Gobierno no debería interferir. Lo que sí es asunto del sector público es la prestación por desempleo, que debería aplicarse a todo tipo de trabajadores y que debería ser gradual: nada al principio, un poco después de seis meses de trabajo, por ejemplo, y subir gradualmente la cantidad sin llegar demasiado lejos, hasta un máximo de 10 años.”

 

En pleno siglo XXI Pissarides nos recuerda las tesis elaboradas por Joseph Towsend, en su “Dissertation on the Poor Laws” del año 1786, con relación a los estímulos que mueven a los miserables a la hora de buscar trabajo:

“… el hambre no es solo un medio de presión pacífico, silencioso y constante, sino que como es el móvil más natural para la laboriosidad y el trabajo suscita el esfuerzo más potente.”

 

Los seguros de desempleo, bajo diferentes formas, no son “asunto del sector público” como pretende Pissarides, sino una forma de combatir la miseria creada por los propios trabajadores organizados allá por el siglo XVII. Las Corporaciones de la Edad Media ya habían creado una suerte de fondo común para eso.

 

La “generosidad” de Pissarides lo obliga a precisar que las prestaciones deben ser moduladas, muy moduladas: “…nada al principio, un poco después de seis meses de trabajo, por ejemplo, y subir gradualmente la cantidad sin llegar demasiado lejos…” Cuestión de evitar que el cesante prefiera vivir de la “prestación por desempleo” en vez de buscar trabajo. Triste Pissarides: la ministro del Trabajo Claudia Serrano, -sin ser premio Nobel de economía-, había comprendido que lo que aumenta las estadísticas de desempleo son precisamente los currantes que buscan laburo. ¡Por eso les rogó que no saliesen a buscarlo!

 

Tal vez el periodista del diario ‘El País’ buscaba una primicia cuando le preguntó a Pissarides: ¿Cuándo podrá España crear empleo?” Uno imagina a cinco millones de parados ansiosos por leer la respuesta, para no hablar de un Zapatero que quisiera salvar un mínimo de reputación antes de regresar al anonimato del que nunca debió haber salido.

 

La respuesta de Pissarides bien vale el pseudo premio Nobel que le dieron:

Los puestos de trabajo los crean los empresarios privados, y llegarán cuando se recupere la confianza en la economía.”

¿Plop? ¿Exigimos una explicación? Esa indigente respuesta podría darla cualquier estudiante de economía de primer año, e incluso algún senador chileno.

 

Sin embargo, ‘pauta’ obliga, el periodista vuelve a la carga y pregunta: “¿No cree que poner en marcha nuevos estímulos a la economía ayudaría a reducir el paro?” Recordemos aquí que los “Cinco Nobel de economía” que critiqué en su día se referían precisamente a este tema. Imbuido de la doxofilia que caracteriza a los talibanes del libre mercado Pissarides enciende las luces rojas:

Sería peligroso volver a los estímulos, a menos que haya confianza plena en los nuevos acuerdos de disciplina fiscal.”

 

Que las medidas de austeridad hayan profundizado y acelerado la contracción de las economías europeas es un hecho que no parece tocarle ni con el pétalo de una rosa. Que Obama lance un programa de cientos de miles de millones de dólares para crear empleo no le inmuta. Pissarides dispone de un catecismo propio. Lo que le inquieta es la deuda soberana, pero no dice ni una palabra a propósito de la especulación financiera que está en el origen de la deuda soberana española y europea. El rescate con dinero público de un sistema financiero quebrado porque rufián e irresponsable no le provoca el más mínimo comentario. ¿La especulación inmobiliaria en España? Pissarides nunca oyó hablar.

 

Habida cuenta que Pissarides posa de “especialista del mercado laboral” el periodista termina con una pregunta relativa al papel que debiesen jugar los sindicatos en una sociedad como la española. La respuesta vale el viaje e incluso una estadía prolongada:

Lo más importante no es cuánta fuerza o cuánto poder tienen los sindicatos, sino cómo lo utilizan. La ley otorga todavía más poder a los sindicatos en Escandinavia, pero lo utilizan de forma cooperativa. Se preocupan más por la economía en general que por sus militantes. Parece que a los sindicatos españoles les preocupan más sus militantes con trabajo que los jóvenes con contratos temporales o las mujeres que quieren entrar en el mercado laboral. Abusan de su poder al negociar solo en beneficio de sus miembros. Los sindicatos británicos estuvieron en esa situación hasta los años ochenta, cuando el Gobierno les recortó buena parte de su poder. A pesar de tener el apoyo de los sindicatos, el Gobierno laborista siguió la misma línea porque llegó a la conclusión que era lo mejor para el país y para la economía en general.”

 

Vamos por partes. Hay sindicatos buenos y sindicatos malos. Los buenos sindicatos son los de Escandinavia que utilizan su fuerza, o “su poder”, de “forma cooperativa”. Por “cooperativa” Pissarides entiende que los sindicatos escandinavos ‘cooperan’ con las empresas y los gobiernos, sin enfrentarse en conflictos que pudiesen ser calificados de lucha de clases. Porque “Se preocupan más por la economía en general que por sus militantes”.

 

Pissarides inventa las organizaciones que no deben ocuparse de los intereses de sus afiliados, sino de generalidades. Ejemplo: la asociación patronal de la industria textil no debe ocuparse de lo que aflige a los empresarios textiles sino de la industria textil “en general”. Para un premio Nobel de economía… ¿Qué es “la economía en general”? ¿Bill Gates no se inquieta de los resultados de Microsoft sino de la informática en general?

 

Para condenar a los sindicatos españoles Pissarides no teme contradecirse:

Parece que a los sindicatos españoles les preocupan más sus militantes con trabajo que los jóvenes con contratos temporales o las mujeres que quieren entrar en el mercado laboral.”

Un minuto antes había declarado, perentorio:

Los puestos de trabajo los crean los empresarios privados, y llegarán cuando se recupere la confianza en la economía.”

Según Pissarides, los sindicatos no tienen nada que ver en la creación de empleo. ¿Por qué razón debiesen preocuparse por los desempleados? Después de todo, los empleos “llegarán cuando se recupere la confianza en la economía”. ¿Quién destruyó la confianza en la economía Sr. Pissarides? ¿Los sindicatos?

 

Pissarides no le teme al ridículo cuando plantea que los sindicatos “Abusan de su poder al negociar solo en beneficio de sus miembros”. ¿En beneficio de quién deben negociar los sindicatos? Puede que Pissarides, el “especialista en mercado laboral” no haya leído “Las uvas de la ira” de Steinbeck… Tom Joad, Tom Joad y Preacher Casy, triste Pissarides, si no lees a Steinbeck por lo menos vete a ver el film de John Ford.

 

Por si quedasen algunas dudas acerca de su filiación fanática y dogmática, Pissarides exulta: “Los sindicatos británicos estuvieron en esa situación hasta los años ochenta, cuando el Gobierno les recortó buena parte de su poder.”

 

Pissarides se refiere, con fervor, a la obra de la inolvidable Margaret Thatcher, la ‘dama de hierro’, aquella que en el culto del individualismo fue hasta negar la existencia de nada parecido a una “sociedad”.

 

La celebración de Pissarides va hasta a reconocer que la socialdemocracia perseveró en las políticas ultra-liberales de Thatcher:

A pesar de tener el apoyo de los sindicatos, el Gobierno laborista siguió la misma línea porque llegó a la conclusión que era lo mejor para el país y para la economía en general.”

 

Fantástico, triste Pissarides. Ahora explícanos por qué razones el sistema financiero británico está quebrado, por qué los servicios públicos están transformados en una miseria, por qué la economía del Reino Unido está en franca recesión o a punto de estarlo, por qué razones el PIB de su economía desindustrializada juega al yo-yo, por qué los gobiernos laboristas, y ahora conservadores, se empeñan en rescatar la banca privada con dinero público, por qué la tasa de desempleo alcanza niveles inaceptables, por qué razones los ingratos británicos están tan Indignados y salen a la calle a mostrar su indignación.

 

Después de madura reflexión, y aún cuando aprecio en lo que vale el consejo de mi amigo, ese gran profesional de las letras, seguiré denunciando a los economistas, y en particular a los pseudo premios Nobel de economía,  como lo que son: indigentes intelectuales remunerados como mercenarios al servicio de la propaganda y la justificación de un orden injusto.

EL INVENTOR DEL BANCO

EL INVENTOR DEL BANCO

NACIONALIZANDO LOS BANCOS...

Escribe Luis Casado – 10/10/2011

 

No hace mucho, -hasta antes del 2007-, cada vez que se me ocurría mencionar la necesaria nacionalización de los bancos, me miraban como una especie de alienígeno recién llegado de algún exoplaneta. Sobre todo los “progresistas” para quienes la prueba de virginidad neoliberal es la cruz cotidiana. Sin embargo hoy en día te nacionalizan un banco con la misma frecuencia con la que se cambian de slip, o sea una o dos veces a la semana.

 

El Crédit Local de France (CLF), -un banco público-, nació en el seno de la Caisse de Dépôts et Consignations (CDC) para financiar los proyectos de los municipios y gobiernos provinciales de Francia. El CLF nunca tuvo el menor problema. Pero en abril de 1991 fue privatizado por el gobierno del “socialista” Michel Rocard, una especie de cacatúa de los intereses del gran capital. Algún genio de las finanzas propuso fusionar el Crédit Local de France con el Crédit Communal de Belgique, y de ese modo nació en el año 1996 un poderoso banco privado: Dexia.

 

En el año 2008, dando pruebas fehacientes de la incomparable eficiencia de los privados, Dexia quebró y por consiguiente los Estados francés, belga y luxemburgués tuvieron que “rescatarlo” con dinero público. Con una generosidad que nunca tienen para con los miserables, los tres gobiernos pusieron 6 mil 400 millones de euros.  En estos días Dexia volvió a quebrar, -de los 6 mil 400 millones de euros nunca más se supo-, y cada gobierno recupera (pero ahora endeudado y en quiebra) el banco que privatizó “para darle liquidez a los mercados”. La prensa internacional titula, sin la sombra de alguna reflexión crítica: “Bruselas, París y Luxemburgo desmantelan Dexia”. Lo que queda del Crédit Local de France regresa a la Caisse de Dépôts et Consignations (CDC) en lo que conviene llamar una revolución: un (costoso) giro en 360º para volver al punto de partida. ¿Suena conocido?

 

Para alegría de los contribuyentes, los Estados, -que confiesan no disponer de nada en caja-, deben aportar 90 mil millones de euros más en garantías públicas para asegurar las necesidades de financiamiento de lo que fue el banco nº1 en el mundo en materia de crédito a los poderes locales. ¡Bravo los artistas!

 

Pero el circo no termina allí. Decenas de bancos europeos que han soportado todos los “crash tests” a los que han sido sometidos por los “expertos”, comienzan a revelar parcialmente lo que han ocultado durante tres o cuatro años: que también están quebrados. Le echan la culpa a Grecia y a la crisis de la deuda soberana, que curiosamente constituyen el mejor negocio que nunca se haya inventado. Te explico. El Banco Central Europeo (BCE) tiene prohibido prestarle plata a los gobiernos. De modo que le pasa el dinero a los bancos privados a tasas de 0%  a 1,25% al año, y estos se lo prestan a Grecia a tasas del 18% anual. Los “eficientes” bancos privados ganan pues la diferencia, entre un 16,75% y un 18%, sobre sumas gigantescas que no les pertenecen, sin mover un músculo. Pero el chiste aún no termina, espera ahí. Como las agencias de calificación de deuda degradaron la nota de Grecia, insinuando que no podrá pagar su deuda pública, los bancos privados le pasan sus créditos… al Banco Central Europeo quién les devuelve el equivalente en dinero fresco. ¿Qué tal? Claro, el BCE les cobra un “descuento” del 10% sobre las tasas de interés, y se queda con la totalidad del riesgo. En vez de ganar 18% los bancos privados sólo reciben un 16,2% por su incomparable servicio.

 

¿Cómo hacen para quebrar? Misterio. No muy profundo: en realidad su voracidad infinita no se satisface con esquilmar a los Estados europeos, y se dedican a especular en los mercados de alto riesgo con dinero que, repito, no les pertenece. Por eso quiebran.

 

De ahí que Nicolas Sarkozy y Angela Merkel se hayan reunido por la enésima vez, para convenir de la necesidad de recapitalizar los bancos europeos, o sea nacionalizarlos. Ni más ni menos.  Y anuncian un plan de 200 mil millones de euros que no tienen ni el Estado alemán ni el Estado francés, y que para más inri son ampliamente insuficientes si se trata de resolver la crisis de la deuda soberana europea. ¿Capici?

 

Si el monto necesario para comprar los botes que exige este naufragio excita tu curiosidad, te cito la cifra mencionada por un par de chatos más serios: algo más de 2 billones de euros. La nada misma.

 

El resultado de la eficiencia de la libre competencia en los mercados financieros. ¡Azúcar!

 

 

Politika

www.laizquierda.cl

La Izquierda designa a quienes no admiten ningún derecho a veto por sobre la voluntad del pueblo soberano

A PUNTO DE ESTALLAR

http://www.elpais.com/articulo/primer/plano/punto/estallar/elpepueconeg/20110925elpneglse_2/Tes

ALEJANDRO BOLAÑOS  25/09/2011

Una peculiar cuenta atrás atruena en los mercados financieros desde agosto. Y esta semana, la asamblea del Fondo Monetario Internacional devolvió el eco, multiplicado. La cita, que reúne la mayor concentración de responsables de política económica del mundo, tuvo un efecto paradójico: solo fue capaz de constatar que el tiempo se escapa entre los dedos de los responsables políticos. La "sensación de urgencia" que quiso instalar la nueva directora gerente del FMI, Christine Lagarde, se convirtió en un ejercicio de impotencia. "El tiempo se agota", fue la salmodia de los expertos del Fondo. Todos los ojos se dirigen a Europa, donde la crisis financiera se ha vuelto a hacer fuerte. Cada vez son más los que creen que ya es demasiado tarde. Que el envite -una reforma radical de la estructura de la zona euro- es demasiado grande para ser resuelto por los actuales dirigentes europeos. Con el grifo del crédito ya medio cerrado, la recaída está a la vuelta de la esquina.

 

"Lo que tenemos en Europa es una crisis bancaria que puede generar un credit crunch ", advierte Guillermo Calvo, de la Universidad de Columbia, en Nueva York. "En el mejor de los casos, se le va a dar a Grecia la medicina para que siga pagando su deuda en el corto plazo y se hará lo necesario para que no quiebren los bancos. Pero eso no va a evitar el credit crunch, lo que va a tener un impacto severo en el crecimiento europeo y también, muy posiblemente, en el de Estados Unidos. La probabilidad de una recaída importante del PIB en Europa y Estados Unidos no se puede descartar", apunta.

El escenario descrito por el profesor no es, ni mucho menos, el peor de los manejados. Varios de los expertos consultados (y es una opinión creciente en todo tipo de foros especializados) creen que el retraso en la toma de decisiones en la UE hace casi imposible evitar la suspensión de pagos en Grecia. Y que los problemas de las autoridades europeas para dar competencias más ambiciosas al fondo de rescate y al Banco Central Europeo dificultarán frenar el contagio a otras economías y al sistema bancario europeo.

"La crisis no se ha gestionado bien; va de mal en peor. Hagan lo que hagan los Gobiernos ya, Grecia y Portugal entrarán en suspensión de pagos. Quizá España e Italia también. Eso no puede gestionarse de manera voluntaria y ordenada y el resultado será quiebras bancarias", sostiene Charles Wyplosz, del Graduate Institute de Ginebra, que no deja pasar la ocasión de atizar a la propuesta comunitaria de que los bancos con títulos griegos asuman una quita de la deuda. "Hay un riesgo claro de que la crisis de la deuda pública se vaya de las manos", corrobora Paul de Grauwe, de la Universidad de Lovaina.

La serpiente de la crisis financiera muda de piel cada cierto tiempo, pero se mantiene viva cuatro años después. En algunos momentos, como el arranque de 2010 o de 2011, su carga tóxica pareció menguar. Entonces, algunos países avanzados (en ningún caso España) aceleraron el crecimiento, dejaron atrás el mal sueño de la Gran Recesión. Fue un espejismo. Las dificultades de varios países europeos (Grecia, Irlanda, Portugal) para hacer frente al pago de la deuda pública dispararon las dudas de los inversores. La lenta reacción de la UE hizo el resto. La desconfianza elevó el coste de esa deuda, y eso, junto al efecto de los planes de ajuste en las perspectivas de crecimiento, retroalimentó las dudas de los inversores en una espiral que los planes de rescate de la UE a estos tres países no fueron capaces de cortar.

La crisis de deuda pública en varios países periféricos de la zona euro se manifestó cuando varias economías occidentales apenas habían empezado a digerir los excesos de la deuda privada, origen de las primeras turbulencias financieras en 2007. Y ambos problemas lastran las cuentas de los bancos, catalizadores de esta crisis. El balance es que, pese a los estímulos fiscales con que los Gobiernos del G-20 combatieron la recesión, las inyecciones de fondos públicos a las entidades financieras y la avalancha de liquidez suministrada por los bancos centrales, el peso de la deuda acogota a los bancos. Una vía de agua que no ha hecho más que crecer desde este verano, disparando la exigencia de nuevas recapitalizaciones en las entidades europeas para afrontar la pérdida de valor de sus activos, ya sean títulos de deuda o créditos con más opciones de caer en morosidad por la falta de crecimiento económico. Por no hablar del agujero inmobiliario.

"Inicialmente, la crisis bancaria arrastró a una situación muy complicada a las cuentas públicas. Ahora, es la deuda pública la que arrastra a la banca", resume Vicente Pallardó, del Instituto de Economía Internacional de Valencia. Pallardó establece un vínculo entre los temores de los mercados ante la crisis europea de deuda pública y las malas perspectivas económicas. "El impacto sobre la banca europea de los posibles impagos puede ser muy duro. ¿Recapitalizar más y más rápido? Está bien, pero ¿qué pasa con el crédito? No olvidemos que cuando la banca hace esos aumentos de capital y liquidez por precaución, eso implica menos crédito a pequeñas y mediana empresas y a las familias. No parece que vayamos sobrados en esto".

Pallardó rememora el antecedente de la quiebra de Lehman Brothers, en septiembre de 2008, cuando la crisis financiera alcanzó su máximo poder destructivo, una comparación recurrente en estos días. Recalca que el FMI no ha constatado avance alguno en los desequilibrios entre los países que gastan, importan y se endeudan (EE UU es el mayor ejemplo) y los que ahorran, exportan y prestan (China). "Si se suma a ello que tampoco hay cambios en los desequilibrios que afectan a los mercados de materias primas, y que otras causas estructurales de la crisis no se han resuelto, no es de extrañar que dé la sensación de que estamos volviendo a 2008".

El FMI ha acumulado mensajes contradictorios en los últimos días, un signo de la ansiedad del vigilante de la estabilidad económica mundial, como le rebautizó el G-20. Aquí pesa también el precedente de 2007, cuando el Fondo no vio venir el impacto que iba a tener la crisis financiera. Pero si los expertos del Fondo tenían una idea clara, era que había que meter presión a los políticos. Y, singularmente, a la UE. "Hay una sensación generalizada de que los políticos europeos van un paso detrás de los mercados", proclamó el martes Olivier Blanchard, jefe del departamento económico del Fondo. "Les diría que dejen de combatir los síntomas y se centren en las causas profundas", siguió el miércoles el jefe del departamento financiero, José Viñals.

Un gráfico, sencillo para lo que suele gastar el FMI, sintetizaba la aproximación del Fondo a la cuestión. Si la crisis comenzó siendo de deuda privada, luego se propagó a los bancos y pasó después a las cuentas públicas, ahora ha vuelto a mudar de piel para convertirse en una crisis política.

El mensaje se ha adobado con elevadas dosis de dramatismo, un broche razonable para otro verano dominado por el temor, una expresión repetida hasta la saciedad por políticos, analistas de mercados, expertos económicos y medios de comunicación en las últimas semanas. "Hay miedo a lo desconocido". La frase, más propia de una película de terror de serie B, se recoge en el análisis que abre el informe de Perspectivas Económicas Mundiales del FMI. El Fondo ha llegado a la conclusión de que para despejar los miedos de los mercados, hay que meter presión a los políticos para que actúen. Y que la mejor manera es... con más miedo.

La secuencia recuerda a algunas de las descritas con prolijidad por la periodista canadiense Naomi Klein, que glosó el nacimiento de los movimientos contra la globalización capitalista, en el libro La Doctrina del Shock. El desastre, recuerda Klein, es un evento muy conveniente para acelerar cambios que llevan años bloqueados por la resistencia social y política. La periodista utiliza la teoría para explicar cómo se impusieron algunas recetas que tilda de neoliberales al calor de convulsiones políticas o económicas. No está tan claro que aquí sea el caso: en las recetas que se proponen para salir del atolladero conviven el recorte del sector público, el uso de fondos estatales en auxilio de la banca, más impuestos a los ricos o a las entidades financieras o una mayor integración fiscal de la zona euro. Lo que sí es cierto, es que unas van más rápidas que otras.

"Lo que ha hecho estos días el FMI es de pirómano, y ellos deberían comportarse como bomberos prudentes. Hay cierto efecto Roubini [por Nouriel Roubini, que anticipó la crisis financiera]; nadie quiere que le acusen de no haber avisado. Pero a mí me enseñaron hace mucho que cuando detectas un problema debes aportar soluciones o te conviertes en parte del problema", critica José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney. "La situación es seria, pero los mercados financieros tienden a exagerar mucho", matiza Stephany Griffith-Jones, coautora del libro Un tiempo para la mano visible junto al Nobel Joseph Stiglitz y al profesor José Antonio Ocampo.

Al reclamo del Fondo, escoltado por nuevos tropiezos en las Bolsas, la presión sobre los líderes europeos se ha redoblado. El primer ministro británico, David Cameron, en un gesto poco apreciado por sus colegas de la UE, abanderó una carta abierta de siete países del G-20 para exigir a la zona euro que resuelva ya sus problemas. El secretario del Tesoro de EE UU, Timothy Geithner, aseguraba, cada vez que se la acercaba un micrófono, que los europeos estaban a punto de multiplicar la potencia del fondo de rescates, algo que negaban los dirigentes de la UE una y otra vez. El ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, aquel que se mostró sorprendido por la codicia de los bancos de inversión estadounidenses tras haberlos dejado campar por sus respetos, daba "semanas" a la suspensión de pagos en Grecia. El ministro de Economía brasileño, Guido Mantega, que había prometido un gesto de respaldo de los gigantes emergentes, se limitó a lanzar una frase redonda y venenosa -"Europa es el epicentro de la crisis"- y a reclamar medidas "rápidas y osadas" para evitar el contagio.

Los dirigentes europeos capearon el chaparrón como pudieron, sin atisbos de cambiar su precaria hoja de ruta, tan complicada de consensuar. Porque más allá del tono, hay razones fundadas para temer otra recaída. Porque desde julio, justo cuando la UE creía haber encontrado una vía para solucionar la situación de Grecia, los mercados volvieron sus ojos sobre España, Italia y Bélgica, dando otra dimensión a la crisis. La deuda pública sometida a la presión de los inversores suma ya casi el 60% de la que emite la zona euro. Las malas perspectivas de crecimiento de la eurozona, las enormes dificultades de Grecia (y, en menor medida de Portugal) y los titubeos de Italia para hacer un plan de consolidación fiscal creíble -la agencia S&P rebajó la calificación de la deuda italiana arguyendo la "debilidad política" del Gobierno de Berlusconi- han complicado la ecuación de tal manera, que solo la intervención del BCE en el último minuto ha permitido salvar la situación.

En lo que va de año, la cotización de los bancos europeos ha caído un 40%; los fondos monetarios estadounidenses, una fuente de financiación esencial para varios gigantes financieros continentales, ha reducido a mínimos históricos su exposición a las entidades europeas; y el Fondo, en una polémica estimación, cree que las pérdidas potenciales por la devaluación de títulos de deuda pública ronda los 300.000 millones de euros, un boquete en los balances bancarios que apremia la recapitalización.

Para no ahogarse en la tormenta, la UE se agarra a la tabla del acuerdo alcanzado, con mucha dificultad, en julio, para ampliar las competencias del fondo de rescates. Y aprieta las tuercas a Grecia para que prosiga con los ajustes, antes de liberar otro tramo del crédito fijado en el primer plan de ayuda y dar paso a la segunda fase. No quiere que ningún debate le desvíe de conseguir esos dos objetivos, al alcance de la mano.

"Aunque finalmente caiga Grecia, la crisis no tiene por qué irse de las manos. Solo ocurriría así si no logran controlar los mercados de la deuda italiana y española", dice Francisco Alcalá, catedrático de Economía de la Universidad de Murcia. "Para evitarlo, habría que dejar claro que el problema de Italia y España sería de liquidez, no de solvencia; propiciar que el BCE declare abiertamente el compromiso firme de estabilizar los mercados de deuda de los países con problemas de iliquidez; y preparar medidas que eviten un posible colapso del sistema bancario", enumera. "El único que tiene recursos ilimitados e inmediatos para despejar todas las dudas es el BCE", concede Alcalá.

La exigencia de un nuevo mandato para el BCE que le permita respaldar al euro como hacen la Reserva Federal con el dólar o el Banco de Inglaterra con la libra, es común a varios expertos. "El fondo de rescate [que podrá prestar hasta 440.000 millones] es demasiado pequeño para afrontar el riesgo añadido de España e Italia. Se necesitaría una reserva de tres billones al menos, y ningún Gobierno puede con eso. La única manera de evitar la crisis es que el BCE garantice toda la deuda pública europea. Cuanto más esperemos, más profunda será la crisis. Y la recesión", avisa Wyplosz. "El fondo de rescates nunca funcionará bien. Solo puede intervenir por unanimidad de todos los países y es demasiado pequeño. El BCE debe dejar atrás los dogmatismos y anunciar que va a intervenir en los mercados permanentemente", corea De Grauwe.

Un paso así, que requiere en paralelo una abrupta integración fiscal, no parece cosa de días. Menos aún, cuando hay una oposición en varios países, especialmente de Alemania. "El problema no es tanto que los políticos no sean conscientes de lo que se juegan, sino que los electorados del centro y el norte de Europa no admiten más consideración con el sur. Hace muchos meses que se les debería estar explicando el enorme coste que tendrá para ellos una posible ruptura del euro y quién sabe si, con él, del proyecto europeo", explica Pallardó. Con esa perspectiva, los líderes alemanes, holandeses o nórdicos necesitan mucho tiempo para convencerse y convencer a su electorado de decisiones tan drásticas. Y no está nada claro que los mercados vayan a concedérselo.

"No estamos en regímenes napoléonicos en los que se chasquea los dedos para hacer reformas, estamos en democracias parlamentarias, que tienen otros procesos", recalcó la directora gerente del FMI, en otra de esas contradicciones tan frecuentes en los últimos días. "Es curioso como la presión se ha concentrado de forma exclusiva en los líderes políticos europeos, que desde luego, podrían hacer mucho más", recoge el guante Stephany Griffith-Jones. "Hay otra vez silencio sobre la responsabilidad de los mercados financieros y los bancos en la crisis de la eurozona. ¿Qué pueden hacer para resolver la situación? ¿Cómo pueden ayudar a los Gobiernos a suministrar crédito? ¿O deberían ser regulados de forma radical para que dejen de hacer tanto daño a la economía en el futuro?"

Una pregunta similar se lanzó desde la sala de prensa a los expertos del FMI. "Exigen a los políticos que pongan más de su parte, ¿creen que los bancos han hecho su parte?". La respuesta llevó decenas de palabras. Pero, en síntesis, no hubo respuesta.

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La quiebra de Lehman Brothers, en el retrovisor

"Mucha gente dice que no lo vio venir en 2008, pero ahora no hay excusa". El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, afloró en Washington una pregunta recurrente entre los políticos, los inversores, los analistas y la prensa especializada: ¿esta crisis financiera es ya comparable a la que explotó tras la quiebra de Lehman Brothers?

"La reacción de los mercados no ha sido tan intensa ni tan generalizada como fue después de aquel evento". Es la respuesta del equipo técnico del Fondo Monetario Internacional (FMI), que profundiza en la comparación en el informe de Estabilidad Financiera, presentado esta semana. Pero casi, cabría añadir a la vista de algunos de los resultados: "Durante dos semanas del pasado mes de agosto, la riqueza de los mercados bursátiles globales descendió en 7,3 billones de dólares. En las dos semanas que siguieron a la quiebra de Lehman Brothers [en septiembre de 2008] la pérdida fue de 11 billones".

"La percepción del riesgo entre los inversores es ahora mayor en el caso de la banca y la deuda pública europeas", prosigue el estudio, que basa su conclusión en el precio de los credit default swaps o seguros de impago de deuda, un mercado opaco y poco líquido. Otros indicios de la tensión en los mercados financieros son más obvios como la evolución de los principales indicadores bursátiles europeos (en mínimos desde principios de 2009) o el hecho de que los tipos de interés de los títulos de deuda pública más estables (los estadounidenses o alemanes) estén tan bajos (por su elevada demanda) que no compensan siquiera la inflación.

También hay que retrotraerse a abril de 2009 para encontrar tanta presión en el mercado interbancario europeo como ahora (el coste al que se prestan los bancos entre sí a corto plazo). La respuesta, en suma, es poco esperanzadora para los próximos meses. Las tensiones financieras se acercan a las que se produjeron en 2008 y entonces eso derivó en un estrangulamiento del crédito a la economía real, y en último término, en la Gran Recesión. Sin llegar a aquellos extremos, los técnicos del FMI estiman que hay un 40% de probabilidades de que la economía estadounidense, que suele anticipar la contracción en los países avanzados, entre en recesión en el último trimestre de 2011.

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Una recuperación abortada antes de despegar

Entre 2008 y 2010, el FMI cometió errores de bulto al anticipar cuál sería el comportamiento de la economía española en plena tormenta financiera. Según la escuela de negocios Esade, ningún analista, nacional o extranjero, público o privado, que evalúe de forma regular la coyuntura española se equivocó tanto como los expertos del Fondo, con la excepción de otro organismo internacional, la OCDE. Pero esta vez, todo hace indicar que su sombrío pronóstico es certero: las últimas revisiones de otros analistas se acercan a su vaticinio, cuando no lo empeoran. Justo al contrario que el año pasado, cuando la referencia en los últimos meses fue el pronóstico del Gobierno, entre los más optimistas.

"Sólo el buen comportamiento de nuestras exportaciones de bienes, con un crecimiento del 20% anual y del turismo evitaron que España entrara en recesión", recalca José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney, al evocar el inicio de la crisis de deuda pública, que culminó con el primer plan de rescate a Grecia, en mayo de 2010. Ahora el encarecimiento de la financiación para bancos, Gobiernos y empresas de los países más cuestionados por los mercados, España entre ellos, vuelve a ser notable. Y, lo que es peor, con el enfriamiento de buena parte de las economías avanzadas, "las perspectivas del comercio mundial son preocupantes", en palabras de Díez. El único asidero a la recuperación es cada vez más resbaladizo. En el último año y medio, el tono de la recuperación de la economía española ha dependido, casi en exclusiva, del sector exterior, que escapa a la crítica recurrente sobre la baja productividad y los altos precios. Con el consumo estancado, la inversión lastrada por el ladrillo y el gasto público en retirada, el crecimiento se mide por los avances de las exportaciones, lo que simplifica el pronóstico. La ralentización de la zona euro, destino del 55% de las ventas españolas, ya se dejó notar en la exportación de mercancías en el segundo trimestre.

Entre abril y junio, la economía española apenas creció un 0,16% respecto al trimestre anterior, lo que deja la variación interanual en la primera mitad del año en un escaso 0,8%. Las predicciones que desveló esta semana el Fondo Monetario Internacional anticipan que el crecimiento anual para el conjunto de 2011 no pasará de ahí. Y que en 2012 el avance no será mucho mayor (1,1%).

El Gobierno, que no ha tocado sus previsiones desde abril y no tiene intención de hacerlo en lo poco que queda de legislatura, sostiene aún que la economía española crecerá un 2,3%. Para los analistas privados, que sí incorporan los datos más recientes, el dictamen es claro: lo que viene es un frenazo en seco de la recuperación.

A principios de mes, la Fundación de Cajas de Ahorro ya limitó al 1% su previsión de crecimiento para 2012, en línea con lo que luego haría el FMI. El servicio de estudios de BBVA advirtió entonces que el avance trimestral entre julio y septiembre no pasaría del 0,1%, pero era algo más optimista para el próximo año. Este jueves, en una revisión "extraordinaria" de sus previsiones a la vista de las turbulencias financieras, se apuntó también al 1% para 2012. Y lo mismo hicieron los expertos de Barclays Capital, tras revisar a la baja su estimación.

Además de una desaceleración de las exportaciones, el nuevo escenario se apoya en un descenso del consumo público, reflejo del mayor ajuste presupuestario que tendrán que hacer las Administraciones ante la debilidad del crecimiento y, por tanto, de los ingresos. Un claro ejemplo de una peligrosa espiral (menos crecimiento, más consolidación fiscal, menos crecimiento...) que se retroalimenta.

El corolario de este cortocircuito en la recuperación es que deja sin margen al mercado laboral para crear empleos. Y que el enorme volumen de paro acumulado durante la crisis financiera será casi imposible de reducir en los próximos meses. El servicio de estudios de BBVA cree que la tasa de desempleo se mantendrá cerca del 21% éste y el próximo año. O lo que es lo mismo, que la sociedad española tendrá unos cinco millones de personas en paro hasta bien entrado 2012.

LA METAFORA DEL CUARTO DE BAÑO

Por Isaac Asimov

Triple A = Ay, Ay, Ay…

Escribe Luis Casado – 02/08/2011

 

Los países del primer mundo están cada día más acojonados con el cuento de la nota Triple-A, o AAA según se prefiera.

 

Las agencias de calificación de deuda, esos rufianes con patente de corso cuya principal característica es equivocarse siempre, -salvo cuando se trata de ganar plata especulando y cometiendo tropelías ligadas a los conflictos de interés-, amenazan un día sí y el otro también con rebajar la nota de la deuda soberana (pública) de tal o cual país. La consecuencia es de una sencillez bíblica: una nota más baja significa que dicho país representa un “riesgo” mayor, y por consiguiente debe pagar tasas de interés más altas para financiar su deuda. Grecia, por ejemplo, no logrará pagarla nunca y por el contrario verá aumentar el monto de lo adeudado año tras año.

 

Que Standard & Poor’s, Fitch y Moody’s no tienen ninguna credibilidad no lo digo sólo yo. El 9 de agosto, Kent Moors, cronista de la conocida consultora financiera Money Morning,  comentó la rebaja de la nota de los EEUU del modo siguiente:

 

“Jack Bogle, el legendario fundador y ex presidente del Vanguard Group, llama a Standard & Poor’s  ‘la banda de cuatreros que no logra disparar correctamente’. Creo que es un buen modo de caracterizar una desgracia disfrazada de agencia de calificación. Vea Ud., estos son los mismos tipos  cuya ‘opinión’ fue regularmente descartada como risible durante la debacle de las hipotecas subprime. Los mismos matones codiciosos que ganaron mucho dinero adjudicándole notas Triple-A a las obligaciones basadas en hipotecas basura, contribuyendo directamente a la crisis mundial del crédito”.

 

Se ve que Kent Moors no es el tipo de “experto” que pringa las redacciones de la TV y los diarios chilenos. Pero la pretendida infalibilidad de los gurús ya no hace reír a nadie. Christine Lagarde, la procesada por malversación de fondos públicos que sucedió a Dominique Strauss-Kahn en la Dirección del  Fondo Monetario Internacional, pone en duda la solidez de los bancos europeos y precisa que las pérdidas que hay que solventar superan los 200 mil millones de euros. La nada misma. Por si fuese poco, una eventual insolvencia de la deuda soberana de Irlanda, Grecia, Portugal, España, Bélgica e Italia podría desatar efectos catastróficos en Francia y en Alemania. En claro, Christine Lagarde reclama que la banca europea se recapitalice y mientras más pronto mejor.

 

Curiosamente, el 23 de julio una tal Lagarde Christine, entonces ministro de Finanzas de Francia, declaraba a propósito de los test de esfuerzo a los que fueron sometidos los bancos europeos: “Estos buenos resultados traducen la solidez del conjunto del sector bancario francés, y en particular el significativo refuerzo de los fondos propios de los bancos franceses en el curso de los últimos meses así como una controlada exposición a los riesgos de la deuda soberana.

 

Como dice el semanario Le Canard Enchaîné,  los “controlados” riesgos que corría la banca francesa hacen dos meses, ahora son incontrolados. Mejor aún, Lagarde, que hace cinco semanas rechazaba toda intromisión de los Estados en la economía, declara ahora: “La solución más eficiente sería una recapitalización sustancial obligatoria de los bancos europeos, con fondos privados en una primera fase, pero también con fondos públicos si es necesario”. ¿Nacionalizamos los bancos Christine?

 

Jean-Claude Trichet, -presidente del Banco Central Europeo-, se pregunta si Christine Lagarde no perdió algún tornillo y asegura: “La idea que pudiésemos tener un problema de liquidez en Europa es totalmente falsa”.

 

¿A quién creerle? ¿A Christine Lagarde, que dice todo y su contrario? ¿O a Jean-Claude Trichet, que la víspera del crac bursátil de 1986 afirmaba: “la Bolsa tiene un bello avenir delante de ella”? Se trata del mismo Trichet que en los años 1990, como Director del Tesoro, ocultó deliberadamente la catástrofe del Crédit Lyonnais. Un  fiscal requirió 10 años de prisión firme en su contra…

 

Lo peor es que el futuro no pinta muy bien, porque Trichet debiese ser remplazado este año por el ministro de Finanzas de Berlusconi. En mayo de este año los alemanes hicieron saber que no les gustaba la idea de remplazar a Trichet por un “tramposo” italiano… A los alemanes les gustan solo los tramposos alemanes, o en estricto rigor, franceses.

 

Nosotros, el personal, seguimos pagando las habas que se comió el burro.

 

 

Louis Casado

Editor de "Politika" - www.laizquierda.cl

“La Izquierda designa a quienes no admiten ningún derecho a veto por sobre la voluntad del pueblo soberano”.

 

QUE HACER ANTE EL CHANTAJE FINANCIERO

Por Xabier Arrizabalo, Profesor Titular de Economía política de la Universidad Complutense de Madrid.

 

Mucho ha cambiado la economía mundial a lo largo de los últimos veinte años, al menos aparentemente.

Estos veinte años coinciden con los que llevo enseñando economía en la Universidad Complutense de Madrid. Siempre apoyándome en el método marxista, el que culmina la mejor tradición del pensamiento económico (con antecedentes como Quesnay o Ricardo).

Hasta la crisis actual, no pocos estudiantes recibían la referencia a este método, a priori, con cierto escepticismo, sin duda por el abrumador predominio político y académico de la que Marx llamaba “economía vulgar” (puramente propagandística).

En estos últimos cursos, sin embargo, no sólo se reducido dicho escepticismo, sino que buena parte de los estudiantes reclaman una explicación seria de las causas profundas de la grave situación actual y, por tanto, hay una gran acogida al marxismo (incluso con un nuevo Diploma monográfico en la propia Complutense).

 

El porqué de este cambio parece obvio: la grave situación social provocada por el contexto de crisis.

Ahora bien, ¿realmente es esta crisis la causa? En tal caso, ¿puede esperarse que se supere la crisis y se revierta el deterioro social? ¿O, por el contrario, ella no es más que la expresión más descarnada de una tendencia que viene de lejos y es inherente a las exigencias del capital hoy, en su estadio imperialista?

Ciertamente, la crisis actual va mucho más allá de su expresión financiera o monetaria. Constituye una auténtica encrucijada histórica, como se aprecia en el cuestionamiento frontal de las principales conquistas obreras y democráticas, amenazándose así las condiciones de vida de la mayoría de la población.

 

¿Cómo era la situación antes de la crisis? En términos históricos, el periodo que transcurre entre las crisis de los setenta y la actual sólo puede caracterizarse como una etapa de inestabilidad e incertidumbre.

Finalmente, toda la retórica sobre la globalización no escondía más que la mundialización de las políticas fondomonetaristas de ajuste permanente (privatizaciones, desreglamentación, etc.), para tratar de restaurar la rentabilidad capitalista, a costa de todos los componentes salariales: directos, diferidos para pensiones e indirectos para los derechos sociales a la educación y a la sanidad universal, de cara a impulsar la acumulación, ante la agudización de las contradicciones inherentes al capitalismo.

Es decir, una huída hacia delante cuyo principal resultado es la regresión social. En el caso español, el indicador que mejor lo resume es el empeoramiento de las condiciones de vida de las nuevas generaciones, como se muestra en la creciente dificultad para que los jóvenes puedan construirse una vida independiente al llegar a la edad adulta.

¡A pesar de que las posibilidades materiales no han dejado de acrecentarse en los últimos lustros, y muy aceleradamente, gracias al desarrollo científico y técnico!

 

La situación actual de Europa es la máxima expresión de la mencionada encrucijada histórica.

Desde la constitución de los primeros partidos y sindicatos obreros a finales del siglo XIX, la principal singularidad europea ha sido la institucionalización de importantes conquistas sociales, que van desde la legislación laboral que limita la explotación hasta la enseñanza o la sanidad públicas.

Por eso, el papel de la UE ante la crisis, como agencia al servicio del FMI para imponer el dictado del capital financiero, desvela una realidad profundizada desde el Tratado de Maastricht de 1991 (que, precisamente, da este ampuloso nombre de UE a una institución creada en la segunda posguerra mundial al amparo de la potencia dominante, EEUU).

En plata: la Unión Europea, más allá de toda retórica propagandística, es literalmente la negación de Europa, de todos los progresos sociales con los que la “vieja” Europa es identificada (el plan Bolonia y la entrada masiva del capital privado en la universidad pública es un ejemplo señero de cuestionamiento del derecho a la educación superior).

El euro, el camino a la moneda única que entonces se impuso, y su posterior desarrollo, ha sido, y sigue siendo, el principal mecanismo para el disciplinamiento fondomonetarista de la política económica (que, en el colmo de la negación de la democracia, se trató de constitucionalizar, aunque esta pretensión fue derrotada en los referéndum francés y holandés; sin embargo se vuelve a ella en el “Pacto por el euro” de marzo pasado, en el que, además, la subordinación al FMI se hace explícita).

 

Con el mercado único acordado en el Acta Única de 1986, que entró definitivamente en vigor (con algunas excepciones) en 1993, la UE abrió una primera puerta al chantaje del capital.

La libre circulación de mercancías y capitales hacía posible la amenaza de deslocalización. Que, efectivamente se llevaba a cabo, salvo que se aceptaran las exigencias del capital, siempre centradas en unas mejores condiciones para la explotación.

A continuación el euro abre todas las puertas y ventanas de par en par. Así, las agencias de calificación, en manos del capital financiero estadounidense, no hacen sino materializar ese chantaje de la forma más amplia posible: ya no se trata de tal o cual medida puntual favorable a un capital particular, sino de la orientación del conjunto de la política económica, a la que se exige vueltas y nuevas vueltas de tuerca en el terreno de las contrarreformas laborales, el recorte de las pensiones, el cuestionamiento de la negociación colectiva o los ataques a la enseñanza y sanidad públicas.

 

Se sabe que ceder a un chantaje abre una dinámica ilimitada de nuevos chantajes, cada vez mayores (véase, en otro terreno, la novela “El país del miedo”, de Isaac Rosa). ¿Qué hacer entonces?

Hasta ahora, no sin grandes resistencias, los principales partidos y sindicatos de origen obrero se han orientado o bien por gestionar los recortes, o bien, en el mejor de los casos, por tratar de minimizar su impacto.

Sin entrar en otras consideraciones, esta orientación se ha revelado muy negativa, pues cada cesión conlleva un envalentonamiento del capital que siempre exige más.

En el caso español, veinte años de “moderación salarial para priorizar el empleo” han provocado el resultado conocido: un fuerte deterioro salarial y mayor desempleo y subempleo que nunca.

La alegación de que no había disposición para la movilización ha saltado por los aires con la amplitud e intensidad del 15-M que muestra precisamente la pérdida del miedo.

 

Pero no basta con la movilización por la movilización. Es necesario combatir el corazón del chantaje, lo que aquí pasa por exigir como punto de partida innegociable la retirada de las últimas medidas antisociales (contrarreforma laboral, recorte de las pensiones, ataque a la negociación colectiva, recortes de salarios y empleo en el sector público, etc.).

Y, más allá pero urgentemente también, abordar la nacionalización o renacionalización de las empresas y servicios cuya privatización ha mostrado la imposibilidad de conciliar el objetivo de rentabilidad capitalista con los derechos de la población: telecomunicaciones, energía, etc. pero antes que nada el chantajista por excelencia, el financiero.

La potencia del análisis marxista radica sobre todo en que va más allá de cómo se manifiestan superficialmente los fenómenos, indagando en sus causas profundas (“toda ciencia sería superflua si la forma de manifestación y la esencia de las cosas coincidiesen directamente”). 

Esto implica exigir inequívocamente la liquidación del euro y de las instituciones europeas al servicio del capital. ¿Próxima estación de ese recorrido? La huelga del 15 de octubre y la articulación organizativa de las movilizaciones.