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Economía con Máximo Kinast

EL INICIO DE LA CATÁSTROFE

Por Paul Walder

Fuente: http://walderblog.blogspot.com/

(Walderblog: ElDesvío de lo Real)

 

El 11 de septiembre de 1973 marcó en Chile el inicio de la contrarrevolución conservadora a escala mundial. Un plan orquestado por las grandes corporaciones estadounidenses y la reacción conservadora, celebrado por la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago y por Milton Friedman, e impulsado por los aparatos de inteligencia del entonces gobierno de Richard Nixon en Estados Unidos.

Una campaña que se extendió hacia otros países latinoamericanos, que recorrió más tarde el globo tras el colapso de los países socialistas y que tiene su más reciente episodio en la invasión y ocupación de Irak. Esta es la tesis de la periodista e investigadora Naomi Klein en su libro The Shock Doctrine. El capitalismo neoliberal para instalarse primero debe golpear, destruir, después atemorizar y finalmente construir su modelo. Pasó en Chile, en Irak, pero también ha pasado con la ayuda de la historia y la naturaleza.

El capitalismo depredador se instaló en Rusia y los Países del Este tras la caída del muro, y se ha aprovechado de desastres naturales como el huracán Katrina en Nueva Orleáns o el tsunami en las costas de Asia para instaurar su modelo después el desastre. Klein cita un artículo del hoy fallecido Milton Friedman en el Wall Street Journal meses después del huracán. El economista, junto con lamentar la muerte de tantas personas, observó que los colegios públicos estaba en ruinas. “Es una tragedia. Pero es también la oportunidad para reformar radicalmente el sistema educacional” ¿Cómo? A la chilena, privatizándolo.

Sobre la base de la tesis de Klein, podemos decir que la Concertación ha gobernado sobre la catástrofe. Ha administrado con deleite para el gran capital con la certificación de la derecha un modelo instalado sobre la base de la destrucción y el miedo. Miedo al secuestro durante la dictadura, pero miedo al desempleo y al desamparo económico durante nuestra singular democracia neoliberal.

Es muy probable que con la actual crisis global el modelo neoliberal si no colapsa sí sufra importantes transformaciones. La economía chilena, vanguardia de esta matriz mundial gestionada aquí por el tandem Concertación-corporaciones, se verá obligada a adaptarse a esos cambios, los que ya se observan en las medidas de emergencia que intentan paliar los primeros efectos de las crisis.

Pero no se trata de parches y remiendos, como ha sido la tónica del Transantiago, o como son las medidas anunciadas para las pymes y los exportadores afectados por un dólar depreciado. Chile, como furgón de cola del neoliberalismo mundial, tendría que comenzar a adaptarse a las dramáticas transformaciones que muy probablemente remecerán al mundo, tales como un regreso al proteccionismo o renacionalización de empresas.

De producirse a partir de este año esta nueva transformación, que surgirá a partir del colapso sistémico de la economía mundial, cabe hacernos una pregunta. ¿Gestionará ese cambio el mismo grupo de señores que nos condujo y nos ha mantenido en la catástrofe?

 

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