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Economía con Máximo Kinast

La Crisis Neoliberal

EL DOLAR FANTASMA

Fuente: http://www.marcvidal.cat/espanol/2009/10/el-dolar-fantasma.html

 
13 de octubre de 2009

SUSHI 

Mientras que el oro ha triplicado su valor en los últimos ocho años, el dólar lo ha reducido en un 67% frente al euro en el mismo período. Está claro que uno de los motivos por los que el oro sube es la preocupación de que la creciente deuda de Estados Unidos continúe debilitando el dólar. El presidente Barack Obama ha aumentado la deuda negociable del país a un nivel sin precedentes. Lo ha metido a 7,1 billones de dólares, al tiempo que el Gobierno se endeuda para reactivar el crecimiento. Goldman Sachs Group pronostica que Estados Unidos venderá deuda por unos 2,9 billones de dólares en los dos años que concluyen en septiembre de 2010. Algunas de las cifras que se empiezan a tocar son inasumibles y lo saben. 

Del oro hablaremos esta semana e intentaremos escudriñar algunas causas de su revalorización desmesurada, pero hoy vamos a remontarnos a la madrugada del jueves al viernes de la semana pasada. A las 4 de la mañana hora española, los que estábamos viviendo en directo algunas de las órdenes que los bancos centrales asiáticos estaban dando, se nos hizo un nudo en el estómago. Guardando las distancias y, sobretodo, el bien en curso, aquello se parecía muchísimo a las órdenes sin mesura que se lanzaron el mítico 17 de agosto de 2007. Similar a cuando los bancos centrales que, al ver como el sistema devoraba los paquetes tóxicos sin poder venderlos al descubrir de que estaban hechos, empezó a pinchar la burbuja financiera en la que vivía el planeta. 

Pues bien, la semana pasada nadie quería dólares. El primer aviso viene de oriente y las órdenes para salvar una divisa devaluada conscientemente por la Reserva Federal fueron imprescindibles para unos mercados financieros que no pueden permitirse el lujo de ver caer el valor de sus inversiones en dólares. Por eso algunos decidieron suicidarse. En menos de 2 horas el importe de compra de dólares contra sus propias divisas fue equivalente a la segunda complementaria inyección de liquidez que la Unión Europea estipuló cuando empezó la crisis financiera. 

A los que nos apasionan los mercados asiáticos por el condicionante de “futuros” que tiene, vivimos una de esas noches épicas. Vimos intervenir en los mercados de divisas a seis bancos centrales para apuntalar el dólar. La preocupación de que sus monedas locales estuvieran subiendo demasiado rápido era un virus por el que debían vacunar a sus economías.

Curiosamente el primero en dar órdenes de huida fue el banco central de Tailandia. Se confirmaba la caída irremediable de la moneda americana y nadie sabía a ciencia cierta el motivo. Desde Bangkok se sucedieron las órdenes de compra hasta la extenuación. De hecho, algunos de los excesos que se cometieron entre las 5 y las 6 de la mañana, hora española, se pagarán caro a medio plazo pues supera cualquier fundamento de la economía interdivisa. El baht (moneda tailandesa) precisó de venta cuando nadie quería venderlo y el dólar fue comprado cuando nadie quería tener uno solo. Artificios.

Pero no fueron sólo los bancos asiáticos los que intervinieron el pasado viernes. El banco central de Rusia, recibiendo órdenes directas del Ministerio de Economía moscovita se dispuso a la compra de dólares sin reparo. A las 7 de la mañana, a medida que cerraba el primer circuito de mercados de divisas, el ruso era el segundo banco que más dólares había comprado tras el tailandés. ¿Curioso? No mucho. Miren en que venden los del rublo. Exacto, en dólares. Aquí todo cristo intenta mantener una moneda muerta porque nadie sabe como jubilarla sin cargarse el sistema.

Son muchas las voces que describieron el principio de la quiebra definitiva del sistema financiero mundial de este modo. Dudo que sea el momento, no tengo claro si, en el caso de que se produzca, lo sabremos que se esté produciendo. Tal vez nos ocultarán el cataclismo, saben como hacerlo. Ni nos enteraremos, lo pagarán los de siempre. Lo que si sé, no obstante, es que por mucho que hablen de “fin de la recesión” o “principio de la recuperación”, la verdad es que se aproxima una segunda ola de mierda.

 


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Salut i independència!

Jordi


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LAS CAMPANAS ESTÁN DOBLANDO POR EL DÓLAR

El imperio dominó al mundo más por la economía y la mentira que por la fuerza. Había obtenido el privilegio de imprimir las divisas convertibles al finalizar la Segunda Guerra Mundial, monopolizaba el arma nuclear, disponía de casi todo el oro del mundo y era el único productor en gran escala de equipos productivos, bienes de consumo, alimentos y servicios a nivel mundial. Tenía, sin embargo, un límite a la impresión de papel moneda: el respaldo en oro, al precio constante de 35 dólares la onza troy.

 

Así ocurrió durante más de 25 años, hasta que el 15 de agosto de 1971 mediante una orden presidencial de Richard Nixon, Estados Unidos rompió unilateralmente ese compromiso internacional estafando al mundo. No me cansaré de repetirlo. De esa forma lanzó sobre la economía mundial sus gastos del rearme y aventuras bélicas, en especial la guerra de Viet Nam que, según cálculos conservadores, costó no menos de 200 mil millones de dólares y la vida de más de 45 mil jóvenes norteamericanos.

 

Sobre ese pequeño país del Tercer Mundo fueron lanzadas más bombas que las utilizadas en la última guerra mundial. Millones de personas murieron o fueron mutiladas. Al suspender la conversión, el dólar pasó a ser una divisa que podía imprimirse a voluntad del Gobierno norteamericano sin el respaldo de un valor constante.

 

Los bonos y billetes de la Tesorería continuaron circulando como divisas convertibles; las reservas de los Estados continuaron nutriéndose de esos billetes que, por un lado, servían para adquirir materias primas, propiedades, bienes y servicios de cualquier parte del mundo y, por otro, privilegiaban las exportaciones de Estados Unidos frente a las demás economías del planeta. Los políticos y académicos mencionan una y otra vez el costo real de aquella guerra genocida, admirablemente descrita en la película de Oliver Stone. Las personas tienden a realizar cálculos como si los millones fuesen iguales. No suelen percatarse de que los millones de dólares de 1971 no son iguales a los millones del 2009.

 

Un millón de dólares hoy, cuando el oro ―un metal cuyo valor ha sido el más estable a lo largo de siglos― tiene un precio que sobrepasa los mil dólares la onza troy, vale alrededor de 30 veces lo que valía cuando Nixon suspendió la conversión. Doscientos mil millones en 1971, equivalen a 6 millones de millones de dólares en el 2009.  Si no se tiene en cuenta esto, las nuevas generaciones no tendrán una idea de la barbarie imperialista.

 

De igual modo, cuando se habla de los 20 mil millones invertidos en Europa al finalizar la Segunda Guerra Mundial ―en virtud del Plan Marshall  para reconstruir y controlar la economía de las principales potencias europeas, que poseían la fuerza de trabajo y la cultura técnica necesaria para el rápido desarrollo de la producción y los servicios― las personas suelen ignorar que el valor real de lo invertido entonces por el imperio equivale al valor internacional actual de 600 mil millones de dólares. No advierten que 20 mil millones apenas alcanzarían hoy para construir tres grandes refinerías de petróleo, capaces de suministrar 800 mil barriles diarios de gasolina, además de otros derivados del petróleo.

 

Las sociedades de consumo, el despilfarro absurdo y caprichoso de energía y de recursos naturales que hoy amenazan la supervivencia de la especie, no serían explicables en tan breve período histórico si no se conoce la forma irresponsable en que el capitalismo desarrollado, en su fase superior, ha regido los destinos del mundo.

 

Tan asombroso despilfarro explica por qué los dos países más industrializados del mundo, Estados Unidos y Japón, están endeudados en aproximadamente 20 millones de millones de dólares.

 

Desde luego que la economía de Estados Unidos se aproxima a un Producto Interno Bruto anual de 15 millones de millones de dólares. Las crisis del capitalismo son cíclicas, como lo demuestra irrebatiblemente la historia del sistema, pero esta vez se trata de algo más: una crisis estructural, como explicaba el Ministro de Planificación y Desarrollo de Venezuela, el profesor Jorge Giordani a Walter Martínez en su programa porTelesur en  la noche de ayer.

 

Los despachos cablegráficos divulgados hoy, viernes 9 de octubre, añaden datos que son irrebatibles. Un despacho de AFP procedente de Washington precisa que el déficit presupuestal de Estados Unidos, en el año fiscal 2009, se eleva a 1,4 millones de millones de dólares, el 9,9% del PIB, “algo nunca visto desde 1945, al finalizar la Guerra Mundial”, añade.

 

El déficit en el año 2007 había sido ya un tercio de esa cifra. Se esperan elevadas sumas de carácter deficitario los años 2010, 2011 y 2012. Ese enorme déficit está dictado, fundamentalmente, por el Congreso y el Gobierno de Estados Unidos para salvar los grandes bancos de ese país, impedir que el desempleo se eleve por encima del 10% y sacar a Estados Unidos de la recesión.

 

Es lógico que si inundan la nación de dólares, las grandes cadenas comerciales venderán más mercancías, las industrias incrementarán la producción, menos ciudadanos perderán sus viviendas, la marea del desempleo dejará de crecer, y las acciones de Wall Streetelevarán su valor. Fue la forma clásica de resolver la crisis.

 

Sin embargo, el mundo no volverá ya a ser el mismo. Paul Krugman, prestigioso Premio Nobel de Economía, acaba de afirmar que el comercio internacional ha sufrido su mayor caída, peor todavía que la de la Gran Depresión y expresó dudas sobre la pronta recuperación.

 

No se puede inundar también el mundo de dólares y pensar que esos papeles sin respaldo en oro mantendrán su valor. Otras economías, hoy más sólidas, han surgido. El dólar dejó de ser ya la reserva en divisas de todos los Estados, más bien sus poseedores desean apartarse de él, aunque evitando en lo posible que se devalúe antes de que puedan desprenderse de ellos.

 

El euro de la Unión Europea, el yuan chino, el franco suizo, el yen japonés ―a pesar de las deudas de ese país―, hasta la libra esterlina, junto a otras divisas, pasaron a ocupar el lugar del dólar en el comercio internacional. El oro metálico vuelve a convertirse en importante moneda de reserva internacional.

 

No se trata de una opinión personal caprichosa, ni deseo calumniar esa moneda.

 

Otro Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, expresó, según despacho cablegráfico: "lo más probable es que el billete verde siga de capa caída. Los políticos no deciden los tipos de cambio y los discursos tampoco lo hacen".  Esto lo declaró el 6 de octubre en la Asamblea Anual Conjunta del FMI y el Banco Mundial que se celebró en Estambul. En esa ciudad se pudo apreciar una violenta represión. El evento fue saludado con vidrieras comerciales rotas e incendios producidos por cocteles molotov.

 

Otras noticias hablaban de que los países europeos temían el efecto negativo de la debilidad del dólar frente al euro y sus consecuencias sobre las exportaciones europeas. El Secretario del Tesoro de Estados Unidos declaró que a su país “le interesaba un dólar fuerte”. Stiglitz se burló de la declaración oficial y expresó según EFE, que “en el caso de Estados Unidos el dinero se ha derrochado y la causa ha sido el rescate multimillonario de los bancos y sufragar guerras como Afganistán”. Según la agencia, el Premio Nobel “insistió en que en vez de invertir 700 mil millones en ayuda a los banqueros, EE.UU pudo haber destinado parte de ese dinero a ayudar a los países en desarrollo, lo que a su vez habría estimulado la demanda global”.

 

Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, dio la voz de alarma días antes, y advirtió que el dólar no podía mantener indefinidamente su status como divisa de reserva.

 

Un eminente profesor de Economía de la Universidad de HarvardKenneth Rogoff, afirmó que la próxima gran crisis financiera será la de “los déficit públicos”.

 

El Banco Mundial declaró que “el Fondo Monetario Internacional (FMI) mostró que los bancos centrales del mundo acumularon menos dólares durante el segundo semestre del 2009 que en ningún otro momento durante los últimos 10 años e incrementaron su tenencia de euros”.

 

El propio 6 de octubre, la AFP publicó que el oro alcanzó la cifra récord de 1 045 dólares la onza, impulsado por el debilitamiento del dólar y el temor a la inflación.

 

El diario Independent,  de Londres, publicó que un grupo de países petroleros estudiaban reemplazar el dólar en las transacciones comerciales por una cesta de divisas que incluirán el yen, el yuan, el euro, el oro y una futura moneda común.

 

La noticia filtrada o deducida con impresionante lógica fue desmentida por algunos de los países presuntamente interesados en esa medida de protección. No desean que colapse, pero tampoco seguir acumulando una moneda que ha perdido 30 veces su valor en menos de tres décadas.

 

No puedo dejar de consignar un despacho de la agencia EFE, la cual no puede ser acusada de antiimperialista   y que en las actuales circunstancias transmite opiniones de especial interés:

 

“Expertos de economía y finanzas coincidieron hoy en Nueva York en afirmar que la peor crisis desde la Gran Depresión ha llevado a ese país a jugar un papel menos significativo en la economía mundial.”

 

            “‘La recesión ha hecho que el mundo haya cambiado la forma en que se mira a EE.UU. Ahora nuestro país es menos significativo que antes y eso es algo que debemos reconocer’, afirmó David Rubenstein, presidente y fundador de Carlyle Group, la mayor firma de capital de riesgo del mundo, en su intervención en el World Business Forum.”

 

            “‘El mundo financiero va a estar menos centrado en EE.UU. (…) Nueva York no va a ser nunca más la capital financiera mundial y ese papel se repartirá con Londres, Shanghai, Dubai, Sao Paulo y otras ciudades’, aseveró.”

 

            “…desgranó los problemas a los que se enfrentará EE.UU. cuando salga de ‘una gran recesión’ de la que aún quedan ‘un par de meses por delante’.”

 

            “…‘el enorme endeudamiento’ público, la inflación, el desempleo, la pérdida de valor del dólar como divisa de reserva, los precios de la energía…”

 

            “El Gobierno debe disminuir el gasto público para enfrentar el problema de la deuda y hacer algo que gusta poco: subir los impuestos.”

 

            “El economista de la  Universidad de Columbia y asesor especial de la ONU, Jeffrey Sachs, coincidió con Rubenstein en que el predominio económico y financiero de EE.UU ‘se está apagando’.”

 

       “Hemos dejado un sistema centrado en EE.UU. por uno ‘multilateral’…”

 

            “…‘veinte años de irresponsabilidad por parte primero de la administración de Bill Clinton y luego de la de George W. Bush, cedieron a las presiones de Wall Street…”

 

            “…‘los bancos negociaban con ’activos tóxicos’ para conseguir dinero fácil’, explicó Sachs.” 

 

            “‘Lo importante ahora es reconocer el desafío sin precedentes que supone lograr un desarrollo económico sostenible y consecuente con las reglas básicas físicas y biológicas de este planeta’…”

 

Por otro lado, las noticias que llegaban directamente de nuestra delegación en Bangkok, capital de Tailandia, no eran en absoluto alentadoras:

 

“Lo esencial que se discute informó textualmente nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores es la ratificación o no del concepto responsabilidades comunes pero diferenciadas entre los países industrializados y las llamadas economías emergentes, básicamente China, Brasil, India y Sudáfrica, y  los países subdesarrollados.

 

“China, Brasil, India, Sudáfrica, Egipto, Bangladesh, Pakistán y el ALBA son los más activos. En general el Grupo de los 77, en su mayoría, se mantiene en posiciones firmes y correctas.

 

“Las cifras de reducción de emisiones de carbono que se están negociando no se corresponden con las que se calculan por los científicos para mantener el aumento de la temperatura a un nivel inferior a 2 grados Celsius, 25-40%. En este momento, la negociación se mueve en torno a una reducción del 11-18%.

 

“Estados Unidos no está haciendo ningún esfuerzo real. Sólo están aceptando un 4% de reducción con respecto al año 1990.”

 

En horas de la mañana de hoy viernes 9, el mundo se despertó con la noticia de que “el Obama bueno” del enigma, explicado por el Presidente Bolivariano Hugo Chávez en las Naciones Unidas, recibió el PremioNobel de la Paz. No siempre comparto las posiciones de esa institución, pero me veo obligado a reconocer que en estos instantes fue, a mi juicio, una medida positiva. Compensa el revés que sufrió Obama en Copenhague al ser designada Río de Janeiro y no Chicago como la sede de las Olimpiadas del 2016, lo cual provocó airados ataques de sus adversarios de extrema derecha.

 

Muchos opinarán que no se ha ganado todavía el derecho a recibir tal distinción.  Deseamos ver en la decisión, más que un premio al Presidente de Estados Unidos, una crítica a la política genocida que han seguido no pocos presidentes de ese país, los cuales condujeron el mundo a la encrucijada donde hoy se encuentra;  una exhortación a la paz y la búsqueda de soluciones que conduzcan a la supervivencia de la especie.

 

 

Fidel Castro Ruz

Octubre 9 de 2009

6 y 11 p.m.

 


NOTA DE MÁXIMO KINAST: Ya se que es muy feo decir "Yo lo había dicho". Es casi de mala educación, y la verdad es que yo fui muy bien educado, aunque también es verdad que he sido un muy mal aprendido, asi es que digo: Lo dije en enero del 2004

www.paginadigital.com.ar/articulos/2004/2004prim/noticias12/1097281-4.asp

LA SITUACIÓN ECONÓMICA MUNDIAL (I)

Umberto Mazzei (IREI desde Ginebra, especial para ARGENPRESS.info)

martes 21 de julio de 2009

“Reescribir las reglas de la economía de mercado -beneficiando a quienes causaron tanto sufrimiento en la vida cotidiana global y tantos desempleados- es peor que costoso financieramente. En realidad, es obscenamente injusto.”
Joseph Stiglitz

La economía de Mercado

Se cuenta que un día preguntaron al Mahatma Ghandi que cosa pensaba de la Economía de Mercado y respondió – “Pudiera ser una buena idea”. Es sólo eso: una propuesta de competir hecha a un mundo económico donde los empresarios desean rentas monopólicas.

Imaginamos a Adam Smith necesitando toda su flema británica para controlarse ante lo que en su nombre se practica como liberalismo, porque detestó los monopolios y los oligopolios, que describió como “El beneficio exorbitante” . Hoy, su teoría de un equilibrio económico internacional producido por la apertura al intercambio, se usa para abrir la puerta a los monopolios o carteles apátridas que devoran el mapa corporativo local en todos los países.

Smith publicó, en 1776, su “Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones”. Tuvo gran éxito en Inglaterra, donde sus ideas tenían añeja tradición. En 1493, la bula Inter Coetera y el tratado de Tordesillas (1494), dividieron el mundo en dos hemisferios: uno para España y otro para Portugal. Otros países navegantes – sobre todo Holanda - objetaron esa partición divina y desarrollaron otras doctrinas la libertad del mar y del comercio. En 1602, James Lancaster - capitán de la primera expedición de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales- le entregó al Sultán de Aceh (Sumatra) una carta de Elisabeth I, donde ya estaba en embrión la tesis de Smith: “Dios, en su sabiduría infinita, ordenó las cosas para … que de la abundancia de frutos que algunas regiones gozan se supliera la necesidad de otras y que …países distantes traficaran entre ellos y se hicieran amigos”

La carta también advertía que el país que comerciase con un solo país europeo terminaría siendo el subordinado político de aquel. ¡Que gran verdad! Ya en esa época se conocía el vínculo entre comercio “preferencial” y subordinación; como el monopolio del comercio que luego forjó el Imperio de la India, un imperio privado de la abogada del libre comercio: la Compañía Inglesa de las Indias Orientales.

La teoría de Smith viene a complementar la de los fisiócratas franceses, centrados en la Agricultura, porque aplica esos conceptos a la revolución industrial, entonces en sus albores y exclusivamente inglesa. Smith creyó honestamente que la codicia podía canalizarse hacia un resultado general y social equitativo, por eso rechaza los monopolios. Poco después el egoísmo demostró lo contrario. Los exitosos exportadores industriales ingleses encontraron engombrante la ley que protegía a los productores agrícolas británicos y el aduanero David Ricardo proclamó la necesidad de abrir la importación de cereales para abaratar el pan y poder bajar los salarios que merman la ganancia de los patrones industriales . De cómo dar de comer a los agricultores no dice nada, pero asumimos – por Charles Dickens- que se fueron a las ciudades para aumentar -y abaratar- la oferta de mano de obra. Desde entonces viene el enfoque de la economía – típica de los Business Schools- como ciencia cuyo objetivo primario no son las ganancias del trabajo, sino las del capital invertido … y aún sólo el de algunos. El enfoque que causa la crisis presente, que es un arrastre de las anteriores.

A la teoría liberal del comercio internacional se le llama clásica, pero sería más adecuado llamarla metafísica, porque trata de una certeza que no es de esta tierra; es como una divinidad: se le elogia mucho pero no se le ha visto nunca. Lo que se practica con ese nombre ha fracasado siempre en cuanto al desarrollo; pero hay otros postulados económicos más cercanos a las realidades de este mundo que han sido aplicados y hasta con éxito, algo raro hoy en política económica. La paradoja es que a esos otros pensadores se les menciona poco y dejaron de enseñarse; sus obras son difíciles de encontrar en las bibliotecas universitarias. Es cierto que no complacen los patrones de moda porque son cautos con la apertura y suelen mirar la prosperidad nacional como un objetivo superior a la ganancia individual; criterios objetables para las empresas apátridas que financian centros académicos y cuya visión económica se enfoca a resultados trimestrales.

La versión ricardiana del liberalismo de Smith tuvo tempranos detractores. El primero fue el ginebrino Charles de Sismondi, que publicó “Economía Política” (1815) y “Nuevos Principios de Economía Política” (1817). Allí acuño el término proletario – que luego usa Marx- para designar a quienes con su prole garantizan la mano de obra. Fue específico contra Ricardo y señaló que aumentar ganancias a expensas de salarios es mala política, porque buenos salarios son indispensables para mantener el consumo y la producción; fue el primero en pedir la intervención del Estado para evitar los excesos capitalistas y hablar de lucha de clases.

Sismondi predijo la crisis crónica que aqueja a Estados Unidos, Inglaterra y otros países, gracias a gobiernos cómplices. Las empresas exportan puestos de trabajo y precarizan el empleo para ganar más, mientras exprimen el consumo facilitando una deuda sobre salarios futuros. Ahora se le dice “Economía de la Oferta” y funciona con tarjetas de crédito, pero el estimulo del consumo con deuda esclavizante ya fue visto en Estados Unidos en la primera mitad del siglo XIX. Lo señalan Alexis de Tocqueville y Francois-Rene de Chateaubriand , dos escritores franceses que lo visitaron separadamente. Su evolución la describe la novela futurista –y puede que profética- “The Iron Heel”(1906), de Jack London.

Más allá de la apertura incondicional de la teoría liberal, los excesos congénitos y visibles del capitalismo y el papel del Estado para corregirlos han inspirado otras propuestas concretas. Podemos clasificarlas en dos tesis básicas. Una cree que el capitalismo es canalizable en beneficio de la sociedad con políticas de control; allí destacan Sismondi, Friederich List, Werner Sombart, Max Weber, Wilfredo Pareto, John Maynard Keynes y creemos que Deng Xiaoping. La otra, la de Karl Marx y sus seguidores, considera al capitalismo irredimible e inmerso en un proceso dialéctico fatal que lo lleva a su propia destrucción y a su reemplazo por una sociedad sin propiedad individual.

Cuando esas propuestas han sido aplicadas, los resultados varían. Las del marxismo radical se aplicaron en el COMECON donde no tuvieron éxito en el desarrollo material y político, pero si en la protección social y el desarrollo cultural y científico. Las de List obtuvieron gran éxito en la industrialización de Alemania. Las de Keynes señalaron la salida de la Gran Depresión en Europa, Estados Unidos y el resto del mundo. Deng Xiaoping llamamos al crecimiento espectacular de China, con 400 millones fuera de la pobreza. Weber, Pareto y Sombart orientan aún la economía social. Sombart es de los que se quiere borrar. Su obra es la mayor de la historiografía económica . Él acuñó el término “capitalismo” (Marx no lo usa). Engels dijo que, sin ser marxista, era el profesor alemán que mejor comprendía a Marx. Él creó el término y el concepto de la destrucción creativa, que usará su alumno Joseph Schumpeter. Él inició a Vasili Leontief en las tablas econométricas (paradoja Leontief sobre Estados Unidos). Sus escritos existen en otras lenguas, pero no en inglés, porque la Universidad de Princeton, que compró el derecho exclusivo, no lo traduce.

Las parodias del Mercado

El mundo sufrió crisis económicas de origen financiero casi sin interrupción desde el 1894 al 1939 y sólo con medidas keynesianas de intervención estatal se logró estabilizar la economía mundial. Asombra que desde 1989 el apodado “Consenso de Washington ” nos diga que la ausencia de intervención estatal es la única verdad para la salud económica. Claro que hay otras, aunque se escondan libros, porque está su testimonio: el modelo europeo de crecimiento económico con protección social y estabilidad laboral, un modelo que viene desde Bismarck y que ahora se intenta también desmantelar.

Lo que las entidades económicas internacionales – Banco Mundial, BID, FMI- venden como ciencia total de la política económica contradice hasta el texto más popular de Economía I, que apodábamos “el Samuelson” donde se explica la economía de mercado. El “Consenso de Washington”, pone el énfasis en la austeridad fiscal y la apertura comercial que fusiona en un dogma monoteísta. Ese es el sermón básico que se escucha desde los púlpitos del Banco Mundial, del FMI, de los Estados Unidos, la Unión Europea o Japón. No es que alguno de esos países los aplique. Basta ver los temas que se negocian en la OMC: subsidios, aranceles específicos, picos arancelarios, monopolios de tecnología industrial, todos ellos contra la teoría del mercado y todos aplicados férreamente por los países desarrollados. Los mismos que recortan gastos en salud y educación para entregar billones públicos a unos banqueros que, por ladrones o tontos, merecen la cárcel o la quiebra. No parece ahora que el Banco Mundial o el FMI prediquen su sólito catecismo de austeridad financiera a esos países pecadores. Es que los diablos si predican, … pero no se convierten!

La crisis actual demuestra que hay dos tipos de economía de mercado, de economía de mercado imperfecto, se entiende: Una es la economía real. La economía que produce y comercia bienes tangibles y presta servicios que se reciben y pagan. La economía cuyos bancos se nutren del ahorro y de ganancias que deja el valor agregado. La economía que genera empleo y paga impuestos para sostener la los programas sociales o la infraestructura del país donde funciona. La economía de la filosofía económica, con variantes que pueden ser distantes, desde François Quesnay, Adam Smith y Frederich List hasta John Maynard Keynes, Milton Friedman y Deng Xiaoping.

La otra funciona en bolsas de valores y otros garitos, donde se vende y se compra según un cálculo del futuro. Ya desde 1815 (Nathan Rothschild / Waterloo ) se manipula la percepción del futuro, pero la realidad de hoy es aún mas irreal. Es un juego febril donde los valores o las empresas tranzadas son apátridas, aunque se coticen en tal o cual bolsa. Las apuestas y los balances pueden ser falsos, como los de Enron refrendados por Arthur Andersen. El dinero de las compras puede que no exista (WorldCom). Es un mercado que coloca dólares sin fondos emitidos por la Reserva Federal, donde las acciones suben sin inversión nueva o mejores dividendos y las divisas varían sin cambios en las cifras macroeconómicas de los países. Es un bazar mundial de curiosos “productos” financieros, cuyo modelo referencial apodamos Wall Street. Sus reglas parecen complejas, pero su enunciado es simple, lo proclama el personaje Gordon Gekko , en la película “Wall Street” cuando afirma: “Greed is good, greed works!” (¡La codicia es buena, la codicia funciona!).

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LA SITUACIÓN ECONÓMICA MUNDIAL (II)

Umberto Mazzei (IREI desde Ginebra, especial para ARGENPRESS.info)

Las teorías de producción, crecimiento y crisis

Antes de la Segunda Guerra Mundial, dos suecos, Eli Heckscher y Bertil Ohlin, elaboraron un esquema de comercio internacional que pasó a ser conocido como el Modelo Hecksher-Ohlin. Es una extensión de la teoría de David Ricardo, pero explica el comercio internacional con elementos más concretos. La ventaja comparativa se funda aquí en la relación de los factores capital y trabajo propios de cada nación.

El modelo Hecksher-Ohlin analiza las desigualdades del comercio Norte-Sur. Clasifica los países como aquellos de mano de obra abundante y los de capital abundante. Los primeros están en vía de desarrollo y se especializan en productos que requieren mucha mano de obra (agricultura, textiles, servicios). Los segundos se especializan en productos que requieren mucho capital (maquinaria, farmacéuticos, finanzas). Ohlin distingue entre trabajo especializado y no especializado y el factor capital lo refina en varios niveles de ciencia y tecnología. Paul Samuelson añadió una observación: al aumentar los precios aumenta la ganancia del factor más intensivo.

El Modelo Hecksher-Ohlin fue objeto de muchos estudios. El más conocido es de Vassili Leontieff, experto en la relación entre sectores de una economía nacional. En un célebre artículo (1953) Leontief señaló la paradoja del Modelo Hecksher-Ohlin: Estados Unidos, el país más abundante en capital, importaba muchos bienes intensivos en capital y exportaba bienes básicos, intensivos en mano de obra.

Esa paradoja se trata de explicar con argumentos poco convincentes y debe estudiarse con más detenimiento. En mi opinión, es un síntoma de las causa del déficit comercial crónico de Estados Unidos. Hay que recordar que la supremacía de Estados Unidos no proviene de un superior desarrollo industrial o tecnológico, sino es producto de la Primera Guerra Mundial, de la que surgió como el gran acreedor financiero mundial. Con excepción del armamento, las mayores exportaciones de Estados Unidos no son industriales, sino servicios y productos agrícolas. Su población media es pobre en estudios y sus reputados altos niveles académicos son dictados y cursados por una mayoría de extranjeros.

Ciencia, tecnología y ciclos económicos

Eso nos lleva a la teoría de los ciclos económicos y su vínculo con la ciencia y la tecnología. Algo aplicable a productos y también a la infraestructura productiva histórica de cada país.

La teoría de los ciclos fue enunciada por Nicolai Kondratieff, un economista soviético, en un ensayo titulado “Las Ondas Largas en la vida económica” (1926). Su trabajo cubre los años del 1789 al 1926 y señala que las economías capitalistas tienen ciclos de prosperidad y depresión que duran entre 50 y 60 años y que suceden en cuatro fases a las que dio el nombre de las estaciones. Tres años después de su ensayo comenzó la Gran Depresión, que coincidió con su predicción. Desde entonces algunos llaman a las depresiones “Inviernos Kondratieff”.

El austriaco Joseph Schumpeter publicó en 1939 “Ciclos de los Negocios” en donde amplia la teoría de Kondratieff, confirma sus observaciones y las atribuye a cambios en la conducta empresarial. Aplica el concepto de la destrucción creativa - enunciado por Sombart- para explicar la secuencia de nuevos productos que desplazan a los anteriores en una dinámica de innovación y progreso técnico.

Schumpeter y otros notaron que hay también otros ciclos: cortos -de 40 meses (Kitchin)- que suceden por variación en inventarios y medianos (Juglar) que duran entre 6 y 11 años. Los ciclos Kondratieff (50-60 años) serían el resultado de grandes innovaciones, que clasificó en los seis tipos que presentamos en la gráfica.

La venezolana Carlota Perez, cuyo libro “Las Revoluciones Tecnológicas y el Capital Financiero” cubre 250 años de historia, precisa que los cambios y las revoluciones técnicas tienen una notable regularidad y obligan al rediseño institucional social y político.

Según Schumpeter la depresión es parte de la lógica del capitalismo, su modo de renovarse. Las innovaciones suceden durante las depresiones, cuando las crisis sacuden posiciones adquiridas y surgen nuevas soluciones y criterios. Perez explica el mecanismo de las “burbujas” y de sus consecuencias sociales y políticas. Aplicando a Leontief, Kondratieff, Schumpeter y Perez, tenemos un trazo coherente de la crisis económica en curso y de su proyección en el futuro equilibrio internacional.

Crisis económicas y economía de guerra

Durante más de un siglo, las crisis económicas nacen en el medio financiero y desembocan en una guerra. En mi opinión, la situación actual se arrastra desde la crisis de 1893, con trágicas cúspides guerreras globales en 1914 y 1939.

La crisis de 1893 la causó la dependencia de Estados Unidos del financiamiento externo. Entre 1886 y 1890, los ferrocarriles e industrias conexas emitieron “un inmenso e inusual volumen de valores y bonos , que se colocó en mercados extranjeros. Ese flujo bursátil externo compensó una balanza comercial desfavorable de los Estados Unidos. Como ahora.

En 1893 quebró el Ferrocarril Readings, los inversionistas huyeron y el flujo se estancó. En New York cayó la bolsa y quebraron varios bancos. Londres también lidiaba con préstamos incautos en Egipto y América del Sur y con el rescate del Baring Bros. Londres y New York tenían ya vínculos muy estrechos y comenzó una crisis financiera anglosajona.

La crisis se acentuó en 1907. Quebró el Knickerbocker Trust en New York y en Inglaterra las exportaciones caían por la competencia de nuevas potencias industriales. Sólo una reacción concertada de los grandes bancos , evitó una quiebra trasatlántica; un precedente que se argumentó luego para delegar, en 1910, la política monetaria de Estados Unidos a un consorcio de bancos privados llamado Sistema de Reserva Federal.

Mientras tanto, se mantuvo una actividad bélica casi permanenre: Guerra de Estados Unidos contra España (1898), Guerra Boer (1899–1902), Guerra Ruso- Japonesa (1904–05), guerras balcánicas (1912 -13) y Revolución Mejicana (1910–17). Ensayos técnicos previos a la Gran Guerra (1914), en la que Estados Unidos primero vendió armas y luego intervino (1917).

El preludio de la crisis 1929 – 1939

El Tratado de Versalles, que rediseño el mapa mundial, fue ciego en política y en economía. Las enormes reparaciones (US$30 millardos ) a expensas de Alemania buscaban agobiar su economía – la más grande de Europa- para impedir su competencia. Lo lograron y demasiado. Keynes predijo el resultado de esa vendetta. Alemania tuvo que imprimir dinero sin fondos y eso desató tal inflación que las compras se hacían con cestas … para el dinero .

Cuando la Primera Guerra Mundial acabó, todos los participantes debían dinero a Estados Unidos. El centro de las finanzas internacionales paso a ser New York. Inglaterra intentó retener la supremacía con un patrón oro alto que drenó sus reservas. Europa no era lugar para especular y el dinero voló a Estados Unidos, donde había intereses encima del 10%. Fue la euforia de los años 20 y el Dow Jones subió de 60 a 400 entre 1921 y 1929. La historia se repite: “En tiempos de auge se aceptan papeles de valor inflado, sin suficiente discriminación o esfuerzo en estimarlos” , algo ya dicho en 1896, no en 1929 o 2008.

El 1 septiembre 1929 la bolsa de New York vendió la cantidad record de 89,6 millardos. El mismo día, Londres subió la tasa de interés para frenar el drenaje de su oro. El día 2 hubo miedo y millardos en valores se quedaron frios. El 4 de septiembre la bolsa bajó. El día 5, el “gurú” Robert Babson anunció una caída general y comenzó la corrida “para parar pérdidas”. Los periódicos hablaban de ganancias, sin convencer. El escándalo de Clarence Hatry en Londres (un Bernard Madoff inglés) no ayudó la confianza. El martes 24 de octubre colapsaba el mercado de valores de New York.

En enero 1930 cayeron los futuros agrícolas. El congreso aprobó la ley Smoot-Hawley para subir los aranceles de Estados Unidos, que ya eran, después de España, los más altos del mundo. Comenzaron retaliaciones comerciales que mermaron las exportaciones agrícolas y cayeron los precios de la tierra. Los préstamos valían más que las propiedades hipotecadas; como ahora. Los bancos quebraban. Al año siguiente vino el pandemonio internacional.

En septiembre 1931 Alemania cerro la bolsa. Inglaterra también y abandonó el patrón oro. Brasil defraudó 500 millones en bonos. Defraudaron 600 millones en bonos centro-europeos y 850 millones en bonos Suramericanos. Grecia y Hungría defraudaron sus deudas de guerra con Estados Unidos e Inglaterra, Bélgica y Francia pidieron condonación. El 4 de julio1932, en el New York Times, Alexander Noyes admitía que las reparaciones impuestas a Alemania eran la causa de la depresión. Le siguieron muchos otros. Keynes había tenido razón.

El costo social y político de la Gran Depresión

En Estados Unidos, de 25.000 bancos, unos11.000 quebraron. El desempleo osciló entre 25 y 30%. El PIB cayó 30%. El comercio cayó a 50%. En Europa las quiebras y el desempleo cundieron en todas partes y la más afectada fue Alemania, cuyo PIB cayó 50%. Sólo la Italia fascista y Suiza resistieron bien. América latina y Asia se estancaron hasta los años 50.

En enero 1933, Adolf Hitler llegó al poder, sobre la onda de los errores de Versalles. Fue quien primero aplicó políticas keynesianas, con grandes proyectos de infraestructura y armamento que mantuvieron el crecimiento alemán hasta la Segunda Guerra Mundial. En Europa proliferó la inspiración fascista: Salazar en Portugal, Horthy en Hungría, Antonescu en Rumania, Pilsudsky en Polonia. Todos ellos llegaron al poder por el descontento social y usaron políticas de nacionalismo popular como contrapropuesta a la de grupos importantes que buscaban una solución revolucionaria según el modelo soviético.

El keynesianismo armamentista

Keynes considera básico el empleo, aunque sea con trabajos artificiales: “Hacer hoyos y volverlos a tapar”. Si son trabajos útiles tanto mejor. La guerra sirve a movilizar empleo, pero con mucho es el peor modo, porque los hoyos no destruyen vidas y futuros.

La Guerra Fría -con guerras calientes cuando hubo desaceleración- fue el pretexto para un keynesianismo militar. La desmovilización posterior a la Segunda Guerra Mundial provocó recesión, hasta la Guerra de Corea (1950-53). El recorte monetario contra la inflación también, hasta la Guerra de Vietnam (1962-71). La derrota en Vietnam aplacó un rato la actividad bélica directa de Estados Unidos, pero las crisis continuaron.

La del precio de los alimentos por la venta masiva de cereales a la Unión Soviética, en 1971. La de los precios del petróleo por conflictos en el Cercano Oriente, en 1973. Para neutralizar esas alzas Estados Unidos repudió su patrón oro , que era la base del sistema monetario internacional acordado en Bretton Woods. Tampoco es que terminada la guerra de Vietnam hubiese paz, hubo guerras por delegación, como aquella de Afganistán (1979-89), que llevo al colapso a la Unión Soviética y puso fin a la Guerra Fría.

Sin Guerra Fría Estados Unidos perdió el pretexto para una economía de guerra, pero siguió. La “amenaza a la paz” son ahora países a los que se ataca sin riesgo: Irak (Bush I, 1990), Serbia (Clinton, 1998- 99). El atentado de septiembre 2001, dio pretexto para una indefinida, pero global, “Guerra contra el Terror”, algo así como bombardear la sensación de miedo: Afganistán (Bush II 2001 - ¿?), Irak II (Bush II 2003-¿?), Pakistán (¿?).

La economía de guerra necesita enemigos para mantener próspero, con dinero público y sangre ajena, al influyente complejo militar-industrial. El mismo cuyo peligro denunció el Presidente Dwight Eisenhower en su discurso de despedida , en 1961, cuando Estados Unidos era aún el modelo admirado en el mundo por mucha gente.

Ver también:
- La situación económica mundial (I)

Fuente:
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LA SITUACIÓN ECONÓMICA MUNDIAL (III)

LA SITUACIÓN ECONÓMICA MUNDIAL (III)

Umberto Mazzei (IREI desde Ginebra, especial para ARGENPRESS.info)

La economía de la deuda

En Bretón Woods hubo dos propuestas para un sistema de divisas internacional: la de Keynes - que bien puede servir hoy – con una entidad emisora neutra y la de Harry Dexter White, con el dólar como moneda de referencia internacional. Prevaleció White, pero con el compromiso de fijar el dólar en un patrón oro de US$35 la onza.

Los que leímos a Paul Samuelson recordamos su clásico ejemplo de política económica donde un gobierno que escoge entre producir mantequilla o producir cañones. Richard Nixon pensó que no hay que escoger, que se puede tener los dos. Los Estados Unidos tenían una balanza comercial desfavorable que agravó el alza de los precios agrícolas y el petróleo en 1971. El 15 de agosto, el gobierno de Nixon anunció el repudio del patrón oro acordado en Bretón Woods; esto es, la devaluación de sus deudas. Cuando los colegas europeos protestaron, el Secretario del Tesoro, John Connolly, respondió con su célebre frase: “El dólar es nuestra moneda, pero es su problema”.

A partir de entonces Estados Unidos paga sus deudas emitiendo dólares cada vez más insolventes. En los 70 el precio en dólares del petróleo subió, pero el dólar bajo. Las economías sólidas revaluaron. El dólar cayó con respecto al Marco alemán y al Franco suizo en cerca de un 250%; mas o menos lo que había subido el petróleo. Esos petrodólares no los guardaron los sheiks árabes en sus cofres; los depositaron en los bancos de occidente. Los bancos tampoco guardan el dinero, lo colocan y los banqueros salieron a prestar dólares en todos los rincones del orbe. Así sucedió la “Deuda del Tercer Mundo”.

Durante los años 80, los créditos fáciles al Tercer Mundo hicieron crisis. Sucedió entonces la primera intervención de países desarrollados para salvar a bancos imprudentes, con dinero de sus contribuyentes. Al Banco Mundial y al FMI se le dieron fondos públicos para que se substituyesen a los bancos privados como acreedores; se disfrazó así el salvamento de los bancos como el salvamento de los países deudores. Con el dinero para pagar a los bancos se ató a los deudores a las condiciones que conocemos como el “Consenso de Washington”.

En 1986, durante esas maniobras financieras, Peter Drucker publicó un ensayo titulado “La cambiante economía mundial” (1) - que aún se consigue en Internet- donde describía el efecto de ese flujo de dinero inorgánico, que se movía en el circuito de los centros financieros con independencia de la producción y el comercio. Mucho dinero circulando y poca inversión productiva. La filosofía económica que describe la frase del personaje Gordon Gekko, del film Wall Street: “Yo no produzco, yo soy dueño” (2).

Riqueza virtual y especulación

La economía de la deuda crea dinero de la nada. Créditos que sólo son cuentas e intereses, realidades virtuales, un toque en la computadora. Hace un siglo, los también bancos sumaban o restaban pero sobre depósitos. También emitían sus propios billetes: una promesa de pago algo aleatoria; por eso, para garantizar la moneda, se crearon los bancos centrales como únicos emisores. Pero el viejo enfoque subsiste en algunos países anglosajones, donde se mira la creación del crédito como un asunto privado y no como asunto de interés público. Por eso la Reserva Federal es un consorcio de bancos privados que presta al Tesoro. Por eso son de anglosajones los mayores mercados financieros y también las mayores crisis económicas.

Los Estados Unidos tienen un sideral déficit fiscal y comercial que cubren con una creciente emisión de dólares virtuales, respaldados por venta de más deuda, como los bonos del tesoro. Esos dólares se invierten en papeles, porque la economía productiva no puede absorberlos. La invención de papeles para la venta enajenó unas cuantas mentes, que creyeron crear riqueza y crearon enormes escándalos. Son notorios los fraudes de Long-Term Capital Management , WorldCom y Enron, cuyas secuelas aún arrastran los mercados financieros. Son casos que revelan ignorancia económica, complicidad gubernamental y corrupción empresarial. Con esquemas burdos, empresas sin activos se expusieron por millardos (3) repartiendo premios gordos entre altos ejecutivos.

Ver gráfico 1

Ese clima ya había llevado Estados Unidos a la recesión en 2001, cuando sucedió el ataque al World Trade Center y la “Guerra contra el Terror” aplazó la crisis. En marzo del 2006 la situación era tan grave que dejó de ser pública la cuenta M3, la que muestra la deuda total. En 2007 la masa de dólares desbordó las bolsas e inundó los mercados de compras a futuro de bienes tangibles y de oro.

Las burbujas de la crisis

La colocación de la creciente masa de dólares sin fondos debe ser, por fuerza, cada vez más riesgosa y eso causa “burbujas” en serie. Es una deuda del Primer Mundo que revienta en la colosal combinación de cuatro burbujas especulativas: la especulación en materias primas y alimentos, la especulación inmobiliaria, la especulación en bolsa y la especulación en divisas.

a) materias primas y alimentos

Las materias primas mantuvieron precios bajos en los 80, aún cuando crecía la demanda. En 2007 su valor aumentó súbitamente, sin que pueda atribuirse a un mayor consumo. Las oscilaciones dramáticas – triple- del precio del petróleo no pueden explicarse como comportamientos de oferta y demanda o por acumulaciones estratégicas.

Los alimentos subieron súbitamente sin que aumentasen población o estómagos. Primero sucedió en México, que parece laboratorio de fechorías, con la crisis de la tortilla. Una escasez creada, en 2006, por la exportación del maíz mexicano e importación de maíz cuando los precios habían subido. Obra de Carghill, que controla los cereales mexicanos, dijeron los medios alternativos. En enero 2007 la tortilla ya costaba el doble, a 15 pesos el kilogramo.

Al alba del 2008, subió repentinamente el precio internacional de los cereales. Se habló de una supuesta demanda para agro-combustibles, pero sin correspondiente aumento de la producción. Se usó un silogismo para culpar a los chinos: los chinos salían de la pobreza y comían más carne; se criaban más animales que devoraban más cereales. Súbitamente, bajaron los precios, con igual número de chinos carnívoros y nadie ha dado una explicación.

b) La especulación inmobiliaria

La especulación inmobiliaria es la burbuja más comentada. Fue muy grande en Estados Unidos, Gran Bretaña y España. El contagio se realizó en las bolsas financieras, donde se venden hipotecas. Con el curioso nombre de Vehículo Estructural de Inversión (4) aparecieron unos paquetes de hipotecas inmobiliarias donde el valor de garantía era inferior al préstamo y daban crédito a personas con poca capacidad de pago; cosa que, claro, aumentaba la comisión. Esos paquetes bomba los adquirieron bancos de inversión, cuyos bien pagados ejecutivos decían – en serio- que ese “instrumento” repartía y equilibraba el riesgo; como si acumular riesgos no fuese más peligroso. Para colmo, los créditos se aseguran con otros “productos” revendidos a no se sabe quien; pero que ya explotarán en algún lugar.

c) La especulación en bolsa

La ganancia en la bolsa funciona bajo el simple principio de comprar a la baja y vender en alza. Hay profesionales “insiders” que pueden conocer las cifras antes de que sean publicadas y otros que van más allá: las hacen. La víctima clásica es el ahorrista común, que invierte siguiendo acciones. Muchas acciones suben y suben con independencia del rendimiento. Una razón, según casos conocidos (Enron, Freddy, Mae, etc, etc, etc.), es el premio en acciones que se da a los directores por los buenos resultados de las acciones... en la bolsa. Eso ha motivado innumerables fraudes contables.

En los 90 aparecieron unos paquetes financieros bajo una variedad de nombres, pero el más conocido es “derivatives”, derivados; son certificados cuyo valor se estima en base a otro certificado cuya cotización cambia en el tiempo: acciones, bonos, monedas, opciones, productos básicos, etc. Se dice que protegen de variaciones de precio, pero es un eufemismo de “Bussines School” para una pirámide financiera. La venta de “productos financieros” se concentro en Nueva York y Londres y sus principales clientes fueron los bancos.

La dimensión de la estafa la evidenció el súbito colapso de bancos y casas financieras, que días antes tenían alta cotización en bolsa y excelente evaluación de riesgo. En ese mundo mañoso, parece que la crisis actual se manipula para el beneficio de unos pocos. La intervención de la Reserva Federal –es decir, algunos grandes bancos- fue poco homogénea. Los beneficiarios del mejor trato han sido Goldman Sachs, J.P.Morgan y CitiGroup.

d) La especulación en divisas y oro

Es notorio que los cambios de divisas oscilan, a pesar de tener el respaldo de una misma cantidad de reservas y con las mismas cifras macroeconómicas nacionales; también intriga la milagrosa levitación del dólar, cuyo patrón ahora es sería el plomo, por el peso de las deudas más grandes de la historia. El precio del oro también sube y baja sin causa razonable. En marzo 2008, la onza pasó los 950 dólares y luego bajo entorno a los 600 para volver a subir en marzo 2009 por encima de los 1000. Pareciera que los joyeros tomaron vacaciones entre marzo 2008 y marzo 2009.

La supervisión de los especuladores

La teoría de una economía de mercado dice que a esta la mueven los precios. En los mercados que conocemos los precios los suelen mover rentistas y especuladores. Un robo que debieran impedir los gobiernos, pero del que son cómplices. Complicidad añeja, como lo demuestra la circulación de personas entre la dirección en grandes empresas y cargos de responsabilidad económica en los gobiernos; unos más y otros menos, pero en casi todos los gobiernos.

En Estados Unidos, el sendero trillado entre Goldman Sachs y el Departamento del Tesoro es bien conocido. En épocas recientes destacan dos casos: Robert Rubin, que era su CEO antes de ser Secretario del Tesoro con Clinton y el actual Secretario, Henry Paulson que entro con Bush, a mitad del 2006, después de presidir 8 años a Goldman Sachs. El salario de Paulson en Sachs rondaba los 37 millones, más unos 500 millones en acciones del banco (5); en el Tesoro sólo gana 191.500 dólares anuales, pero sigue estoicamente allí.

Con socios tan bien ubicados, era inevitable que le diesen a los banqueros un par de billones (trillions) públicos para salvarlos de la quiebra, hace apenas unos meses. Dinero público para que entre banqueros se pagasen sus astronómicas deudas, no para prestar al público como se hizo creer y que hubiese necesitado mucho menos. Saldadas sus deudas, vuelve la dicha a ese circuito tan diferente a la economía general norteamericana. En aquella aumentan las quiebras y el desempleo, caen las ventas y se ejecutan hipotecas. Es un panorama oscuro y peligroso donde contrasta como un faro Goldman Sachs, que recién decretó los dividendos más altos de su historia y dobló los bonos millonarios de sus brillantes ejecutivos. (6)

Ver también:
- La situación económica mundial (II)
- La situación económica mundial (I)

Notas:
1) The changing World Economy, by Peter Drucker.1986. www.foreignaffairs.com
2) “I create nothing. I own.” Película Wall Street de Oliver Stone.
3) Roger Lowenstain : When Genius failed, Random House y The origins of the Crash, Penguin books
4) Structural Investment Vehicle – SIV, en la jerga financiera.
5) Henry Paulson’s Treasury, The Nation, 26/06 2006
6) “ Goldman Sachs declared record earnings for the three months to June of $3.4 billion (£2.1 billion), only months after it accepted government assistance”; Three Cheers for Goldman Sachs by Guy de Blonay, Telegraph.co.uk 24/07/09
“Over all, Goldman’s revenue was $9.43 billion, up 13 percent from the first quarter a year ago” Goldman Sachs Inc. Bussines, New York Times, 27/07/09


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LA SITUACIÓN ECONÓMICA MUNDIAL (IV)

LA SITUACIÓN ECONÓMICA MUNDIAL (IV)

Umberto Mazzei (especial para ARGENPRESS.info)

Los grandes bancos hacen un festín con los dos billones (trillions) que les han dado, como adictos que vuelven al juego y de nuevo suben las apuestas; pero es que el dinero que no proviene de una actividad productiva es justo la causa del problema. Dar más dinero ilusionista aplaca el ansia, pero agrava el problema de colocarlo y genera más burbujas. Mientras, la tensión crece entre los muy ricos y quienes no tienen empleo, ni casa, ni ahorros. El problema es que el sistema dólar no tiene una economía real, para todos, que lo respalde.

¿Quien mueve la economía mundial ahora?

Hace años que la economía de Estados Unidos está estancada y que las manufacturas son cada vez menores en la estructura de su PIB. Peor aún, hay un Déficit Profundo en su clasificación industrial, porque son extranjeros casi todos los insumos de los productos norteamericanos finales . Estados Unidos se des-industrializa y también los europeos y japoneses en algunos sectores (textiles, automotores, informática) en que ya no compiten.



La situación económica mundial esta cambiando y ya algunos habían anunciado la crisis presente como el inicio de un nuevo equilibrio . Es un fenómeno anticipado por el crónico déficit fiscal y comercial de Estados Unidos, que continúa andando a crédito, gracias a su condición de principal mercado de exportación de casi todos los países. Emmanuel Todd, dice de eso que es “comportamiento talmente mágico que algunos economistas han deducido que el rol económico mundial de Estados Unidos no es más el de producir, como las otras naciones, bienes, sino moneda.”

La dependencia mundial de los Estados Unidos como comprador esta cambiando y es lo más trascendente que sucede en las relaciones económicas internacionales. China remplazó este año a Estados Unidos como el principal mercado de países importantes, como Brasil. En otros – como Rusia- el euro, el oro y el yuan van remplazando al dólar en sus reservas.

Ahora se culpa a China por el déficit comercial norteamericano y sus consecuencias, pero no es cierto. Es verdad que la participación china en las importaciones estadounidenses crece, pero no es que desplace a una producción norteamericana; lo que ahora Estados Unidos importa de China, lo importaba antes de otros países. Es un déficit comercial estructural que viene desde el siglo XIX y no disminuirá con la crisis: en abril 2009 fue de 29, 2 millardos.

El ocaso de Estados Unidos y su modelo

La política básica en las grandes empresas de Estados Unidos es como la matriz de la globalización: a) maximizar las ganancias con fábricas en el extranjero o importar partes para evitar el costo de empleados y proveedores nacionales. b) bajar aranceles para no gravar las ganancias de las empresas que importan sus propios productos. c) estimular sin descanso el consumo inmediato – adentro y afuera- para vender más y ganar más. d) apoyar y subsidiar esas políticas en todo el mundo. Son políticas que no toman en cuenta el ingreso del consumidor y se ocupan sólo de la ganancia de empresas que ya son apátridas.

Esa política destruyó el ahorro, redujo la infraestructura industrial y provocó una desocupación. Esos desempleados dejaron su área de competencia y fueron absorbidos, en condiciones precarias, por empresas de servicios. Se hablo entonces de una sociedad post-industrial como si fuera un progreso; total, los servicios son intangibles y algo nebulosos, muchos no requieren conocimientos, basta poder vender algo, como “productos” financieros.

La crisis real no son los millones de millones (trillions) en valores que se hicieron humo. Esas eran cifras aparentes: cotizaciones en bolsa, trampas contables o pirámides financieras, que son las ganancias típicas del sistema. La crisis real es el creciente desempleo y el empleo precario; la del norteamericano abrumado por deudas, que ya no puede comprar más y perderá su casa. Los ricos estafadores de Wall Street y Londres están bien y todo el mundo político se ocupa de su prosperidad, pero los ricos no bastan para mantener el nivel de consumo.

La baja del consumo implica disminución de importaciones. El gran mercado de Estados Unidos, cuyo encanto sedujo con TLCs a los gobernantes de algunos países latinoamericanos y a otros tontos más lejanos, no existe más; se perdió apostándole a la “Economía de la Oferta”, en el Casino Financiero de Wall Street.

Convivencia y transición

Lo que tenemos planteado es una fase en que conviven dos mundos económicos con tendencias divergentes.

Uno, es el llamado Sistema Dólar, personificado por el G-7. Sus rasgos distintivos son: a) colocaciones financieras riesgosas; b) alto porcentaje deuda pública con respecto al PIB, que contrae la economía; c) reservas decrecientes por desequilibrios en la balanza de pagos; d) exportación de actividades productivas, lo que crea desocupación e inestabilidad laboral; e) servicios como eje principal de su economía; f) agricultura subsidiada. Su gran ventaja es que los años de prosperidad desarrollaron una excelente infraestructura física y tecnológica; eso hace posible que un vuelco hacia políticas de empleo y seguridad social impulse una recuperación económica.

El otro mundo son las llamadas economías emergentes. Países que, con la experiencia de los años 80 y de las recetas austeras del FMI y el Banco Mundial, son cautos con sus finanzas. Sus rasgos son: a) bajo porcentaje de deuda pública con respecto al PIB; b) crecimiento económico interno y una competitividad exportadora; c) aumento de reservas; d) importación de empleo; e) industria manufacturera como base económica; f) agricultura eficiente. Su nivel tecnológico es bueno y tiende a ser mejor, la infraestructura es menos desarrollada y hay grandes diferencias entre ellos, los salarios son bajos y desiguales. Su gran ventaja es demográfica.

Los nuevos protagonistas

En 2007, antes de la crisis, los países desarrollados crecieron muy poco: en promedio, 1.8%. Quienes crecían eran los países en desarrollo o emergentes: Argentina 8,5%, China 11,4%, India 9,4%, Rusia 8.1% y ninguna de esos países se rige por las predicas del FMI, del banco Mundial o por los difusos papeles que se escriban en Washington o Londres.

En enero 2009, en el tradicional “Foro Económico Mundial” de Davos hubo nuevos actores y señales claras de lo que está por venir. El Primer Ministro chino Wen Jiabao y el Primer Ministro ruso Vladimir Putin mostraron que sus dos países deben ser tomados muy en cuenta. Putin se burlo de los representantes de Estados Unidos, que el año pasado, allí mismo, se jactaron de la “estabilidad fundamental y prospectos sin nubes” de su economía y señalo que “los bancos de inversión, orgullo de Wall Street, han cesado virtualmente de existir”. Wan critico las políticas macroeconómicas de “algunos países” y dijo que era insostenible un modelo económico “caracterizado por una prolongada baja del ahorro y el alto consumo” y por la “ciega persecución de la ganancia y la falta de autodisciplina”.

El FMI presento una revisión a la baja de sus predicciones, donde China tenía un crecimiento del 6%. Wan corrigió esa cifra y afirmó que China estimaba que, trabajando, podía tener un crecimiento del 8%, en 2009. Las cifras de junio 2009 confirman la predicción de Wan.

El Presidente ruso Dmitry Medvedev, criticó el rescate económico del Presidente Obama que mantendría un déficit de un billón (trillion) de dólares. Eso significa – dijo- que la liquidez mundial sería absorbida con Bonos del Tesoro de Estados Unidos. Es algo muy egoísta y un modo de proteccionismo, dijo su asistente Igor Yurgens. No parece que Rusia o China estén inclinados a comprar muchos más bonos del inexistente tesoro americano.

El 15 de junio, 2009, se reunió la Organización de Shanghai para la Cooperación, en Yekaterimburgo. El grupo Shanghai tiene declarados objetivos económicos pero también elementos de defensa, lo integran Russia, China y cuatro vecinos de Asia Central: Kazakhstan, Kyrgyzstan, Tajikistan y Uzbekistan. Como observadores participan Irán, India, Belorusia y Siri Lanka. China ofreció 10 millardos a cada uno para que amortigüen la crisis e invertirá el equivalente a $550 millardos en obras internas de infraestructura, para compensar la merma de sus exportaciones y movilizar los recursos de la región.

Un rasgo muy destacado es que durante la reunión del grupo Shanghai hubo otra paralela de los presidentes de los países apodados BRIC, que son las iniciales de Brasil, Rusia, India y China. Lo tratado por los del BRIC en Yekaterimburgo fue discreto y negaron a Estados Unidos el acceso como observador, pero se sabe que estudiaron como prescindir del dólar en sus intercambios comerciales.

El nombre de BRICS se lo dio un reporte de Goldman Sachs, en 2001, sobre los países de gran crecimiento económico. El reporte les asignó un gran papel en la economía mundial para el año 2050. China e India serían los productores de bienes y Brasil y Rusia la fuente de materias primas. Una percepción que no confirman los hechos.

Las cosas pasan más rápido y menos coloniales. Brasil y Rusia son ya dos potencias industriales y tecnológicas, aunque en áreas distintas. La importancia mundial de los cuatro es obvia. El aporte de China al Producto Mundial Bruto – PMB- subió de 3.5% en 1999 al 8.8% en 2009. Se estima que, en 2009,los otros aportarían: Brasil 2,3%; Rusia 2,1%; India 2,2%. Son cifras del Financial Times y una base mínima, pero el aporte verdadero de los países a la economía mundial debe tomar en cuenta otros factores.

En primer lugar, un PMB enunciado en dólares lo refiere al costo de vida en Estados Unidos, sin lugar para la paridad con el costo de vida en otros países. El aporte debe calcularse en base a productos y prestaciones, no al valor de cambio. Una vaca cuesta más en Alemania que en Argentina, así, un mismo número de vacas idénticas aportara más al PIB de Alemania que al de Argentina, pero los argentinos comen mejor. El actual cálculo del PMB da más peso a los países con más inflación. Otro asunto es que con la baja del aporte de unos, aumenta el aporte participativo de otros. Estados Unidos sumó al PIB ganancias en bolsa y servicios financieros hechas humo. ¿Es que se van a restar? ¿Es que la dádiva de 2 billones (trillions) a los bancos se suma a su PIB y al PMB? ¡La única supremacía indudable de Estados Unidos es militar! …¿Afganistán, Irak? … Napoleón dijo “El dinero hace la guerra”; con menos dinero seguro que habrá más paz.

Ver también:

- La situación económica mundial (III)
- La situación económica mundial (II)
- La situación económica mundial (I)


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CALIFORNIA EN EMERGENCIA:

El polvorín que puede hacer estallar a EEUU


IAR Noticias
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La crisis recesiva con desempleo masivo que ya se expande por la mayoría de las regiones de la primera potencia imperial, azota con dureza extrema a California, el mayor Estado de la Unión, equivalente a la séptima economía mundial que ya afronta un cuadro potencial de huelgas y protestas sociales. En este escenario, California (por la importancia estratégica de su economía) conforma un primer módulo experimental de "ajuste salvaje" que amenaza con extenderse al resto de los Estados colapsados y con los números de sus economías en rojo.



Lo que parecía impensable hasta ahora, ya está sucediendo: Los "ajustes salvajes", que históricamente fueron exportados por el FMI (el gendarme financiero global) a los países subdesarrollados de Asia, África y América Latina, llegaron, como una extraña paradoja de la historia, a la primera potencia imperial.

Mientras la administración de Obama y las usinas financieras USA derraman todo tipo de teorías y de pronósticos "esperanzadores" sobre una hipotética y "pronta recuperación", los números reales indican que (y mientras florece la especulación financiera en Wall Street) la primera economía imperial ha ingresado en un colapso generalizado de todas sus variables.

Curiosamente, y forzado por la debacle económica y un déficit fiscal histórico, el Imperio se ve obligado a aplicar sus propias recetas en casa para afrontar una crisis que ya ha derivado en crisis social de la mano de la desocupación y de los despidos laborales en masa que se suceden por todo el territorio estadounidense.

Del mismo modo que la crisis financiera obligó a romper con el "libre mercado" (haciendo intervenir al Estado en el salvataje del capital privado), el colapso recesivo y el estallido del déficit fiscal obliga a la primera potencia a aplicar recortes en el gasto social de su propia población, que ya padece en carne propia el costo social del derrumbe de la economía.

El mismo Imperio que puso US$ 4 billones de los fondos del Estado (impuestos pagados por toda la sociedad) al servicio del salvataje de los bancos y empresas privadas quebradas por la crisis, hoy, en California como primer módulo experimental, se apresta a reducir los gastos destinados a los sectores más pobres y desprotegidos de la población estadounidense.

Insensible a los resultantes sociales de la crisis, la actual administración proyecta "reducir" el gasto del Estado en programas y planes vitales para la supervivencia de las mayorías que sufren con mayor crudeza el impacto del colapso económico.

En este escenario, California, con un nivel de desocupación récord para todo el país, se configura como el primer laboratorio experimental de un "ajuste salvaje" al más puro estilo de los aplicados en las periferias subdesarrolladas de Asia, África y América Latina.

El Congreso californiano aprobó el viernes, después de casi 20 horas de votación, un plan presupuestario que incluye recortes drásticos en programas sociales, diseñado para combatir un déficit calculado en más de US$ 26.000 millones en los próximos dos años.

Los problemas del rojo fiscal de California, que detenta un desempleo del 11,6% (récord para EEUU), se profundizaron este año por los efectos de la recesión que golpea a Estados Unidos, dejando al borde de la quiebra al primer Estado de la Unión que por sí solo equivale a la séptima economía del mundo.

La importancia estratégica de California dentro de la primera economía imperial, radica en que es el mayor Estado del país por población (38 millones de habitantes) y por PBI (1,84 billones de dólares que supone el 13,3% de todo EEUU, según datos de 2008). Si fuera un país independiente estaría entre las siete primeras potencias del mundo.

California (una región de México robada y anexada en 1848 por el naciente Imperio USA) cuenta con una población de 38 millones de habitantes y ocupa una superficie de 410.000 km²,  y se consolida como el estado más poblado de EEUU y el tercero con mayor extensión (después de Alaska y Texas).

Del total de la población de California, el 42,8% son blancos no hispanos, 35,9% son hispanos o latinos de cualquier raza, el 12,3% son asiáticos,  y el 6,2% son negros o afroamericanos.

Este detalle adquiere relevancia especial, a la luz de otro dato: Más de 4 millones de californianos viven por debajo del nivel de pobreza.

Datos presentados por California Budget Project (CBP), una organización no lucrativa especializada en análisis para formulación de políticas, muestran que la cifra de californianos cuyos ingresos están por debajo del nivel de pobreza federal, subió cerca de 4.6 millones en 2007 (12.7 por ciento de la población).

Otros datos oficiales del presente revelan que la tendencia a disminuir ingresos y aumentar los índices de pobreza continúan en 2009, y destacan cómo el nivel de desempleo de los últimos 20 meses fue aumentando hasta alcanzar un record respecto de los otros Estados federados.

El director del Bakersfield Homeless Center (Centro para Gente sin Hogar) en California señaló que se registró un aumento de familias sin techo que llegan a golpear sus puertas debido a la crisis económico-recesiva. "El año pasado tuvimos un 34% de incremento en el número de familias sin techo y un 24% de alza de niños en la calle", afirmó.

El paquete de "ajuste salvaje" aprobado el viernes por el Congreso californiano, como lo califica la prensa norteamericana, consta de 31 leyes que impondrán profundos recortes en los gastos estatales y permitirá utilizar dinero de los gobiernos locales para balancear los libros del primer Estado de la Unión.

Un proyección anticipada del drástico recorte del gasto social aprobado prevé despidos y recortes de salarios a los empleados públicos, suspensiones laborales, vacaciones sin paga, planes de retiro anticipado, reducción de fondos para los jubilados, la educación y la salud pública, y recortes en los programas para paliar el hambre y la pobreza, que en California registra la tasa más elevada de EEUU.

Entre los recortes previstos por el "ajuste salvaje" se destacan unos US$ 1.300 millones  menos para el programa de salud para las familias pobres, así como unos US$ 124 millones menos para el seguro de salud de más de 900.000 niños de hogares con bajos ingresos.

Los legisladores argumentaron las medidas extremas debido a que el Estado californiano registra un desempleo de dos dígitos que ha reducido la recaudación en concepto de impuestos sobre ingresos personales, la principal fuente de dinero en lo que al sistema impositivo se refiere.

La tasa de desempleo en California fue del 11,6% en junio, un alza del 7,1% frente al mismo período de 2008.

The New York Times señaló el miércoles que en California y otros tantos Estados, "a cada una de cinco personas le gustaría trabajar jornadas completas pero no puede".

La tasa oficial de desempleo en todo EEUU es de 9.5%, pero, según el Times, no incluye a aquellos que se han dado por vencido y han cesado de buscar trabajo y a los que se han visto obligados a reducir sus horas de trabajo.

De acuerdo con este panorama, si a estos desocupados y sub-ocupados se les incluyera en las estadísticas oficiales, la verdadera tasa de desempleo en California, afirma el Times, llegaría al 20.3%.

De acuerdo con el influyente diario neoyorquino, en el Estado de Oregon, la tasa rondaría el 23.5%, en Michigan y Rhode Island, el 21.5%, y en Carolina del Sur, el 20.5%. La cifra en Tennessee sería un poco menos del 20%, igual que en Nevada y otros Estados que "han dependido enormemente de la manufactura y la industria de la vivienda".

Por su parte, el Centro para los Estudios del Mercado de Mano de Obra (Labor Market Studies) en la Universidad Northeastern en Boston pone la tasa actual de desempleo en 18.2%, por encima de las cifras oficiales.

John Williams, de la organización Shadow Government Statistics sitúa la tasa del "desempleo alternativo" en 20.6%. Otros analistas estadounidenses calculan que la cifra de la desocupación real se sitúa en el 18.7%.

De acuerdo con David Rosenberg,  ex jefe de economía de EEUU de Merrill Lynch: "Las cifras oficiales relacionadas con los desempleados se han duplicado durante la recesión hasta alcanzar los 14 millones, y si se toma en cuenta toda la flojera que existe en el mercado de mano de obra, las cifras no oficiales llegan a casi 30 millones, lo cual significa otro récord".

En el estado de Texas, que tiene el mayor porcentaje de personas no aseguradas, aproximadamente 866,000 personas perderán la cobertura de seguro médico.

En Florida, más de 3,500 personas a la semana están perdiendo la cobertura médica, en Nueva York, 2.500, en Illinois y Georgia, 1.600, en Nueva Jersey 1.200, y en  Michigan, algo más de 1.000 personas a la semana.

En este escenario, California, con un nivel de desocupación récord respecto a todo el país,  ya se  presenta como un polvorín social a punto de estallar en el escenario global de la crisis recesiva estadounidense.

La organización social Families USA estima que en el período enero, 2008 y diciembre, 2000, 995,000 personas en el estado de California, perderán su seguro médico.

California no pudo escapar al estallido de la burbuja inmobiliaria en EEUU que comenzó en 2006 y, desde el pico más alto hasta marzo de 2009, los precios cayeron un 27,4%, según los informes oficiales, que indican que este descenso es el más pronunciado de todo el país. La debacle de la construcción (tanto residencial como terciaria) llevó a California a la mayor recesión desde la Gran Depresión.

El malestar social que generan la desocupación creciente y el deterioro de las condiciones salariales, así como el achicamiento de la capacidad de consumo, alimenta y exacerba el estado de frustración colectiva, provoca pérdida de confianza en los funcionarios y alienta las huelgas y protestas sociales que ya se ciernen como una amenaza en el primer Estado de la Unión.

El nuevo presupuesto aprobado el viernes proyecta menos gastos en educación, seguridad, prisiones, parques, salud y otros servicios, lo cual genera malestar ciudadano, señala un artículo del diario USA Today.

Según informaba la prensa estadounidense este fin de semana, ciudades y condados del Estado norteamericano más poblado ya presentan crecientes protestas por los recortes sociales previstos para paliar el déficit fiscal que azota con dureza extrema su economía.

De acuerdo con el diario USA Today, las expresiones de rechazo al "ajuste salvaje" ya alcanzan a varios alcaldes que tampoco aprueban la supresión de fondos municipales en aras de lidiar con más de 26 mil millones de dólares de déficit.

Antonio Villaraigosa, alcalde de la Ciudad de los Ángeles, advirtió que su comunidad va a luchar contra los recortes, mientras acompañaba a cientos de policías movilizados para protestar contra los recortes de recursos a la seguridad pública.

Por su parte, el alcalde de Santa Ana, Miguel Pulido, calificó de robo de alto nivel la componenda entre parlamentarios y el gobernador Arnold Schwarzenegger.

El diario La Opinión señala que, ante la magnitud y el alcance de los recortes sociales, se preparan movilizaciones sindicales y concentraciones de organizaciones  frente al Congreso de California, ubicado en Sacramento.

Las señales son claras: La crisis financiera ya devino en recesión  y amenaza (por efecto de la desocupación masiva) en convertirse en una crisis social de difícil pronóstico en EEUU.

La crisis social (consecuencia de la caída del consumo y los despidos laborales) se perfila como un emergente de la crisis recesiva- laboral que detonó escalonadamente como consecuencia de la crisis financiera en EEUU.

"El mercado laboral de Estados Unidos tiene un desempeño aún peor que el de la economía en general, lo que causa temores dentro y fuera del gobierno de que el resultado podría ser el de una recuperación sin empleos incluso cuando termine la recesión", señalaba la semana pasada The Wall Street Journal.

Salvar a los ricos y hundir a los pobres

Como contrapartida de los "ajustes salvajes" (con partida experimental en California) que se avecinan, el Estado USA (con dinero de los impuestos pagados por toda la sociedad) ya utilizó US$ 4 billones destinados al rescate de las entidades y bancos quebrados por la crisis financiera recesiva.

En abril, la Comisión de Supervisión del Congreso de EEUU, encargada de evaluar los progresos del plan de rescate financiero aprobado en octubre de 2008, consignó que el total de las "ayudas", préstamos y garantías proporcionadas hasta la fecha a los bancos y empresas quebradas superaban los US$ 4 billones (unos tres billones de euros).

La Unión Europea (el complemento del Imperio USA)  por su parte difundió en abril un informe según el cual  desde septiembre de 2008 concretó más de 50 medidas nacionales para estabilizar el sistema financiero por un valor total de US$ 4 billones (unos 3 billones de euros).

A esta suma sideral combinada de US$ 8 billones (aproximadamente un 30% del PBI juntos de EEUU y la Unión Europea) habría que agregar otros US$ 3 billones que -según los especialistas de Wall Street- tendrán que desembolsar en el corto plazo para reforzar la compra de "activos tóxicos" (papeles financieros quebrados)  cuya cifra final a precio de mercado podría superar los PBI juntos de EEUU y la Unión Europea.

Algunos especialistas estiman que la restitución de los fondos faltantes para restituir la "normalidad" al sistema financiero privado imperial USA-UE, y la suma a ser empleada para salvar de la quiebra a las empresas del sector industrial y comercial podrían superar los US$ 45 billones.

Para tener una idea de esta cifra, hay que puntualizar que todo el PBI mundial es de aproximadamente US$ 65 billones.

No obstante, y a pesar de que se trata de un desembolso sin precedentes en la historia moderna de fondos públicos para salvar al sistema capitalista privado de la quiebra, los "rescates" USA-UE no han tenido hasta ahora ningún resultado para solucionar la crisis financiera que, como efecto más inmediato, contrae el crédito, desacelera la economía y el consumo, e impacta en la economía real con quiebras generalizadas de empresas y despidos masivos de trabajadores.

Se trata, en suma, de una "socialización de las pérdidas" para subsidiar un "nuevo ciclo de ganancias privadas" con el Estado como herramienta de ejecución, mediante el cual los megaconsorcios más fuertes (los ganadores de la crisis) se degluten a los más débiles generando un nuevo proceso de reestructuración y concentración del sistema capitalista.

Pero este empleo de fondos públicos para salvar al capitalismo privado provenientes de los impuestos pagados por toda la sociedad, hasta ahora sólo ha conseguido agravar la crisis paralela que desató en la economía real tanto de EEUU como de Europa, y que ya se expande como un virus por la periferia del mundo emergente o subdesarrollado.

Y la crisis, como ya es histórico en el sistema capitalista, va a caer sobre los hombros de los sectores más vulnerables de la sociedad, tanto de los países centrales como de las naciones emergentes o subdesarrolladas que la van a subsidiar a través de las cargas impositivas de sus salarios y de los productos que consumen.

Mientras los Estados imperiales USA-UE financian con dinero público el rescate de sus sistema de explotación capitalista privado, la crisis impacta fundamentalmente en el eslabón más débil de la sociedad mundial: Los 3 mil millones de pobres (incluidos 963 millones de hambrientos) y 190 millones de desempleados,  registrados en situación precaria antes del colapso financiero en las metrópolis imperialistas. 

Sin techo en Sacramento

Como ya está sucediendo en California, en los países centrales, y mientras sus Estados "salvan" al capitalismo privado, las grandes víctimas son los sectores más vulnerables de la sociedad, que pagan impuestos a través de sus salarios, y la masa de trabajadores  despedidos que van a alimentar la base de la crisis social que se vislumbra en los países más pobres de la periferia europea.

De acuerdo a la OIT, en 2009 unas 50 millones de personas en todo el mundo podrían perder sus trabajos debido a la crisis económica.

Según informaba el organismo internacional en abril, la crisis ya dejó solamente en EEUU a 3.600.000 trabajadores en la calle, mientras se estima  que para fines de 2009 se habrán perdido  50 millones de empleos en el mundo a causa del colapso recesivo global.

Pero este panorama con los resultantes sociales de la crisis, no parece influir en la voluntad de los líderes y gobernantes de las potencias imperiales USA-UE que -en vez de reactivar la producción y el empleo- ya llevan utilizados US$ 8 billones para salvar al sistema financiero sionista que depredó y quebró a la economía mundial con la "burbuja financiera".

Insensibles a los resultantes sociales de la crisis (más pobreza y desempleo a escala masiva que afecta a los sectores más vulnerables de la sociedad mundial), el sistema capitalista sionista que hegemoniza el control de la dupla imperial USA-UE solo está interesado en "salvarse a sí mismo" indiferente a los estallidos sociales que se avecinan.

Y en este escenario, California ya conforma un primer módulo experimental de lo que le espera a las mayorías desposeídas, tanto de los países centrales como de la periferia subdesarrollada y emergente de Asia, África y América Latina.

  

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(*) Manuel Freytas es periodista, investigador, analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.

EL CAPITALISMO SE HA CONVERTIDO EN UN CADAVER


www.elpais.com/articulo/opinion/pasando/elpepiopi/20090413elpepiopi_13/Tes
 
ELPAÍS.COM Opinión

TRIBUNA: SANTIAGO NIÑO BECERRA

Lo que está pasando

Para salir de la gravísima crisis económica a la que se enfrenta el mundo hay que acabar con el despilfarro, tenemos que ser más ecológicos y utilizar los recursos de forma muy productiva


El grado de endeudamiento de las personas y las empresas ya no puede crecer más

Debemos aplicar cambios profundos y permanentes que afectarán a nuestro modo de vida


SANTIAGO NIÑO BECERRA
13/04/2009

Cuál es el escenario en el que nos estamos viendo inmersos, cada día con más certidumbre, cada vez con mayor dramatismo? Los datos son inequívocos. Estancamiento, en el mejor de los casos, o decrecimiento del producto interior bruto (PIB); aumento del desempleo, galopante en varias economías, por ejemplo en la española; caída generalizada de la inversión; hundimiento del consumo; oferta de crédito muy inferior a las necesidades que de crédito existen. ¿Qué está sucediendo? ¿Por qué está sucediendo?

En la evolución temporal de los sistemas económicos se dan dos tipos de tensiones. Algunas se pueden solucionar con relativa facilidad, pues para hacerles frente es suficiente con variar uno, o a lo sumo dos, parámetros económicos; otras tensiones del sistema económico, en cambio, suelen tener una evolución demoledora.

Las primeras, las recesiones coyunturales, pueden ser puntualmente intensas, pero, cuando menos, tienen la virtud de ser relativamente breves; las segundas, por el contrario, son intensas, prolongadas, dramáticas. A lo largo de la historia, el número de esta segunda clase de tensiones es escaso, pero su duración puede dilatarse largamente en el tiempo. Son las crisis sistémicas.

Las crisis sistémicas se caracterizan porque al estallar afectan al propio funcionamiento del sistema y a fin de salir de ellas es preciso sustituir o modificar en profundidad algunos elementos constitutivos del mismo, de forma que se introduzca en él una nueva forma de operar. La crisis de 1929, que condujo a la Gran Depresión, fue de estas características. La crisis ante la que ahora nos hallamos también lo es.

El crash de 1929 se produjo porque el modo de funcionamiento del sistema se agotó: el incremento tan elevado de la productividad habido a partir de 1923 dio lugar a una oferta que no pudo ser absorbida por la demanda, porque ésta era limitada e insuficiente; los instrumentos que se aplicaron, tratando de revertir la situación, no funcionaron debido precisamente a que eran hijos de la situación que pretendían arreglar y, en consecuencia, estaban viciados por ella. La verdadera solución de esa crisis no llegó en realidad hasta 1950, cuando se dotó al sistema de una nueva forma de funcionar.

Actualmente está sucediendo algo muy semejante. El impulso creado por los cambios introducidos en el sistema a partir de 1950 quedó agotado en 1973, que es el momento en el cual se hizo patente que el precio de las commodities, en especial el precio del petróleo, no iba a continuar siendo tan bajo como hasta entonces. Como reacción, se introdujeron cambios que permitieron mejorar la productividad, pero el resultado de ese incremento fue la desvinculación del crecimiento económico de la creación de empleo, y esta circunstancia acabó incidiendo en el equilibrio entre la oferta y la demanda, en un entorno de creciente inestabilidad monetaria. La solución a este problema no resuelto llegó en 1991 y quedó reforzada en 2002.

Fue ingeniosa y simple: los problemas se resolvieron con un aumento exponencial del volumen de crédito concedido a familias y empresas; y el resultado fue brillante: la inversión aumentó, a la vez que lo hacía el consumo, mientras que el desempleo provocado por la oleada de deslocalizaciones fue en parte enjugado por un sector servicios en constante progresión.

Entre el año 2003 y mediados de 2007, con unos tipos de interés excepcionalmente reducidos, y con una, en la práctica, total liberalización en el tránsito de capitales, el PIB comenzó a crecer empujado por la inversión y por el consumo, a la vez que la deuda privada se disparaba en todas las economías, aunque en unas más que en otras. El desenlace es conocido.

Hoy hemos alcanzado un momento en el que este modo de operar se ha agotado. Y no es que se haya agotado desde una perspectiva sólo financiera, sino que lo ha hecho en un nivel puramente físico: el grado de endeudamiento de las personas y de las empresas ya no puede crecer más. Sin ir más lejos, en el caso de España, el endeudamiento familiar y empresarial supera en dos veces el valor añadido que la economía española genera en un año. Y en el caso de Estados Unidos, el endeudamiento es mayor que el valor de la producción estadounidense correspondiente a bastante más de tres años. No es posible que todo ese volumen de deuda continúe creciendo. Pero a la vez, no es posible que se continúen despilfarrando recursos tal como se han estado despilfarrando hasta ahora. Y no es posible, no sólo desde el punto de vista de la ecología, sino por mera eficiencia del propio sistema.

El actual modo de funcionamiento del sistema productivo, desde su mismo origen, fue altamente despilfarrador. Partía de una base errónea, ya que suponía que la cantidad de recursos de los que podía disponer era ilimitada. De todos los recursos, desde el petróleo hasta el uranio, desde el cobre hasta el agua. Por consiguiente, el modo de producción puesto en funcionamiento por nuestro sistema no se paraba a pensar en la eficiencia en el uso de tales recursos. En todo caso, la preocupación era, tan solo, cómo obtener los recursos precisos al más bajo precio posible. Y debido a que durante muchos años el precio de las commodities fue muy reducido, la eficiencia en el uso de los recursos continuó brillando por su ausencia.

La crisis de 1973 concienció a las fuerzas productivas de que la productividad tenía que mejorarse porque el precio de los recursos comenzó a aumentar, pero las fuerzas productivas continuaron actuando como si la cantidad disponible de recursos fuera infinita, lo que no es cierto. No lo era entonces ni lo es ahora. Hoy se sabe que el número de años durante los que podremos disponer de petróleo o de uranio a un precio asumible es muy limitado, y que el agua potable es cada vez más escasa, y que el cobre fácil de obtener no es infinito.

El cambio sistémico que traerá la crisis que estamos comenzando a padecer y que se pondrá de manifiesto de forma especialmente dramática a mediados de 2010 nos hará desembocar en una situación en la que, tarde o temprano, el propio sistema comprenderá que los remedios que se han ido estableciendo desde el año 2007 no sirven de nada.

Y cuando por fin llegue ese momento, la salida de la gravísima y terrible situación a la que el mundo se enfrenta tendrá que consistir en la toma de conciencia de algo que deberíamos haber comprendido hace tiempo. A saber: que la eficiencia en el uso de los recursos debe regir de forma prioritaria la toma de decisiones, y que es a través de la mejora continuada de la productividad como se pueden conseguir los cambios necesarios para ver la salida de la crisis.

Dicho así no suena mal: hay que acabar con el despilfarro, tenemos que ser más ecológicos, debemos utilizar los recursos de forma muy productiva. No suena mal, pero todos, Gobiernos, empresas y ciudadanos, debemos comprender y aceptar que para funcionar de ese modo tenemos que aplicar cambios drásticos y profundos, que afectarán muy notablemente a nuestro modo de vida. Y son unos cambios que tendrán que ser, además, permanentes. Introducir esos cambios, teniendo en cuenta que son de gran calibre, no es sencillo para nadie. Ni sencillo ni agradable, sobre todo al principio.

Santiago Niño Becerra es catedrático de Estructura Económica del IQS (Universitat Ramon Llull), y acaba de publicar El crash del 2010. Toda la verdad sobre la crisis (Los Libros del Lince)

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ELPAIS.COMNegocios

ENTREVISTA: Carreras & Capital humano

SANTIAGO NIÑO BECERRA Catedrático del IQS (U. Ramón Llull)

"El capitalismo se ha convertido en un cadáver"

"Esta crisis es sistémica. Supondrá un trauma para la sociedad"
 
"La necesidad económica traerá conceptos como utilidad y colectivo"
 
"Ha llegado el momento de responsabilizarnos de nuestra vida"

"Tendrán empleo garantizado los que hagan algo útil para la sociedad"

 
BORJA VILASECA 19/04/2009

En septiembre de 2007, cuando salió a la luz la gigantesca problemática económica creada por las hipotecas de alto riesgo, empezó a constatarse que el ritmo del crecimiento económico actual es totalmente insostenible. Desde entonces, cada vez hay más desempleo, más compañías que suspenden su actividad y más entidades financieras con dificultades.

En opinión de Santiago Niño Becerra (Barcelona, 1951), catedrático de Estructura Económica de la Facultad de Economía IQS, de la Universidad Ramón Llull, "la deuda acumulada por el actual modelo económico no va a resolverse con más deuda, sino con profundas transformaciones estructurales". Autor de El crash del 2010 (Los libros del Lince) afirma que "se avecina una crisis de proporciones gigantescas, totalmente inevitable, muy parecida a la de 1929, salvo por la diferencia de que ahora la caída está produciéndose a cámara lenta".

Pregunta. Según ha dicho, todavía estamos en periodo de precrisis...

Respuesta. Sí, lo peor está por llegar. Aunque no queramos reconocerlo, este sistema ya ha cumplido con su función en la historia de la evolución de la humanidad y se halla en vías de agotamiento. La crisis de las hipotecas basura, los niveles descontrolados a los que se ha llevado la economía financiera y los montos de deuda privada desmesurados e inasumibles son indicadores de este agotamiento, cuyo punto de no retorno se alcanzó en 1973 y su máximo entre 2003 y 2006. A partir de ese año comenzó a gestarse el crash que se producirá a mediados de 2010.

P. ¿No se puede evitar?

R. No, es algo que tiene que suceder para que la evolución natural de los acontecimientos siga su curso.

P. ¿Y qué opina de usar dinero público para capear la situación?

R. Comprendo por qué y para qué se hace, pero no servirá de nada. La economía mundial lleva años funcionando por inercia, con el piloto automático, sin tener que enfrentarse a una verdadera crisis. De ahí que el sistema no esté preparado para actuar en situaciones de verdadero riesgo, como la actual. Por ello, las medidas que están adoptándose tan sólo servirán para ir tapando agujeros, sin un plan determinado, intentando salvar la situación y creyendo que se trata de un revés temporal y superable.

P. Pero no será así...

R. La crisis que se avecina no será como las de 1993 o 2000. Lo que viene ahora no va a poder taparse. Es algo gordo de verdad: una crisis sistémica.

P. ¿Crisis sistémica?

R. Sí, es aquella que da lugar a un cambio que afecta de forma profunda e irreversible al modo de organización y producción del sistema, así como a su manera de atender y entender su realidad social. Al transformar completamente la forma en la que se han venido haciendo las cosas, esta crisis supondrá un trauma para la sociedad. Pero es algo cíclico, totalmente natural. De hecho, la crisis sistémica que se iniciará en 2010 será la decimonovena que se ha producido en los últimos dos mil años.

P. ¿Significará el final del capitalismo?

R. No, pero sí el principio de su fin. Los sistemas económico-sociales, con ligerísimas variaciones, suelen durar unos 250 años. Y dado que el capitalista comenzó su andadura oficial con la llegada de la Primera Revolución Industrial, en 1820, terminará aproximadamente en 2070. De ahí que se esté convirtiendo en un cadáver económico.

P. ¿Qué pasará a partir de 2010?

R. Por mucho que políticos, banqueros y empresarios intenten hacernos creer que aquí no va a pasar nada, vamos a vivir el hundimiento de la economía entre 2010 y 2012, seguido de un periodo de estancamiento hasta 2015 y, posteriormente, una lenta recuperación hasta 2020. Así, cuando se produzca el crash de 2010 comenzará la paulatina imposición de limitaciones en el uso y el consumo de recursos, tanto a través del aumento de sus precios, como de la restricción o denegación de su consumo, lo que acarreará la muerte de algunas actividades, que se revelarán ineficientes.

P. Y los ciudadanos, ¿qué podemos hacer?

R. Ha llegado el momento de responsabilizarnos de nuestra propia vida. Mi recomendación es que cada persona se dedique a trabajar en algo que le apasione, que realmente tenga sentido y que sea verdaderamente útil y necesario para la sociedad. Lo digo porque sólo quienes sean los mejores en su campo de especialización y aporten verdadero valor añadido a sus organizaciones tendrán garantizado un empleo a tiempo completo. Esta nueva filosofía tendrá su eje en el concepto de responsabilidad personal, que comienza con el autoconocimiento y el desarrollo personal y tiene consecuencias sobre la elección de nuestra profesión, nuestro estilo de vida y nuestro consumo.

P. ¿Algún consejo más?

R. Quien tenga deudas, que las cancele cuanto antes o que las reduzca cuanto pueda, y que no se endeude más. Y antes de comprar cualquier cosa, que cada cuál se pregunte si verdaderamente lo necesita. La crisis de 2010 va a obligarnos a vivir de acuerdo con nuestras necesidades y no nuestros deseos. Dado que vamos a dejar de ir a más para empezar a ir a menos, lo necesario va a volver a ser lo único importante. Conceptos como "utilidad", "eficiencia" y "aprovechamiento" van a ser protagonistas, así como "colectivo", "coordinación", y "colaboración". No va a quedar más remedio que abandonar el individualismo y trabajar conjuntamente para lograr una mayor optimización en la gestión y el uso de los recursos. Como ha ocurrido siempre, este tipo de cambios se producen debido a una necesidad económica.

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