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Economía con Máximo Kinast

Modus Operandi

¿Un premio Nobel de economía es soluble en ácido sulfúrico?


¿O al menos en agua bendita?

 

Escribe Luis Casado – 29/10/2011

 

Un buen amigo, aún mejor periodista y escritor, me señaló hace unos días lo que considera un error de mi parte: una cierta facilidad para meterme al bolsillo a los premios Nobel de economía. Ello genera, me dijo, una indefinible molestia en el lector que puede muy bien apartarlo del propósito que persigues: una muy saludable crítica de los economistas y los dogmas que venden como artículos de fe o reliquias  traídas de la Tierra Santa. Puede ser. No me atreví a recordarle que el premio Nobel de economía no existe, ni a decirle que para sorpresa mía los estudiantes de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile lo ignoran. No hubiese hecho sino reforzar la percepción de mi amigo, y tal vez aumentar su confusión. Como quiera que sea releí la nota titulada “Cinco Nobel de economía” (27/07/2008) que provocó la desazón de este lector que aprecio. Nada que quitarle ni ponerle: los cinco eminentes economistas convocados por El Mercurio siguen estando a la altura del unto, aún cuando yo mismo no sepa dónde se sitúa.

 

Lo simpático es que Christopher Pissarides, pseudo premio Nobel de economía 2010, demuestra una vez más que el Sveriges Riksbank Prize sigue siéndole atribuido a los boludos. Me explico. Entrevistado por el diario madrileño ‘El País’, Pissarides, un “especialista en mercado laboral”, explica las razones que llevaron a la catástrofe actual que, con más de cinco millones de parados, ve empinarse la tasa de cesantía española por encima del 21%:

 

Para entender lo que ha ido mal en este país hay que remontarse a finales de los años setenta y a los años ochenta, cuando se dio a los trabajadores unos poderes y privilegios que la economía no podía permitirse. Estoy a favor de apoyar a los trabajadores, de aumentar las rentas y de adoptar medidas para reducir la pobreza, pero solo si la economía se lo puede permitir.”

 

Para Pissarides los culpables de sus desdichas son los propios trabajadores, algo que no es novedad en los economistas neoliberales como lo puse en evidencia en mi libro “No hay vacantes” (Ed. El Periodista - Santiago 2004) en el que analicé detenidamente las descabelladas teorías elucubradas para explicar la cuestión del desempleo.

 

Nótese que a los trabajadores españoles se les concedieron “poderes y privilegios”. Son pues, en la opinión de Pissarides, lo que conviene llamar unos ‘potentados privilegiados’. Que no se crea que a este eminente economista le falte corazón. No. Por el contrario. Pissarides está “a favor de apoyar a los trabajadores, de aumentar las rentas y de adoptar medidas para reducir la pobreza, pero solo si la economía se lo puede permitir.”

 

Desde luego, la economía española, que desde los años 70 ha visto crecer los beneficios de la banca y de las grandes empresas en modo exponencial, no puede permitírselo. Hay en las palabras de Pissarides un detalle cronológico que tiene una cierta importancia: a los trabajadores españoles se les dio “poderes y privilegios” a la muerte de Franco y el fin de la dictadura. El modelo chileno aún no había logrado la celebridad de la que hoy disfruta gracias a su éxito más apreciado: la consolidación de un modelo, impuesto en dictadura, que despoja a los trabajadores de sus derechos más elementales. Y cuyo corolario, para decirlo en las palabras de Roberto Fantuzzi, es que Chile es “considerado uno de los países más seguros de América Latina, para realizar negocios.” E incluso negociados.

 

Pissarides nos recuerda las palabras del magistrado José Gregorio Hernández relativas a la muerte programada de los derechos cívicos en Colombia (Politika - Año II - Edición Digital Nº 12 (01.10.2011). Las modificaciones que el gobierno de Juan Manuel Santos le introdujo a la Constitución de 1991 supeditan el ejercicio de tales derechos a su “sostenibilidad fiscal”. El magistrado Hernández dice, con razón, que “el Estado Social de Dere­cho es, de ahora en adelante, apenas un adorno lingüístico dentro de un conjunto de nor­mas que hace prevalecer el factor económico cuyo con­tenido será definido en cada caso por los burócratas de turno…” O por un premio Nobel amaestrado, domesticado y estipendiado para clamar que la democracia y el Estado de Derecho son posibles solo “si la economía se lo puede permitir”.

 

Con relación a la precarización de los asalariados españoles Pissarides estima que “La creación de los contratos temporales en la España de los años ochenta fue una buena decisión, porque la economía crecía y era más fácil crear empleo. Pero la medida tuvo el efecto contrario cuando la economía comenzó a contraerse…”

 

Uno sabe que eso es una mentira, que tal vez quiso decir lo contrario, que los empleos a tiempo parcial suelen justificarse cuando la economía se contrae y no al revés. Si se intenta reparar el daño causado, no es posible. ¿Por culpa de quién? Pissarides nos lo aclara: “Reformar los dos tipos de contrato es, desde luego, un movimiento en la buena dirección, pero no ha ido lo suficientemente lejos por la resistencia de los sindicatos.”

 

Si la culpa de todo la tienen los trabajadores, es justo que paguen los trabajadores. Ese es el dogma de Pissarides. Al rechazar la dualidad de contratos (fijo y precario), este premio Nobel se descubre y queda desnudo:

Antes que nada, creo que los contratos deberían dejarse en manos del sector privado. El Gobierno no debería interferir. Lo que sí es asunto del sector público es la prestación por desempleo, que debería aplicarse a todo tipo de trabajadores y que debería ser gradual: nada al principio, un poco después de seis meses de trabajo, por ejemplo, y subir gradualmente la cantidad sin llegar demasiado lejos, hasta un máximo de 10 años.”

 

En pleno siglo XXI Pissarides nos recuerda las tesis elaboradas por Joseph Towsend, en su “Dissertation on the Poor Laws” del año 1786, con relación a los estímulos que mueven a los miserables a la hora de buscar trabajo:

“… el hambre no es solo un medio de presión pacífico, silencioso y constante, sino que como es el móvil más natural para la laboriosidad y el trabajo suscita el esfuerzo más potente.”

 

Los seguros de desempleo, bajo diferentes formas, no son “asunto del sector público” como pretende Pissarides, sino una forma de combatir la miseria creada por los propios trabajadores organizados allá por el siglo XVII. Las Corporaciones de la Edad Media ya habían creado una suerte de fondo común para eso.

 

La “generosidad” de Pissarides lo obliga a precisar que las prestaciones deben ser moduladas, muy moduladas: “…nada al principio, un poco después de seis meses de trabajo, por ejemplo, y subir gradualmente la cantidad sin llegar demasiado lejos…” Cuestión de evitar que el cesante prefiera vivir de la “prestación por desempleo” en vez de buscar trabajo. Triste Pissarides: la ministro del Trabajo Claudia Serrano, -sin ser premio Nobel de economía-, había comprendido que lo que aumenta las estadísticas de desempleo son precisamente los currantes que buscan laburo. ¡Por eso les rogó que no saliesen a buscarlo!

 

Tal vez el periodista del diario ‘El País’ buscaba una primicia cuando le preguntó a Pissarides: ¿Cuándo podrá España crear empleo?” Uno imagina a cinco millones de parados ansiosos por leer la respuesta, para no hablar de un Zapatero que quisiera salvar un mínimo de reputación antes de regresar al anonimato del que nunca debió haber salido.

 

La respuesta de Pissarides bien vale el pseudo premio Nobel que le dieron:

Los puestos de trabajo los crean los empresarios privados, y llegarán cuando se recupere la confianza en la economía.”

¿Plop? ¿Exigimos una explicación? Esa indigente respuesta podría darla cualquier estudiante de economía de primer año, e incluso algún senador chileno.

 

Sin embargo, ‘pauta’ obliga, el periodista vuelve a la carga y pregunta: “¿No cree que poner en marcha nuevos estímulos a la economía ayudaría a reducir el paro?” Recordemos aquí que los “Cinco Nobel de economía” que critiqué en su día se referían precisamente a este tema. Imbuido de la doxofilia que caracteriza a los talibanes del libre mercado Pissarides enciende las luces rojas:

Sería peligroso volver a los estímulos, a menos que haya confianza plena en los nuevos acuerdos de disciplina fiscal.”

 

Que las medidas de austeridad hayan profundizado y acelerado la contracción de las economías europeas es un hecho que no parece tocarle ni con el pétalo de una rosa. Que Obama lance un programa de cientos de miles de millones de dólares para crear empleo no le inmuta. Pissarides dispone de un catecismo propio. Lo que le inquieta es la deuda soberana, pero no dice ni una palabra a propósito de la especulación financiera que está en el origen de la deuda soberana española y europea. El rescate con dinero público de un sistema financiero quebrado porque rufián e irresponsable no le provoca el más mínimo comentario. ¿La especulación inmobiliaria en España? Pissarides nunca oyó hablar.

 

Habida cuenta que Pissarides posa de “especialista del mercado laboral” el periodista termina con una pregunta relativa al papel que debiesen jugar los sindicatos en una sociedad como la española. La respuesta vale el viaje e incluso una estadía prolongada:

Lo más importante no es cuánta fuerza o cuánto poder tienen los sindicatos, sino cómo lo utilizan. La ley otorga todavía más poder a los sindicatos en Escandinavia, pero lo utilizan de forma cooperativa. Se preocupan más por la economía en general que por sus militantes. Parece que a los sindicatos españoles les preocupan más sus militantes con trabajo que los jóvenes con contratos temporales o las mujeres que quieren entrar en el mercado laboral. Abusan de su poder al negociar solo en beneficio de sus miembros. Los sindicatos británicos estuvieron en esa situación hasta los años ochenta, cuando el Gobierno les recortó buena parte de su poder. A pesar de tener el apoyo de los sindicatos, el Gobierno laborista siguió la misma línea porque llegó a la conclusión que era lo mejor para el país y para la economía en general.”

 

Vamos por partes. Hay sindicatos buenos y sindicatos malos. Los buenos sindicatos son los de Escandinavia que utilizan su fuerza, o “su poder”, de “forma cooperativa”. Por “cooperativa” Pissarides entiende que los sindicatos escandinavos ‘cooperan’ con las empresas y los gobiernos, sin enfrentarse en conflictos que pudiesen ser calificados de lucha de clases. Porque “Se preocupan más por la economía en general que por sus militantes”.

 

Pissarides inventa las organizaciones que no deben ocuparse de los intereses de sus afiliados, sino de generalidades. Ejemplo: la asociación patronal de la industria textil no debe ocuparse de lo que aflige a los empresarios textiles sino de la industria textil “en general”. Para un premio Nobel de economía… ¿Qué es “la economía en general”? ¿Bill Gates no se inquieta de los resultados de Microsoft sino de la informática en general?

 

Para condenar a los sindicatos españoles Pissarides no teme contradecirse:

Parece que a los sindicatos españoles les preocupan más sus militantes con trabajo que los jóvenes con contratos temporales o las mujeres que quieren entrar en el mercado laboral.”

Un minuto antes había declarado, perentorio:

Los puestos de trabajo los crean los empresarios privados, y llegarán cuando se recupere la confianza en la economía.”

Según Pissarides, los sindicatos no tienen nada que ver en la creación de empleo. ¿Por qué razón debiesen preocuparse por los desempleados? Después de todo, los empleos “llegarán cuando se recupere la confianza en la economía”. ¿Quién destruyó la confianza en la economía Sr. Pissarides? ¿Los sindicatos?

 

Pissarides no le teme al ridículo cuando plantea que los sindicatos “Abusan de su poder al negociar solo en beneficio de sus miembros”. ¿En beneficio de quién deben negociar los sindicatos? Puede que Pissarides, el “especialista en mercado laboral” no haya leído “Las uvas de la ira” de Steinbeck… Tom Joad, Tom Joad y Preacher Casy, triste Pissarides, si no lees a Steinbeck por lo menos vete a ver el film de John Ford.

 

Por si quedasen algunas dudas acerca de su filiación fanática y dogmática, Pissarides exulta: “Los sindicatos británicos estuvieron en esa situación hasta los años ochenta, cuando el Gobierno les recortó buena parte de su poder.”

 

Pissarides se refiere, con fervor, a la obra de la inolvidable Margaret Thatcher, la ‘dama de hierro’, aquella que en el culto del individualismo fue hasta negar la existencia de nada parecido a una “sociedad”.

 

La celebración de Pissarides va hasta a reconocer que la socialdemocracia perseveró en las políticas ultra-liberales de Thatcher:

A pesar de tener el apoyo de los sindicatos, el Gobierno laborista siguió la misma línea porque llegó a la conclusión que era lo mejor para el país y para la economía en general.”

 

Fantástico, triste Pissarides. Ahora explícanos por qué razones el sistema financiero británico está quebrado, por qué los servicios públicos están transformados en una miseria, por qué la economía del Reino Unido está en franca recesión o a punto de estarlo, por qué razones el PIB de su economía desindustrializada juega al yo-yo, por qué los gobiernos laboristas, y ahora conservadores, se empeñan en rescatar la banca privada con dinero público, por qué la tasa de desempleo alcanza niveles inaceptables, por qué razones los ingratos británicos están tan Indignados y salen a la calle a mostrar su indignación.

 

Después de madura reflexión, y aún cuando aprecio en lo que vale el consejo de mi amigo, ese gran profesional de las letras, seguiré denunciando a los economistas, y en particular a los pseudo premios Nobel de economía,  como lo que son: indigentes intelectuales remunerados como mercenarios al servicio de la propaganda y la justificación de un orden injusto.

EL INVENTOR DEL BANCO

EL INVENTOR DEL BANCO

NACIONALIZANDO LOS BANCOS...

Escribe Luis Casado – 10/10/2011

 

No hace mucho, -hasta antes del 2007-, cada vez que se me ocurría mencionar la necesaria nacionalización de los bancos, me miraban como una especie de alienígeno recién llegado de algún exoplaneta. Sobre todo los “progresistas” para quienes la prueba de virginidad neoliberal es la cruz cotidiana. Sin embargo hoy en día te nacionalizan un banco con la misma frecuencia con la que se cambian de slip, o sea una o dos veces a la semana.

 

El Crédit Local de France (CLF), -un banco público-, nació en el seno de la Caisse de Dépôts et Consignations (CDC) para financiar los proyectos de los municipios y gobiernos provinciales de Francia. El CLF nunca tuvo el menor problema. Pero en abril de 1991 fue privatizado por el gobierno del “socialista” Michel Rocard, una especie de cacatúa de los intereses del gran capital. Algún genio de las finanzas propuso fusionar el Crédit Local de France con el Crédit Communal de Belgique, y de ese modo nació en el año 1996 un poderoso banco privado: Dexia.

 

En el año 2008, dando pruebas fehacientes de la incomparable eficiencia de los privados, Dexia quebró y por consiguiente los Estados francés, belga y luxemburgués tuvieron que “rescatarlo” con dinero público. Con una generosidad que nunca tienen para con los miserables, los tres gobiernos pusieron 6 mil 400 millones de euros.  En estos días Dexia volvió a quebrar, -de los 6 mil 400 millones de euros nunca más se supo-, y cada gobierno recupera (pero ahora endeudado y en quiebra) el banco que privatizó “para darle liquidez a los mercados”. La prensa internacional titula, sin la sombra de alguna reflexión crítica: “Bruselas, París y Luxemburgo desmantelan Dexia”. Lo que queda del Crédit Local de France regresa a la Caisse de Dépôts et Consignations (CDC) en lo que conviene llamar una revolución: un (costoso) giro en 360º para volver al punto de partida. ¿Suena conocido?

 

Para alegría de los contribuyentes, los Estados, -que confiesan no disponer de nada en caja-, deben aportar 90 mil millones de euros más en garantías públicas para asegurar las necesidades de financiamiento de lo que fue el banco nº1 en el mundo en materia de crédito a los poderes locales. ¡Bravo los artistas!

 

Pero el circo no termina allí. Decenas de bancos europeos que han soportado todos los “crash tests” a los que han sido sometidos por los “expertos”, comienzan a revelar parcialmente lo que han ocultado durante tres o cuatro años: que también están quebrados. Le echan la culpa a Grecia y a la crisis de la deuda soberana, que curiosamente constituyen el mejor negocio que nunca se haya inventado. Te explico. El Banco Central Europeo (BCE) tiene prohibido prestarle plata a los gobiernos. De modo que le pasa el dinero a los bancos privados a tasas de 0%  a 1,25% al año, y estos se lo prestan a Grecia a tasas del 18% anual. Los “eficientes” bancos privados ganan pues la diferencia, entre un 16,75% y un 18%, sobre sumas gigantescas que no les pertenecen, sin mover un músculo. Pero el chiste aún no termina, espera ahí. Como las agencias de calificación de deuda degradaron la nota de Grecia, insinuando que no podrá pagar su deuda pública, los bancos privados le pasan sus créditos… al Banco Central Europeo quién les devuelve el equivalente en dinero fresco. ¿Qué tal? Claro, el BCE les cobra un “descuento” del 10% sobre las tasas de interés, y se queda con la totalidad del riesgo. En vez de ganar 18% los bancos privados sólo reciben un 16,2% por su incomparable servicio.

 

¿Cómo hacen para quebrar? Misterio. No muy profundo: en realidad su voracidad infinita no se satisface con esquilmar a los Estados europeos, y se dedican a especular en los mercados de alto riesgo con dinero que, repito, no les pertenece. Por eso quiebran.

 

De ahí que Nicolas Sarkozy y Angela Merkel se hayan reunido por la enésima vez, para convenir de la necesidad de recapitalizar los bancos europeos, o sea nacionalizarlos. Ni más ni menos.  Y anuncian un plan de 200 mil millones de euros que no tienen ni el Estado alemán ni el Estado francés, y que para más inri son ampliamente insuficientes si se trata de resolver la crisis de la deuda soberana europea. ¿Capici?

 

Si el monto necesario para comprar los botes que exige este naufragio excita tu curiosidad, te cito la cifra mencionada por un par de chatos más serios: algo más de 2 billones de euros. La nada misma.

 

El resultado de la eficiencia de la libre competencia en los mercados financieros. ¡Azúcar!

 

 

Politika

www.laizquierda.cl

La Izquierda designa a quienes no admiten ningún derecho a veto por sobre la voluntad del pueblo soberano

La crisis financiera. Guía para entenderla y explicarla. Comentario de Pascual Serrano

El economista Juan Torres denunciaba en su libro La crisis financiera. Guía para entenderla y explicarla que en la página web del Deutsche Bank se podía leer un anuncio que decía “¿Quiere recoger los frutos de un posible aumento de los precios de los productos agrícolas? Deutsche Bank, como distribuidor, le propone dos maneras de beneficiarse”.

Y a continuación presentaba dos productos financieros a través de SICAV luxemburgueses.

Aquí en España, Caixa de Cataluña anuncia su “Depósito 100% natural”.

Según afirman, este depósito te da la posibilidad de obtener una rentabilidad muy atractiva condicionada por la evolución de una cesta formada por tres materias primas como el azúcar, el café y el maíz.

Es decir, el inversor destina un mínimo de mil euros a un fondo que logra beneficios en la medida en que suba el precio de estos tres productos que, como todo el mundo sabe, son básicos en la dieta y economía de millones de personas del Tercer Mundo.

Así, si sube el precio del maíz, miles de personas pasarán hambre mientras el inversor de Caixa de Cataluña gana dinero. “Cómo hacerse rico con el hambre de los demás”, podría anunciar su publicidad. 

Gonzalo Fanjul escribe en su blog de El País el post titulado “¿Juega tu banco con el hambre del mundo?”(1). Allí recuerda que Michael Masters, en la actualidad administrador de fondos de Masters Capital Management, denunciaba hace unas semanas en The Guardian(2) la especulación con los alimentos y afirmaba que "la gente muere de hambre mientras que los bancos hacen su agosto en los alimentos”.

Según señala el editor de The Guardian de temas de medioambiente, John Vidal, “se piensa que los mismos banqueros, fondos de inversión y actores financieros cuya especulación en los mercados financieros globales causaron la crisis hipotecaria de las sub-prime están provocando la inflación y el comportamiento 'yo-yo' de los precios de los alimentos.

La acusación contra ellos es que aprovechándose de las desregulación de los mercados globales de materias primas, están ganando miles de millones al especular con la comida y causar miseria en todo el planeta”.

En su opinión, a mediados de los noventa, debido a las presiones de bancos y fondos de inversión sobre los políticos de Estados Unidos y Gran Bretaña, la normativa relativa a mercados de productos básicos fue abolida.

De modo que contratos de compra y venta de alimentos se convirtieron en "derivados" que podían ser comprados y vendidos entre comerciantes que no tenían nada que ver con la agricultura.

Así nació un nuevo mercado irreal, el de la "especulación alimentaria". Cacao, zumos de frutas, azúcar, alimentos básicos, la carne y el café son ahora productos del mercado mundial, junto con el petróleo, el oro y los metales.

Después, en 2006, llegó en Estados Unidos el desastre de las hipotecas de alto riesgo y los bancos y especuladores huyeron en estampida a mover miles de millones de dólares en fondos de pensiones y acciones en mercancías exentas de riesgo, y en especial los alimentos.

Michael Masters declaró en el Senado de los EE.UU. que en 2008 comenzó la especulación con el objetivo de subir los precios mundiales de los alimentos.

Según Masters, "cuando observabas los flujos financieros se mostraba una clara evidencia que conocían muy bien los inversores, que la mayor parte del negocio [alimentario] es especulación; yo diría que entre un 70 y un 80 por ciento".

Pues bien, ahora ya sabemos que esos especuladores no están tan lejos de nosotros, puede ser nuestro vecino o nosotros mismos y en nuestro mismo barrio puede estar la entidad financiera que utiliza el dinero para lograr que suba el precio de los alimentos básicos a costa de la vida de millones de personas.

Eso sí, Caixa de Catalunya tiene también un Depósito Solidario, en el cual se destina el 50% de los intereses que debe cobrar el inversor a un proyecto de su obra social. Es decir, ponen en marcha su obra social con los beneficios de sus clientes no con los del banco.

Www.pascualserrano.net

1) Fanjul, Gonzalo. “¿Juega tu banco con el hambre del mundo?”. 5-4-2100. Ver

http://blogs.elpais.com/3500-millones/2011/04/juega-tu-banco-con-el-hambre-del-mundo.html

2) Vidal, John. 23-1-2011The Observer Food speculation: 'People die from hunger while banks make a killing on food'http://www.guardian.co.uk/global-development/2011/jan/23/food-speculation-banks-hunger-poverty

LA PERSONALIDAD PSICÓPATA DE LA CORPORACION

CONFESIONES DE UN SICARIO ECONÓMICO

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Confessions of an Economic Hit Man, John Perkins

No se trata de las confesiones de un sicario cualquiera, como estamos a acostumbrados a leer en los diarios. Se trata de las confesiones de un sicario que nunca apretó el gatillo de un arma pero que fue responsable por la miseria o muerte de millones de seres humanos, apretando un gatillo aún más tenebroso: el gatillo económico.

El libro se titula "Confessions of and Economic Hit Man", cuyo título podríamos traducir al español como "Confesiones de un sicario económico", y su contenido refuerza ciento por ciento lo que los críticos del mal llamado "TLC" (Tratado de Libre Comercio) han venido afirmando: Que no es "tratado", ni de "libre comercio", ya que un tratado es un acuerdo entre dos partes iguales. Tampoco es  de "libre comercio", sino de "libertad de saqueo". Por medio del mismo los EE. UU. asume el derecho de saquear impunemente nuestras economías.

En su libro, John Perkins, agente encubierto de los servicios de inteligencia norteamericanos que operaba clandestinamente  con compañías privadas encargadas de hacer predicciones económicas falsas para que los organismos económicos internacionales dieran préstamos gigantescos a países del Tercer Mundo, a sabiendas de que nunca los podrían pagar para apoderarse así de sus economías, narra su conversión de "sicario económico" a impugnador de un sistema de injusticias que ha robado miles de miles de millones a los países víctimas, entre los cuales, claro está, se encuentra Colombia. Y las víctimas no sólo han sido las economías, sino los millones de personas que en el proceso han visto sus vidas reducidas a la miseria o a la muerte para satisfacer los intereses mezquinos de las grandes corporaciones norteamericanas, o la "corporatocracia", como las llama Perkins.

Y lo más interesante de este libro es que, por primera vez, uno de los arquitectos de la política imperialista norteamericana, llama al imperialismo por su nombre. No se trata de un comunista que pueda ser desacreditado como "propagandista" ni de un académico al que se pueda tildar de "sesgado"; el autor fue reclutado y entrenado por los servicios de inteligencia estadinenses (léase "National Security Agency" o Agencia Nacional de Seguridad, NSA por sus siglas en inglés) para trabajar en una compañía "legítima", sin que nadie supiera para quién trabajaba en verdad. La compañía le pagaba su sueldo y él nada tenía qué ver formalmente con los servicios de inteligencia.

Su misión era muy clara: Expandir el imperio norteamericano por medio de los organismos financieros internacionales, tales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional y su modus operandi siempre era el mismo: Llegar a países ricos en recursos naturales, tales como Arabia Saudita, Irán, Colombia o Ecuador o a países como Panamá, dueño de una de las vías marítimas más importantes del mundo, hacer proyecciones económicas absolutamente falsas manipulando estadísticas, pasarles las mismas a las entidades prestamistas y dejar al país con deudas imposibles de pagar. Una vez, endeudado el país, las oligarquías criollas, únicas beneficiarias de los "proyectos de desarrollo", ofrecían su país en bandeja de plata a las multinacionales gringas, bajo la presión del gatillo financiero: El país quedaba endeudado hasta el tope, o los EE. UU. se apoderaba de la economía del país a cambio de mantener en el poder a los opresores, como en el caso de Arabia Saudita.

La beneficiadas eran siempre compañías norteamericanas, ya que una las condiciones de los préstamos era que compañías como Betchel o Halliburton recibieran los contratos de construcción de infraestructura o de centrales hidráulicas, etc. De tal manera, el famoso "préstamo" jamás salía de los EE. UU. y los países prestatarios, quedaban pagando unas deudas tan enormes, que hasta el 50% de su presupuesto nacional, como en el caso de Ecuador, tenía que dedicarse a repagar las cuotas de dicha deuda. Pero la cosa no paraba allí al sometimiento económico sobrevenía el sometimiento político y militar.

El relato de Perkins es apasionante, a la vez que es una denuncia brillante, equiparable tan sólo a la que hiciera Phil Agee acerca de la CIA en los años 70. Perkins nos narra detalladamente en este libro cómo fue reclutado por la NSA e instalado como "economista" en una compañía consultora a pesar de que escasamente había estudiado administración de empresas.

Una vez allí, Perkins se lanza en su carrera de "Economic Hit Man" o "EHM" como ellos mismos se llamaban. Y este término de la mafia, "sicario" o "hit man", se lo aplicaban a sí mismos, pues sabían que lo que estaban haciendo era servir de sicarios económicos para las compañías multinacionales.

Perkins es entrenado para servir de "hit man" y es completamente consciente desde el principio que lo que hace es una farsa. Sin embargo, antes de empezar su carrera de sicario económico, es enviado con los "Cuerpos de Paz" al Ecuador, donde sirve por tres años en medio de las mismas comunidades indígenas que años más tarde enfrentarían a las compañías petroleras usurpadoras de tierras y sedientas del oro negro amazónico.

Es allí donde conoce de las labores del "Instituto Lingüístico de Verano" (ILV), cuya misión lingüística en verdad era un parapeto no sólo para el adoctrinamiento religioso y la destrucción de las comunidades indígenas, sino también para alejarlas de sus tierras, ya que los topógrafos las habían identificado como lugares que literalmente flotaban en mares de petróleo.

El ILV sacaba a las comunidades de sus tierras, ofreciéndoles alimentos gratis, a los cuales les añadían laxantes, para después llegar como salvadores a curarlos de sus males.

Y es allí mismo en Ecuador donde la NSA recluta a Perkins a través del vicepresidente de una compañía consultora de Boston llamada "Charles T. Main", que mantenía estrechos lazos con los servicios de inteligencia norteamericanos. Y no sólo es reclutado, sino que también es seducido; el señuelo, una bella mujer que le ofrece sus favores sexuales a la vez que le enseña las funciones de un buen sicario económico: mentir, mentir y mentir.

Los servicios de inteligencia habían estudiado de antemano las debilidades de Perkins: el sexo, la buena vida y el afán de sobresalir, y le ofrecen compensaciones que llenen sus tres necesidades plenamente, con lo cual termina él vendiéndole su alma al diablo.

Sin embargo, en el proceso, algo curioso sucede: Perkins traba amistad con algunos de los habitantes de los países víctimas de su sicariato y empieza a ver la otra cara de la moneda: la pena y el sufrimiento que las políticas económicas norteamericanas están causando en los países del Tercer Mundo.

El imperio más grande del mundo es creado de una manera soterrada, gracias a hombres como él que sirven a los intereses de unos pocos, mientras, como dice Perkins en su libro "24.000 personas mueren de física hambre cada día del año". Y el imperio es construido, según Perkins siguiendo tres pasos: en el primer paso llegan los sicarios económicos a apoderarse de las economías por medio de los préstamos impagables.

Si por algún motivo, el líder del país elegido muestra algún tipo de principio moral ante tan abusivo saqueo y no puede ser convencido de vender a su patria, viene el paso dos: los "chacales" o asesinos verdaderos que se encargan de "provocar un accidente" como sucediera, asegura Perkins, con Roldós en Ecuador y Torrijos en Panamá, ambos líderes nacionalistas que perecieron en inexplicables accidentes de aviación. Y finalmente, si llegan a fallar los "chacales" y el líder insumiso no puede ser eliminado, llega el "US Army" en vivo y en directo a arrasar a sangre y fuego al país víctima, como sucediera en Chile, Panamá o en Irak.

Y fueron precisamente los asesinatos de Roldós y Torrijos, aunados estos a un tercer y sorpresivo elemento, lo que cambiaría la conciencia de Perkins: su relación amorosa con una colombiana. Dio la casualidad que un hermano de la misma se había unido a una fuerza guerrillera  y ella le expresó que si la gente luchaba en un país, lo hacía por una razón y una causa y que su vida (la de Perkins), era una completa mentira.

Finalmente, Perkins decide renunciar a su vida de privilegios y escribir un libro denunciando a sus antiguos amos. En el proceso es amenazado y sobornado y el libro se queda veinte años en el tintero, hasta que finalmente, el año pasado, Perkins se arma de valor y termina y publica su libro.

Hoy en día, las "Confesiones de un sicario económico" serán de lectura obligatoria para quien quiera ver una radiografía detallada de cómo el imperio norteamericano se ha apoderado de las economías del Tercer Mundo y que las protestas, ya sea contra la privatización del agua en Bolivia o contra el TLC en Colombia, son de vital importancia: Nuestros gobernantes le están vendiendo su alma al diablo y nuestros recursos naturales a la "corporatocracia" norteamericana y una vez que a nuestros recursos naturales y a nuestras existencias se las lleve el Chiras, ya no habrá quién nos los devuelva y los que queden, seguramente terminarán en un desierto.

Etiquetas: tlc, usa, corrupción, sicario económico,

Publicado en: Colombianos en el exterior, Política

TENEMOS MUCHO INTERES ...

Escribe Luis Casado – 25/02/2011

 

¿A partir de qué nivel las tasas de interés son razonables, y a contrario, en qué nivel se les puede calificar de abusivas? Esta parece ser una de las cuestiones esenciales del fin del verano y de la dura cuesta de marzo que deben ascender millones de hogares endeudados.

 

“Usureros versus prestamistas abusadores” es el combate que anuncian algunos medios. En este rincón el retail, con tasas de un 3,5%, en este otro rincón los bancos, con tasas del 1,5%. ¿Quién tiene razón? ¿Se trata acaso de una nueva forma de la lucha del bien contra el mal? Algún “experto” nos dirá doctamente que las tasas de interés las fija el mercado y eructará, satisfecho, de su ignorancia.

 

En Chile, el crecimiento del crédito al consumo tiene como zócalo una muy regresiva distribución del ingreso. Una insuficiente remuneración del trabajo hace que el crédito al consumo se haya transformado en una imperiosa necesidad para la vida cotidiana de millones de chilenos. Si en los países de la OCDE el trabajo es remunerado a concurrencia del 50% del PIB, mientras otro tanto va a la remuneración del capital, en Chile la remuneración del trabajo obtiene apenas un 38% del PIB. El acceso al crédito es una condición de supervivencia, o al menos del mantenimiento de un cierto nivel de vida (si podemos llamarle “vida” a eso) identificado como capacidad de consumo. Para los distribuidores de crédito se trata de una clientela cautiva, muy poco al corriente de los sabios cálculos que optimizan el rendimiento del dinero que prestan.

 

Así, sin contar los costes adicionales, una tasa de interés mensual del 1,5%, corresponde a una tasa anual del 19,56%. Esa es la generosa oferta de la banca, o de algunos bancos. El comercio detallista, que ahora llaman retail, aplica tasas del 3,5% al mes, que anualizadas dan un interés del 51,10%.

 

Ahora bien, ¿qué costo tiene para la banca, o para el retail, el dinero que prestan? Estas eminentes instituciones se refinancian ante el Banco Central, o en el mercado interbancario que suele aplicar tasas de interés muy similares. ¿Cuál es la tasa directriz del Banco Central? En este momento, después de una subida reciente de 25 puntos básicos, la tasa del BC es de un 3,5% anual.

 

De modo que la banca, con sus tasas de interés generosas del 1,5% al mes, obtiene un margen beneficiario del orden del 559%. Mientras que el retail, con su impresentables 3,5% mensuales, obtiene un margen de lucro del orden de 1.460%, casi quince veces lo que paga por el dinero que a su vez obtiene de los circuitos financieros.

 

En mis cálculos no entran las astutas aplicaciones de la técnica del “apalancamiento”. Para simplificar digamos que si la banca chilena respeta los criterios de Basilea II con relación a los capitales propios  comparados con los créditos que otorga, por cada millón de pesos en créditos dispone solo de unos 80 mil pesos suyos. Así como se lee: la banca presta dinero que no tiene, y obtiene un efecto multiplicador de beneficios gracias a la técnica del “apalancamiento”. 

 

De modo que los márgenes beneficiarios citados más arriba, -que harían soñar a cualquier empresa industrial o agroindustrial-, son poca cosa comparados con lo que realmente produce la sana actividad del prestamista.

 

En la materia no quisiera darle consejos a nadie. La teoría económica pretende que todos los agentes económicos saben todo sobre todo, y con eso basta. Sin embargo, quisiera poner de manifiesto, de cara a los hogares endeudados, que si la banca y el retail aplicasen un confortable beneficio del 100%, -inalcanzable para la casi totalidad de la actividad productiva-, las tasas de interés que tendrían que pagar serían del 7% al año, o exactamente de un 0,565% al mes.

MAURICE ALLAIS

Enviado por Luis Casado

Maurice Allais

Maurice Allais se fue a reunir con Georges Charpak en el paraíso de los premios Nobel franceses. Único premio Nobel de economía francés (1988), Maurice Allais falleció el sábado 09 de octubre 2010, a la edad de 99 años. Brillante alumno de Politécnico (una de las más reputadas Grandes Escuelas Públicas de Francia) fue el mejor expediente de su promoción en 1933. Nada le predestinaba en ese entonces a orientarse hacia las ciencias económicas. Sus primeros trabajos lo orientan al contrario hacia las ciencias de lo concreto y las experiencias de física fundamental sobre las cuales publicará numerosas obras, especialmente sobre las oscilaciones pendulares y las leyes de la gravedad. A lo largo de toda su vida seguirá apasionándose por esta ciencia, a pesar de que fueron sus teorías económicas las que le trajeron la recompensa suprema.

 

En esta nota Maurice Allais, -que no era precisamente un cabecita caliente-, dispara contra las verdades reveladas y los dogmas de la economía que no hacen sino justificar la dominación de la multinacionales y el despojo y el pillaje que sufren miles de millones de seres humanos.

 

LC

 

 

Contra los tabúes indiscutidos

Maurice Allais, premio Nobel de economía – 05/12/2009

 

El punto de vista que expreso aquí es el de un teórico a la vez liberal y socialista. A mi juicio las dos nociones son indisociables, y su oposición me parece falsa, artificial. El ideal socialista consiste en interesarse por la equidad en la redistribución de la riqueza, mientras que los verdaderos liberales se preocupan de la eficacia de su producción. Ambos constituyen a mi modo de ver dos aspectos complementarios de una misma doctrina. Y es precisamente a título de liberal que critico las reiteradas posiciones de las grandes instancias internacionales en favor de un librecambismo aplicado ciegamente.

 

Los fundamentos de la crisis: la organización del comercio mundial

La reciente reunión del G20 proclamó una vez más su denuncia del “proteccionismo”, denuncia absurda cada vez que se expresa sin matices como ha sido el caso. Estamos confrontados a lo que en el pasado he llamado “los tabúes indiscutidos cuyos efectos perversos se han multiplicado y reforzado en el curso de los años[1]. Porque liberalizarlo todo, acabamos de verificarlo, trae los peores desórdenes. Inversamente, entre las múltiples verdades que no son abordadas está el fundamento de la actual crisis: la organización del comercio mundial que hay que reformar profundamente y prioritariamente a la otra gran reforma igualmente indispensable, la del sistema bancario.

 

Los grandes dirigentes del planeta muestran una vez más su ignorancia de la economía que les conduce a confundir dos suertes de proteccionismo: unos son nefastos, mientras que otros son enteramente justificados. En la primera categoría se encuentra el proteccionismo entre países de salarios comparables, que en general no es deseable. Por el contrario, el proteccionismo entre países de nivel de vida muy diferente no solo es justificable sino absolutamente necesario. Es el caso de China en particular, país con el cual es una locura haber suprimido las protecciones aduaneras en las fronteras. Pero también es el caso con países más próximos, incluso en el seno mismo de Europa. Le bastaría al lector interrogarse sobre el modo de luchar contra costes de fabricación cinco o diez veces menores -si no aun más bajos-, para constatar que la competencia es inviable en la mayor parte de los casos. Particularmente frente a competidores indios y sobre todo chinos que, además de sus bajísimos costes de mano de obra son extremadamente competentes y emprendedores.

 

¡Hay que deslocalizar a Pascal Lamy!

Mi análisis establece que el desempleo actual se debe a esta liberalización total del comercio, y en consecuencia la vía seguida por el G20 me parece dañina. Ella se revelará como un factor de agravación de la situación social y constituye una idiotez mayor que nace de un contrasentido increíble. Del mismo modo constituye un contrasentido histórico atribuirle la crisis de 1929 al proteccionismo. Su verdadero origen se encontraba ya en el desarrollo inconsiderado del crédito durante los años que la precedieron. Por el contrario, las medidas proteccionistas que se tomaron después de la llegada de la crisis pudieron, ciertamente, contribuir a controlarla mejor. Como ya lo indiqué, nos confrontamos a una ignorancia criminal. Que el director general de la Organización Mundial del Comercio, Pascal Lamy, haya declarado: “Hoy día los líderes del G20 indicaron claramente lo que esperan del ciclo de Doha: una conclusión en el 2010”, y que haya solicitado una aceleración de este proceso de liberalización, me parece una confusión monumental. Yo la calificaría incluso de monstruosa. Los intercambios, contrariamente a lo que piensa Pascal Lamy, no deben ser considerados como un objetivo en sí mismos, sino como un medio. Este hombre, que anteriormente ocupaba un puesto en Bruselas, comisario europeo del Comercio, no comprende nada, ¡nada, desgraciadamente! Frente a tal testarudez suicidaria mi proposición es la siguiente: ¡hay que deslocalizar urgentemente a Pascal Lamy, uno de los principales factores del desempleo!

 

Más concretamente, las reglas a definir son de una sencillez bíblica: el desempleo resulta de las deslocalizaciones (transferencia de una industria a países de bajos salarios. N. del T.) que se hacen en razón de las grandes diferencias de salarios… ¡A partir de esta constatación, lo que hay hacer es evidente! Es indispensable restablecer una legítima protección. Hace ya más diez años propuse crear conjuntos regionales más homogéneos, que reúnan a varios países que  presentan condiciones similares de ingreso y las mismas condiciones sociales. Cada una de estas “organizaciones regionales” estaría autorizada a protegerse de manera razonable contra las diferencias de costes de producción que le aseguran ventajas indebidas a ciertos países competidores, manteniendo simultáneamente en su interior, en el seno de su zona, las condiciones de una sana y real competencia entre los miembros asociados.

 

Un proteccionismo razonado y razonable

Mi posición y el sistema que preconizo no constituyen un atentado contra los países en desarrollo. Actualmente las grandes empresas los utilizan por sus bajos costes, pero se irían si los salarios aumentasen demasiado. Esos países tienen interés en adoptar mi principio de unirse con sus vecinos dotados de niveles de vida semejantes, para desarrollar a su vez un mercado interno suficientemente vasto que sostenga su producción, pero suficientemente equilibrado también como para que la competencia interna no repose únicamente en el mantenimiento de salarios bajos.

 

Este pudiese ser el caso de varios países del este de la Unión Europea, que fueron integrados sin reflexión ni suficiente plazo previo, y también de países de África o de América Latina. La ausencia de tal protección traerá la destrucción de toda la actividad de los países que tienen ingresos más elevados, es decir de todas las industrias de Europa Occidental y de los países desarrollados. Es evidente que con el punto de vista doctrinario del G20 toda la industria francesa terminará por partir al exterior. Me parece escandaloso que las empresas cierren sitios de producción rentables en Francia, o despidan, mientras abren otros en zonas de bajos costes salariales, como fue el caso en el sector de neumáticos para automóviles con los anuncios hechos desde la primavera por Continental y por Michelin. Si no se ponen límites, hay que comunicarle ahora mismo a los franceses lo que va a ocurrir: un crecimiento dramático del desempleo no solo en la industria, sino también en la agricultura y los servicios.

 

Visto así, es claro que no formo parte de los economistas que hablan de “burbuja”. Que haya movimientos que se generalizan, de acuerdo, pero ese término “burbuja” me parece inapropiado para describir el desempleo que resulta de las deslocalizaciones. Su progresión reviste un carácter permanente y regular desde hace ya más de treinta años. Lo esencial del desempleo que sufrimos, -al menos del desempleo tal como se presentó hasta el 2008-, resulta precisamente de esta liberalización inconsiderada del comercio a escala mundial sin preocuparse de los niveles de vida. Lo que se produce no es una burbuja sino un fenómeno de fondo, como lo es la liberalización de los intercambios, y la posición de Pascal Lamy constituye en efecto una posición sobre el fondo.

 

Crisis y mundialización están ligadas

Los grandes líderes mundiales prefieren reducirlo todo a la moneda que no representa sino una de las causas del problema. Crisis y mundialización: los dos están ligados. Arreglar sólo el problema monetario no bastaría, no arreglaría el punto esencial que es la liberalización nociva de los intercambios internacionales. El gobierno atribuye las consecuencias sociales de las deslocalizaciones a causas monetarias. Es un error demencial.

 

Por mi parte he combatido las deslocalizaciones en mis últimas publicaciones[2]. Los seis fundadores del Mercado Común Europeo previeron plazos de varios años antes de liberalizar los intercambios con los nuevos miembros que se integraron en 1986. Después abrimos Europa de inmediato, sin ninguna precaución, y sin dejar ninguna protección exterior frente a la competencia de países dotados de costos salariales tan bajos que intentar defenderse de ellos era ilusorio. ¡Y algunos de nuestros dirigentes se sorprenden de las consecuencias!

 

Si el lector retomase mis análisis del desempleo, tal como los he publicado en las últimas dos décadas, constataría que los acontecimientos que vivimos fueron anunciados y descritos en detalle. No obstante, tuvieron un eco limitado en la gran prensa. Ese silencio conduce a algunas interrogaciones.

 

Un premio Nobel… telespectador

Los comentaristas económicos que veo expresarse regularmente en la televisión para analizar las causas de la crisis actual, son frecuentemente los mismos que venían, con una perfecta serenidad, a analizar la buena coyuntura. No anunciaron la llegada de la crisis, y la mayoría no propone nada serio para salir de ella. Pero les siguen invitando. Por mi parte no fui invitado cuando anunciaba, y escribía, hace más de diez años, que se iba a producir una crisis mayor acompañada de un desempleo incontrolado. Hago parte de aquellos que no fueron admitidos a explicarle a los franceses lo que son los orígenes reales de la crisis, mientras les despojaban de todo poder real sobre su propia moneda en beneficio de los banqueros. En el pasado le transmití a ciertas emisiones económicas, a las que asistía como telespectador, que estaba dispuesto a venir a hablar de lo que progresivamente llegaron a ser los bancos actuales, del papel verdaderamente peligroso de los traders, y de por qué no se dicen ciertas verdades tocantes a ellos. Ninguna respuesta, ni siquiera negativa, vino de ninguna cadena de televisión, y esto durante años.

 

Esta repetida actitud plantea un problema relativo a los grandes medios en Francia: algunos expertos tienen acceso y otros son vetados. Aunque soy un experto de reputación internacional en lo que se refiere a las crisis económicas, particularmente las de 1929 o de 1987, mi situación presente puede resumirse del modo siguiente: soy un telespectador. Un premio Nobel… telespectador. Escucho lo que afirman los especialistas invitados a los estudios de televisión, como ciertos universitarios o analistas financieros que dicen comprender bien lo que ocurre y saber lo que hay que hacer. Cuando en realidad no comprenden nada. Su situación se parece a la que constaté cuando fui a los EEUU en 1933, con el objeto de estudiar la crisis que hacía estragos, su desempleo y sus vagabundos: allí reinaba una incomprensión intelectual total. Hoy día, igualmente, estos expertos se equivocan en sus explicaciones. Algunos se equivocan doblemente al ignorar su propia ignorancia, pero otros, que la conocen y sin embargo la disimulan, engañan a los franceses.

 

Esta ignorancia, y sobre todo la voluntad de esconderla gracias a una cierta prensa, denotan un pudrimiento del debate y de la inteligencia en razón de intereses particulares ligados al dinero. Intereses que desean que el orden económico actual, que funciona en su favor, perdure tal y cual. Entre ellos se encuentran las multinacionales que son las principales beneficiarias, -junto a los medios bursátiles y bancarios-, de un mecanismo económico que los enriquece mientras empobrece a la mayoría de la población francesa y mundial.

 

Cuestión clave: ¿Cuál es la verdadera libertad de los medios? Me refiero a su libertad con relación al mundo de las finanzas y al de las esferas de la política.

 

Segunda cuestión: ¿Quien posee el poder de decidir que un experto está o no está autorizado a expresar un comentario libre en la prensa?

 

Última cuestión: ¿Por qué las causas de la crisis, tal como son presentadas a los franceses por las personalidades invitadas, son a menudo el signo de una profunda incomprensión de la realidad económica? ¿Se trata solo de ignorancia de su parte?  Es posible para un cierto número de ellos, pero no para todos. Aquellos que tienen el poder de decisión nos dejan la elección de escuchar o bien a ignorantes, o bien a embusteros.

 

 

NOTA: todo parecido con el ghetto de flores bordado… no es pura coincidencia.

 



[1] L'Europe en crise. Que faire ?, éditions Clément Juglar, Paris, 2005.

 

[2] En particular: la Crise mondiale aujourd'hui, éditions Clément Juglar, 1999, y la Mondialisation, la destruction des emplois et de la croissance : l'évidence empirique, éditions Clément Juglar, 1999.