Se muestran los artículos pertenecientes al tema Las Bases Filosóficas.

JACQUES ATTALI, FIGURA PROA DEL PENSAMIENTO ÚNICO


Escribe Christian Jacquiau, économiste, traducción del francés de Luis Casado.

«Mis 316 proposiciones no le costarán ni un centavo al Estado francés», promete Jacques Attali. Jurado cachitos p’al cielo. Se dice que el eminente economista estaría dispuesto a gravarlo en mármol de Carrara, el mismo con el que antaño hizo adornar -en la era de esplendor miterrandista- el hall de entrada de la BERD (Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo) que dirigió de 1991 a 1993, antes de tener que pirar bajo la presión de la opinión pública internacional (y de los jueces…).

¿Habrá olvidado Nicolas Sarkozy -que le firmó un cheque en blanco el 30 de agosto de 2007 («lo que Ud propondrá, es lo que haremos»)- los problemillas de su compañero de la liberalización? (juego de palabras con “compañero de la liberación” como se autodenominan los gaullistas. N. del tr.)

¿Seguirá el presidente las preconizaciones de este experto en experticias, obligado a huir de la BERD por una puerta escondida, sin siquiera esperar la nominación de su sucesor?

Este catálogo de la derrota merecería por lo menos un examen atento y contradictorio. Pero el pensador neo-eliseano ya previno: ¡Hay que tomar sus sugerencias en bloque y sin discutirlas! Desde la escena del teatro de la Rotonda de los Campos Elíseos (eso no se inventa…) donde presentó sus “300 proposiciones para cambiar Francia”, Jacques Attali les señaló con arrogancia a nuestros parlamentarios toda su inutilidad política: “¡El informe para la liberación del crecimiento francés no tiene porqué ser estudiado porque ya fue estudiado!”

Sus preconizaciones son indiscutibles. Aun menos cuestionables. En algunos meses Jacques Attali volverá a la escena del teatro de sus declaraciones históricas pero será, esta vez, para trabajar como actor. Mientras tanto, con toda la modestia que le conocemos, Attali nos la juega “Tina” (There Is No Alternative) como le gustaba a Margaret Thatcher.

La reforma (…) solo puede tener éxito si el presidente de la República y el Primer ministro aprueban plenamente las conclusiones de este informe, lo apoyan públicamente desde ahora, personalmente y durablemente, asignándole a cada ministro misiones muy precisas”, afirma Jacques.

¡Fuera de las preconizaciones de este nuevo “maître à penser” no hay reforma posible! Y su eminencia agrega: “Lo esencial de estas reformas deben ser iniciadas, según el calendario propuesto al final del informe, entre abril de 2008 y junio de 2009. Ellas deben ser impulsadas con tenacidad durante varios mandatos (presidenciales) cualquiera que sea el color político mayoritario”.

El pensamiento attaliano, figura de proa del nuevo pensamiento único, fue elaborado para trascender todas las diferencias políticas, por los siglos de los siglos. ¿Qué otra cosa se podía esperar de un ex consejero de Dios? (Mitterrand fue apodado “Dios” durante su mandato. N. del tr.)

Viernes 25 de enero de 2008

NOTA DE LUIS CASADO: Suelo decir que los economistas no arrepentidos están todos tontos del culo o completamente piraos lo que es lo mismo.

He aquí un ejemplo que reconforta.

 

26/01/2008 12:02 Autor: economiaconmaximo. Enlace permanente. Tema: Las Bases Filosóficas No hay comentarios. Comentar.

ANATOMÍA DEL DISCURSO NEOLIBERAL

Por Rafael Bautista S.

Difundido por Política Cono Sur

Enviado por Rafael Corso <rafaelcorso@yahoo.com> 

 

 

"Si Yo digo al malvado `vas a morir'

y tu no le amonestares para retraerle

de sus perversos caminos para que viva él,

el malvado morirá en su iniquidad,

pero te demandaré a ti su sangre"

Ezequiel 3:18

 

Cuando la oligarquía dice "defender la democracia", hay que precisar  qué hay detrás de esa consigna. Porque las palabras no siempre dicen  lo que dicen, más aun cuando se encubren en un discurso democrático  para justificar precisamente lo contrario. Las apariencias no sólo  cubren sino que ocultan; es el lobo que se viste con piel de  cordero. Pero cuando la apariencia es la propia bandera de lucha,  entonces asistimos no a una simple sustracción sino a un rapto. Pero  el rapto, en este caso, no es cualquier rapto. En la historia de los  raptos, sucede una instancia paradigmática, donde se percibe la  naturaleza de la enajenación: cuando el precio del rescate no es en  ningún modo una transacción, sino la estrategia para tenerlo todo.

Algo similar sucede cuando se raptan las banderas de lucha. El  precio es impagable. Supone renunciar a todo, es decir, dejarse  morir. El que se deja morir ya no es sujeto. Se es sujeto desde la  vida y si la vida es lo que se pide a cambio, entonces el precio del  rescate es impagable. Es la misma lógica de la deuda: la deuda es  impagable y, precisamente, porque lo es, debe pagarse. "Fiat iustitia pereat mundis": que se cumpla la ley aunque se caiga el  mundo. El discurso neoliberal es un discurso del rapto, porque toma  como rehén a la propia democracia y, como rescate, nos pide  renunciar a ella.

La estrategia del neoliberalismo consistía en raptar a la  democracia, de modo que toda apelación democrática quede sin soporte  discursivo. Porque el rapto lograba no sólo tener la propiedad de  ella sino presentarla, desde entonces, bajo la imagen que su nuevo  maquillaje producía. La democracia neoliberal se impone previa "regulación" de nuestras economías (tarea que fue encomendada  a las dictaduras) y reordena nuestras sociedades en torno de los  valores (del ser humano reducido a competidor, egoísta y  manipulador) que se nos inyecta como "vuelta a la democracia". La  inversión produce una situación maniquea: el orden impuesto se identifica con todas las aspiraciones populares, pero aquellas  aspiraciones son transformadas en su contrario, de modo que la lucha  produce una aporía: se lucha contra todo aquello que se aspiraba.

Cuando el discurso neoliberal transforma la democracia en plutocracia, el "demos" queda sin sostén real y todos pueden entrar en el concepto como Pedro por su casa. El rico se hace el pobre (por eso acude al Estado para salvar sus deudas), el verdugo la víctima y el imperio aparece como el garante de la democracia. Por eso el neoliberalismo habla en nombre del "demos" y, con este, se refiere a su público, por eso aparece ahora la democracia como "el gobierno de todos" (la oligarquía usa a la democracia en su defensa y en nombre de ella la atropella). El "demos" se queda huérfano, porque ya no cuenta ni con las palabras que lo expresan. Libertad ya no significa liberase de las cadenas de la opresión sino el libertinaje irresoluto del díscolo; consigna del neoliberalismo, por eso no quiere intervenciones al mercado de ninguna clase, menos del Estado. Porque cree ingenuamente que el mercado actúa como un dios, que todo lo puede y todo lo resuelve, que su inercia produce todos los sueños de la humanidad y que esta debe sólo postrarse ante él como ante un  dios.

Es el fetichismo del mundo moderno, que ha elevado sus ídolos para someter a toda la humanidad; fetichismo que produce la  inversión total: el mal aparece como el bien y el bien aparece como  el mal. Semejante desajuste no puede producir comunidad, pero el  capitalismo tardío, como neoliberalismo, ya no apuesta por ella,  sino que abiertamente la persigue. Los enemigos de su "sociedad abierta" son, por ello, la humanidad y la tierra; son aquellos que  sacrifica a su práctica idolátrica, los restos que deja su expansión  violenta. Las consecuencias que desata, elocuentemente evidentes, ya  no le interesa; porque ha transformado todos los ideales humanos en  su contrario, por eso se permite todo y este todo, tarde o temprano,  es acabar con todo.

Su "defensa de la democracia" se puede interpretar de otro  modo: "there is no alternative". Si no hay alternativas, todo aquel  que las persiga debe, también, ser perseguido. Si no hay  alternativas sólo puede haber una democracia, la que nos impusieron vía dictaduras. Una vez desbaratado todo intento desarrollista de  nuestras economías, estuvimos listos para "abrirnos" a la  globalización, es decir, para someternos al capital transnacional.  Es cuando nuestras oligarquías importan un "modelo democrático"; el cual penetra, vía medios de comunicación, en todas las esferas de  una sociedad que se sostiene en torno al mercado. Una sociedad así  ya no es una comunidad de seres humanos; lo que relaciona a esa  sociedad ya no son relaciones humanas sino relaciones mercantiles.

Las cosas toman el lugar de las personas y viven a costa de las  personas. La inversión es total: los Estados son la policía del  capital transnacional y los delincuentes que persigue son los que  genera el capital: pobres. La economía neoliberal amputa al Estado  de toda posibilidad de hacerse cargo de su elemento nacional; privatizando sus funciones esenciales deja a su suerte a las grandes  mayorías, y lo que produce es una pauperización crónica. La receta  que se nos obliga a comprar es más inversión extranjera, pero la  inversión extranjera no genera desarrollo (a los sumo genera enclaves, pero siempre dependientes de tecnología y del sistema  monetario mundial) pues está pensada para optimizar sus propias  ganancias; de las cuales, apenas suelta lo necesario para comprar a  las elites políticas y beneficiarse de una "entrega legal y  democrática" de los recursos de los países pobres.

La democracia neoliberal realiza entonces una apropiación del  lenguaje liberal, del Estado de derecho, la libertad, la justicia, etc., y en nombre de ellos atropella todo lo que proclama. En nombre  de los valores democráticos socava la democracia. De tal modo,  produce una confusión de lenguas, donde todo significa nada; donde  la torre que construye promete justicia, paz y libertad, pero  quienes la construyen padecen la injusticia, la opresión y la  guerra. Así como su economía abandona el asunto de la pobreza al terreno de la beneficencia, así también la política neoliberal se  desembaraza de la justicia y sólo le preocupa la gobernabilidad, es decir, el cómo administrar los conflictos que produce y arrinconarlos de modo que no afecten la reproducción del capital transnacional.

El discurso neoliberal, como hijo de la guerra fría, es un discurso  de guerra disfrazado. Inventa monstruos para producir una cultura  del miedo. El miedo es su lenguaje. Miedo del capital que tiene que  gozar de todas las garantías posibles para reproducirse; por eso acude a los Estados. Como el empresario contrata sicarios, así las transnacionales compran el aparato político, y lo que era propiedad pública nacional pasa a ser propiedad privada. Por eso proclama el "fin del Estado", no como supresión de este sino como su  devaluación. Lo que queda es su versión fascista: el Estado policiaco. La garantía que se le exige también es imposible, porque esa garantía supone no sólo la crisis social sino la crisis  medioambiental, porque no sólo se privatizan las funciones públicas  sino los recursos naturales (lo pobres no pueden pagar lo que  tienen, así que se exporta todo lo que tienen, para el disfrute de aquellos que sí pueden pagar). De este modo, la democracia neoliberal destruye todo aquello que había logrado el Estado de bienestar; destruyendo este destruye todo lo que promete la democracia liberal.

Pero la democracia neoliberal se presenta (acudiendo de nuevo a su  lógica del rapto) como heredera de la democracia liberal, haciendo de sus banderas las suyas propias, manejando a su antojo aquella herencia, del mismo modo como el bastardo maneja el nombre paterno.  Aunque reniega del padre, no lo expresa porque no le conviene, porque en nombre de este justifica su ambición: no se contenta con algo más, lo que quiere es todo. El padre tenía que estabilizar su sociedad, por eso la democracia liberal incluía, aunque sea formalmente, sectores deprimidos en la torta de los beneficios. Pero cuando la acumulación se internacionaliza aparece la división  mundial del trabajo y esta se mantiene, primero por la fuerza, y  luego por el control de sus democracias. La estabilidad de las sociedades pasa a segundo plano y, en la periferia, esta estabilidad se subordina a la constitución de esta periferia en reservorio de recursos para el disfrute del primer mundo. El control de las democracias de la periferia aparece entonces como política exterior del imperio. Así como financia las dictaduras así también financia las democracias, porque es parte del control de la división mundial del trabajo.

El control político será también control pedagógico y, desde  entonces, se gestionará vía universidades y medios de comunicación. No en vano las nuevas teorías políticas y económicas se formulan en  las universidades gringas, para implementarlas en nuestros países vía nuestros propios académicos (o su versión mediática: analistas); las nuevas ciencias de la comunicación aparecen en gringolandia y esta se exporta para la deformación de todos nuestros comunicadores y periodistas: la comunicación aparece ahora como asunto de venta, se objetualiza la realidad y las relaciones humanas y todo queda reducido a mercancía. Las ciencias de la comunicación son en realidad ciencias de la manipulación. De ese modo se inyecta la ideología neoliberal en la sociedad, impregnándose en la parte "educada" de la sociedad y propagándose en los medios de comunicación como el nuevo credo: "creo en el dinero, creador del cielo y la tierra, en la santa inversión extranjera y en el empresario, que ruega por nosotros, los pobres pecadores". Es una ideología con rostro piadoso. Consagra las instituciones como eternas y divinas y produce una lógica del sacrificio: el pueblo es maravilloso en tanto se sacrifique siempre; es virtuoso en tanto acepte su sometimiento, pero es demoníaco si se rebela.

Cuando el socialismo real se planteaba suprimir las desigualdades, en realidad asumía también los ideales del liberalismo; pero al perseguir los mismos mitos que alimentaban a la sociedad burguesa (la ciencia como la nueva religión, la dominación de la naturaleza, el reino de la razón, etc.), se conducía inevitablemente a la autocontradicción; porque las metas que se definía esa sociedad, tanto el progreso infinito como el crecimiento económico (en términos cuantitativos, como tasas acumulativas de valor) devenían siempre en querer lograr lo que es imposible de lograr. Para lograr aquellas metas no tenía otra imagen sino la que proyectaba, como horizonte, esa misma sociedad. Su fracaso se lo determinaba sus propios límites ideológicos: lograr los índices de producción que le hicieran competencia al capitalismo suponía explotar al infinito el trabajo humano. Su humanismo era su obstáculo, por eso renegó de este. Y cayó, porque su referente (y contrincante) demostró ser más eficaz a la hora de explotar y lograr índices de plusvalor acumulado imposibles para el socialismo real. Pero el socialismo no dejó de  ser bandera de los oprimidos, porque expresaba los ideales de emancipación de las clases empobrecidas. Por eso, cuando cae el  muro, no significa solamente la caída de un modelo, sino que esa  caída es asumida como el triunfo apocalíptico del capital sobre la humanidad. Por eso, el discurso neoliberal, eficaz a la hora de sacar ventaja de la desgracia de otros ("aprovechamiento de oportunidades"), se levanta ante esa caída como el redentor absoluto de toda la humanidad.

Sin contrincante alguno, ya no tiene que demostrar nada y, como hijo de la guerra fría, lo que asume como doctrina no es la democracia liberal sino el fascismo: "there is no alternative". La globalización es lo único posible porque no hay otra alternativa: o nos globalizamos o sucumbimos. O nos democratizamos o somos bombardeados: no hay alternativa. La nueva ideología imperial no deja opciones, no hay lugar para la elección y, si no la hay, entonces no hay libertad; pero esta ideología se presenta en nombre de la libertad. En nombre de la justicia comete injusticia; en nombre de la verdad hace de la mentira "libertad de expresión"; en nombre de los derechos humanos los viola todos; en nombre de la democracia instaura dictaduras, etc. Es lo que aprendió del fascismo: "la verdad debe construirse a base de mentiras". Y a base de mentiras se sostiene una sociedad que gira en torno de una sola creencia: el dinero. Si todo tiene precio entonces ya no hay dignidad alguna. Por eso las misas se cobran, las bendiciones tienen su precio. La lógica de la inversión no necesita matar a Dios sino transformarlo. Como no se puede servir a dos amos, entonces se decide servir al dinero y ponerle precio a Dios, o sea, convertirlo en mercancía.

Ahora el rico entra al reino de los cielos, aunque el camello no pueda atravesar el ojo de la aguja. El dinero le ha puesto precio al reino de los cielos y a él tienen acceso los piadosos del dólar: "in God we trust". Ese God es el Gold. De ese modo, los valores democráticos que propaga son valores idolátricos. La libertad es libertad del capital de reproducirse donde se le antoje, por eso se santifica la inversión extranjera y los medios bendicen diariamente su presencia, porque esta inversión sostiene las grandes cadenas de comunicación; ese es el premio de la libertad. La justicia se identifica con la ley, de ese modo se la sacraliza; todo lo que es contrario a la ley no sólo es ilegal sino hasta inicuo, la justicia se realiza cumpliendo la ley. Pero la ley expresa relaciones mercantiles y normativiza a la sociedad en torno a los valores burgueses (la propiedad privada y la libertad de contratos); entonces, quienes gozan de propiedad privada y pueden realizar contratos son protegidos por la ley, quienes quedan al margen son quienes persigue la ley, en nombre de ella, es decir, en nombre de la justicia. Que se cumpla la ley aunque se caiga el mundo. Por eso se invade Irak en nombre de la libertad y la democracia, y en nombre de estas se pretende un bombardeo nuclear a Irán. El premio que les espera a los heraldos de la libertad y la democracia son los recursos naturales: el petróleo. Por eso es bueno perseguir la libertad y la justicia, porque el premio es inmenso. La tierra prometida se ha secularizado. Ahora se la compra.

Por eso, la democracia neoliberal, presentándose como heredera del liberalismo, en realidad oculta su verdadero progenitor: el fascismo. La inversión que realiza de todos los valores que propaga es, en realidad, estrategia nazi. Por eso, en momentos de crisis, su violencia congénita sale a flor de piel y expresa lo que siempre ha sido: un régimen de terror. Y eso es lo que aparece en Santa Cruz, Cochabamba, Tarija y, últimamente, en Sucre. Es el fetichismo de lo establecido que convoca a sus huestes a la defensa intransigente del sistema. Veinte años de adoctrinamiento académico y mediático muestran sus resultados. No es raro que los universitarios de Sucre, en nombre del Estado de derecho, atropellen el derecho de quienes no comulgan con ellos; o que las universidades privadas, en nombre de la democracia, exijan el cierre de un instrumento democrático, como es la Asamblea Constituyente, o que los medios de comunicación celebren la intolerancia como lo más tolerante, la violencia como ejercicio democrático, el terror como "clamor popular".

Salen los reclutados por la oligarquía, abanderada de la democracia neoliberal, como defensores de la libertad. Porque la libertad que defienden es la libertad neoliberal, la libertad egoísta, que tiene que atropellar toda otra libertad que se le interponga; por eso no teme volcarse contra aquello que la ha hecho posible: contra su propia comunidad. Porque la comunidad es un estorbo para el desarrollo del individuo transformado en ego individualista. La intersubjetividad es minada por el interés privado, que produce una nueva noción de libertad: libertad como irresponsabilidad; porque no asume ninguna consecuencia que provoca, porque todo lo estima en relación a sus fines, de modo que todos aparecen como simples mediaciones de la consecución de los fines privados. La libertad que se persigue es libertad de acabar con todo: si todo es impedimento de la libre realización del egoísta, entonces todo, en nombre de esa libertad, aparece como un estorbo que debe limpiarse para la "libre" realización de la libertad. Por eso no se teme destruir al propio país, si este aparece como un estorbo, es mejor que desaparezca.

Pero la oligarquía no convoca inocentemente a su reserva de reclutamiento a sembrar la violencia por todo el país, antes acude a sus medios de comunicación para lavar y bendecir lo que hacen sus reclutados, y mostrar el mal que realizan como bien social. Esa lógica de la inversión es la que produce el maniqueísmo: si el mal aparece como el bien entonces todo vale. Y los símbolos expresan eso (cuando acuden a una cultura del terror). La cruz potentada roja que aparece como la bandera de Sucre, o la cruz verde de Santa Cruz, expresan una cultura sacrificial milenaria que despierta en sus actos. La cruz roja era el símbolo de los caballeros templarios, quienes hacían alarde de su fuerza arrasando toda aldea que encontraban rumbo a tierra santa. La inquisición también fue pródiga de las cruces y las antorchas, presentes siempre en sus autos de fe, donde quemaban vivos, en acto publico, a todos sus sentenciados. La cruz fue la bandera de los realistas, afincados en Sucre, cuando triunfaba la guerra de la independencia. Con esa cruz se levantaron contra los guerrilleros de la independencia. Y con esa cruz, otra vez, se levantan contra un proceso de liberación.

El tema de la capitalía que se proclama desde el sector conservador de Sucre muestra, de nuevo, aquella mentalidad codiciosa, agria para con el esfuerzo, de una oligarquía embelesada (desde la conquista) por la riqueza en forma de milagro; mentalidad mendicante que espera todo sin el más mínimo esfuerzo, por eso su progreso lo estima en términos de acumulación burocrática. Por eso demanda el retorno de los poderes, porque cifra todas sus desgracias en la ausencia de estos; el progreso ya no es sinónimo de producción sino de tenencia del poder; es el típico proceder de aquella casta señorial que endilga las desgracias que genera su ineptitud a la ausencia de alguna ventaja. La misma casta señorial sucrense inventó el mito de que Bolivia era pobre por no tener mar, cuando fueron ellos los responsables de aquélla pérdida, certificada por ellos mismos en el tratado de 1904, cuando la oligarquía boliviana cedía de conformidad (por unos cuantos pesos y una línea férrea para Aniceto Arce, a quien se le rinde todavía honores en Sucre) aquello que después levantarían como la causa de nuestros males.

La envoltura democrática a la que acuden les impone una sutileza que viene estructurada retóricamente. Es la destreza retórica y demagógica que se enseña en todas las instituciones "democráticas", como "resolución de conflictos", "gobernabilidad", "concertación", "política de pactos", etc. Banderas bajo las cuales se escuda una racionalidad instrumental que no se propone el entendimiento ni la comunicatividad sino la manipulación estratégica del otro reducido a contrincante. Ese tipo de racionalidad penetró estos veinte años en la sociedad boliviana, incluso en sus organizaciones sociales, como el juego natural de la política; de ese modo se desestructuró instancias dirigenciales populares (corrompiéndolas) y se devaluó sus luchas reivindicativas en meras pulsetas por lograr beneficios particularistas. Así se fragmentó las demandas populares y toda lucha acabó persiguiendo lo sectario en desmedro de toda nueva aglutinación del pueblo en torno a objetivos nacionales. Así las mayorías quedaron reducidas a minorías, con las cuales había que "negociar" por separado. En esa lógica se entiende la defensa férrea que hace de las minorías la derecha política, porque todo se reduce al interés particular (derivación del credo: la sagrada propiedad privada), de modo que no hay mayorías sino una suma de minorías, cada una luchando por su parte como propiedad privada.

Pero si el pueblo no es mayoría entonces desaparece como víctima y aparece como un contrincante más por el poder. Y si quiere ponerse como mayoría entonces, como expresa la derecha, comete soberbia, y los verdugos aparecen como víctimas. La nacionalización, la soberanía, la descolonización, la liberación, aparecen como los monstruos que proyecta la democracia neoliberal, pues estos monstruos afectan sus intereses, por tanto, cometen violencia contra ellos, por eso claman por sus derechos y, en nombre de ellos, usan la fuerza. Es decir, si el verdugo comete violencia sobre la víctima, no es violencia sino ejercicio legítimo de su derecho, pero si la víctima se defiende entonces es la víctima la que comete violación contra los derechos del verdugo. Su democracia le sirve para eso; en democracia se garantiza la diversidad de opiniones; que el pobre grite de hambre es una opinión más y hay que dejarle gritar, pero si quiere cambiar las cosas entonces atenta contra los derechos de los satisfechos y, en nombre de estos, se le propina un escarmiento o su eliminación; pero su eliminación no se presenta como tal sino como un remedio inevitable, pues él mismo transgredió el orden establecido, es decir, él mismo produjo la violencia que acabó con su vida.

Por eso la Juventud Cruceñista o las otras pandillas fascistas que aparecen en Cochabamba o Sucre, no muestran remordimiento alguno por lo que hacen, porque lo que hacen es bendecido por el discurso neoliberal como "defensa del derecho y la libertad". Nadie tiene derecho a cambiar nada, porque eso afecta el derecho de todos. La inversión es total. El discurso neoliberal le ha puesto rostro al diablo; este ahora es pobre, indio, y se ha atrevido a cuestionar el orden santificado por el dólar. Ahora está en el gobierno, es presidente, y es mayoría en la Asamblea Constituyente. Este se ha levantado después de 500 años y el reino de este mundo recluta desde sus parlantes mediáticos a todos sus contingentes, sus nuevos cruzados, en nombre del reino de los cielos, a acabar con los enemigos del reino. La dimensión de la violencia que aparece es entonces teológica y la cultura sacrificial que levanta sus símbolos milenarios reafirma su lucha contra el mal (por eso para baby Bush somos ahora parte del "reino del mal").

En este contexto se juegan las cartas de la oligarquía. Tomada la Asamblea Constituyente de rehén, el precio por el rescate es impagable, significa la capitulación del proceso. La independencia de Bolivia acabó el día en que la oligarquía de la plata (Sucre) aprisionó al gobierno del nuevo país en sus dominios, de modo que la independencia degeneró en la historia que conocemos: siendo dueños de una extensión territorial y recursos naturales envidiables, acabamos como uno de los países más pobres del continente. Casi dos siglos después, una nueva independencia es raptada de nuevo, y el precio por su rescate es, otra vez, la capitulación. Conceder la capitalía no es sólo mudar el gobierno sino renunciar a este, porque la captación de la oligarquía camba, imposible en La Paz, sí puede ser posible en Sucre. La hegemonía del proceso quedaría amputada y el sujeto constituyente estaría a merced de un aparato político rodeado por un complot continuo. En tales condiciones se tendría que ceder todo. Y el proceso de transformación sería devuelto a la reconstitución del mismo Estado colonial-moderno-neoliberal. El pueblo quedaría silenciado para siempre, con la venia de los medios de comunicación, que mostrarían la versión al mundo de "un país por fin pacífico y tranquilo", mientras se nos condene a rifar todo lo que nos queda, hasta la vida.

La democracia neoliberal no es demócrata. Porque no produce democracia sino que la recorta, y su ejercicio es una pura formalidad que no cuestiona el colonialismo, la injusticia ni la desigualdad; a lo sumo, es una apariencia formal que juega la oligarquía y sus convocados. Por eso: no hay democracia sino como democracia popular ampliada. El lugar de la víctima es el único desde el cual se puede evaluar las pretensiones democráticas de un sistema. Por eso el pueblo es el soberano absoluto de la democracia. La Cumbre Social realizada en Sucre ha atestiguado aquello. Es el pueblo organizado el que puede dirimir situaciones, como las que vivimos, ante una franca insurgencia oligárquica; pues nunca hay situación absolutamente sin salida. Así como siempre hay un Egipto, hay también una tierra prometida, y el camino para llegar a este no es otro que el desierto. Es donde el pueblo se va constituyendo como sujeto histórico y proyecta el horizonte utópico de una nueva historia. Semejante desafío supone un pueblo organizado y fiel a lo que ha sido capaz de producir. Porque la resistencia conservadora no descansará hasta llevar al fracaso un proceso de liberación o fracasar ella misma.

La constitución de un Estado plurinacional tiene que sortear toda esta resistencia, porque su aspiración es lo inadmisible para el orden constituido: el "vivir mejor" supone la riqueza y riqueza es acumulación y se acumula cuando se priva el bien común; el "vivir bien" supone, más bien, la armonía y la comunidad, "un mundo en el que quepan todos". Un pueblo que no se constituye a sí mismo es un pueblo que no tiene autoconciencia, proyecto propio ni posibilidad de autodeterminarse, es un pueblo sin voluntad de futuro. La voluntad de un pueblo es voluntad verdadera cuando se ha puesto a sí mismo como proyecto. Por eso el pueblo no es un bloque univoco que se preserve por encima de las circunstancias sino aquella capacidad de constituirse como fuerza histórica de transformación, por eso se conduce como un todo popular-democrático, siempre enfrentado a un bloque dominante que intentará siempre desorganizarlo y reorganizarlo en torno a su hegemonía.

La Paz, septiembre de 2007

Rafael Bautista S.

Autor de "OCTUBRE: EL LADO OSCURO DE LA LUNA" y "LA MEMORIA OBSTINADA" Editorial "Tercera Piel"

rafaelcorso@yahoo.com

24/09/2007 08:54 Autor: economiaconmaximo. Enlace permanente. Tema: Las Bases Filosóficas No hay comentarios. Comentar.

ANÁLISIS ECONÓMICO DE LA RECIENTE CUMBRE DEL G8 EN ALEMANIA

El grupo de países más industrializados del mundo más Rusia se ha reunido recientemente en la localidad germana de Heiligendamm. Las conclusiones tras una semana intensa de trabajo se resumen en un documento de 97 puntos denominado "Crecimiento y Responsabilidad en Economía Mundial".

 

Fuente: www.finanzas.com/id.9168500/noticias/noticia.htm

 

Los siguientes puntos resumen con un enfoque crítico a la vez que constructivo los principales puntos de la reunión que afectan más de cerca a los países en vías de desarrollo.

1. Las instituciones altamente endeudadas deben ser sujetas a una mayor regulación. Estas instituciones incluyen fondos de private equity y fondos de inversión libre.

2. Los países desarrollados animan a los países emergentes a adoptar sus estándares, pero son incapaces de cumplir sus propias reglas y de este modo eliminar los subsidios a la actividad agrícola que dañan de forma considerable las exportaciones agrícolas desde el mundo en vías de desarrollo hacia el mundo industrializado.

3. Los países desarrollados animan a los países emergentes a adoptar sus estándares. Llaman a los países emergentes a disminuir los niveles de corrupción. Pero los países desarrollados son incapaces de reformar la arquitectura financiera internacional, para eliminar los paraísos fiscales, para tasar de forma homogénea a las corporaciones, eliminando el incentivo a reducir el impuesto de sociedades.

4. Se mencionan y se promueven los sistemas de protección social. Pero no hay un compromiso en ningún sentido. Hay únicamente palabras llanas que se lleva el viento. Los países industrializados requieren que los países en vías de desarrollo adopten el Consenso de Washington de un lado, reduciendo de este modo el presupuesto para educación y sanidad, mientras que por otro lado animan a los países emergentes a promover y mejorar sus redes de protección social. Es un juego de dos caras que suscita un elevado nivel de contradicción si es analizado detenidamente.

5. Los bancos deberían satisfacer los Principios de Ecuador del mismo modo que satisfacen los acuerdos de supervisión de Basilea II. Se debería dar mayor énfasis a los aspectos éticos y sostenibles de banca, que merecen el mismo nivel de atención que los aspectos más técnicos y más orientados a mercado de los acuerdos de supervisión de Basilea II.

 

NOTA DE MÁXIMO KINAST: (Sólo para quienes no hayan comprendido bien el artículo). El analista dice bien claro que las declaraciones del G8 no tienen nada que ver con las intenciones y que las recetas para los países pobres sólo favorecen a los países ricos y a las transnacionales.

 

 

17/06/2007 13:42 Autor: economiaconmaximo. Enlace permanente. Tema: Las Bases Filosóficas No hay comentarios. Comentar.

LA IMPORTANCIA DEL CONOCIMIENTO

Por Juan Enríquez Cabot*

Enviado por Marzha Navarro    

La Argentina ya es un país objeto de estudio en los centros académicos más importantes del mundo: ¿cómo puede ser que una Nación tan formidable a comienzos del siglo 20 haya retrocedido tanto a comienzos del siglo 21 pese a contar con enormes recursos naturales? La exposición que se publica llega a la conclusión, implícitamente, de que la Argentina no es un país viable, si no produce una Revolución del Conocimiento.        

Una nota para reflexionar. En 1900, la Argentina era uno de los países más ricos. Para 1960, pese a una serie de gobernantes de cuestionable habilidad, seguía siéndolo.¿Por qué? Porque en ese momento, 1/3 parte de la economía mundial era agricultura, la 3ra. Parte era industria y el resto, eran servicios. Y por servicios, entiendan conocimientos: no son mozos, ni gente que hace hamburguesas. Son personas que sacan patentes, los consultores, los que hacen seguros, los que hacen leyes, investigación tecnológica, los que hacen CD’s y programas de computación.      

Avancemos desde 1960 a 1998. El 4% de la economía mundial es agricultura, y no porque la agricultura en términos de volumen o en términos numéricos sea menor; sino porque la economía mundial creció a tal nivel en los otros aspectos que la agricultura parece, comparativamente, mucho menor. La industria sigue en el mismo nivel, una tercera parte de la economía mundial, y los servicios ahora son dos terceras partes del crecimiento mundial.   Los servicios se manejan en un idioma, el digital. Esto quiere decir que un joven que no se graduó en la Universidad de Harvard, que sale un año antes de lograr su diploma de licenciatura, puede acumular una cuenta bancaria que es el equivalente a todo lo que producen los habitantes de Israel en un año, o Malasia, o Singapur o Venezuela. Y que si ese señor se levanta de mal humor un día y cambia sus cuentas de bancos y de seguros, mueve la economía de un país.      

Eso significa que su compañía, el día que decida moverse de lugar, mueve una economía del tamaño de Canadá. Esa es la diferencia, lo muy distintivo entre la vieja y la nueva economía. En una Economía del Conocimiento -donde se puede generar mucha riqueza a corto plazo y esa riqueza depende del conocimiento digital- la economía de un país puede desaparecer en una semana. Esto tiene serias implicancias para los países que no entienden por qué tienen que darle educación a sus ciudadanos, por qué hay que darles seguridad y por qué hay que respetar los derechos humanos.       

Es por esas razones por las que, del 100% de jóvenes que China manda a estudiar a USA, sólo regresa el 15%. Mientras tanto, aquellos que siguen produciendo oro, petróleo, uranio, trigo o ganado, se vuelven cada día más pobres. Porque en términos de índices económicos, un commodity, un bien básico, una materia prima, vale hoy el 20% de lo que valía en 1845. Y aquellos pueblos que siguen tratando de competir vendiendo materias primas sin conocimientos, son cada día más pobres.         

Por eso, los pueblos más ricos del mundo no son los petroleros, a menos que uno considere como grandes potencias a la ex URSS, Nigeria, Sudáfrica, Arabia Saudita, Irak, Irán, o México.¿Qué es lo que está pasando en América Latina?. En 1985, México, Brasil, la Argentina y Corea del Sur generaban más o menos el mismo número de patentes anuales que USA. ¿Por qué nos deben importar el número de patentes que se generan en USA por año? Porque si ésta es una Economía del Conocimiento y uno no genera conocimientos, ni los protege ni los vende, uno no tiene de qué vivir.         

La buena noticia es que de 1985 a 1998, el número de patentes generado en México, Brasil y la Argentina se duplicó. Ya estamos generando cerca de 100 patentes en cada uno de nuestros países.La mala noticia, es que en el mismo período, Surcorea aumentó de 50 patentes anuales a 3.400. Que sólo la compañía coreana Samsung es el cuarto productor de patentes totales en USA.En Surcorea ahora se necesitan 13.000 surcoreanos para lograr una patente en USA; pero se necesitan 760.000 argentinos, 1.200.000 mexicanos y 1.800.000 brasileños.         

Si ustedes me creen que este mundo está transitando de una economía de bienes básicos a una Economía del Conocimiento -y esta es la tendencia y estos son los recursos necesarios para patentar algo- adivinen qué país va a ser más rico a corto plazo y qué países van a ser cada día más pobres.¿Qué es lo que está pasando en México?.       

México tiene un Tratado de Libre Comercio, ya que abrió sus fronteras con USA, y aumentó sus exportaciones. Además, hizo una serie de cosas como los mismos ajustes que están discutiendo en la Argentina. Llevamos 24 años de hacer ajustes, pero tenemos un pequeñísimo problema: a la hora de sentamos a ver quiénes ocupan los primeros 15 lugares de patentes en México, nos damos cuenta de que son Procter & Gamble, 3M, Basf, Kimberley Clarke, Bayer, Pfizer, Novartis, Hoesch, Johnson & Johnson, AT&T, Samsung, Ely Lilly, Loreal, Motorola y Good Year. Todas mexicanas, ¿verdad?Si ésos son los que generan patentes y venden conocimiento, adivinen qué les pasa a los ingresos de los mexicanos, aunque tengan baja inflación…  Y eso ocurre aunque se hagan ajustes financieros y aunque sigan los programas del FMI.         

La 2da. consecuencia que tiene una economía es que no solamente se puede mover la riqueza física, las cuentas bancarias, sino que también se puede mover la riqueza intelectual. Para una persona que habla el lenguaje genético o el lenguaje intelectual, la opción de quedarse en un laboratorio en un país que no apoya la creación de nueva riqueza, que no apoya laboratorios, que no es competitiva, que no tiene compañeros con quiénes hablar, no es la mejor. Muchas veces, Microsoft llega a las mejores universidades y dice: “Quiero llevarme a los 10 mejores alumnos a trabajar conmigo”.Para darles un ejemplo, en el Instituto Tecnológico de Monterrey -que es una de las más grandes escuelas de México- a los 30 mejores alumnos se los lleva Microsoft una semana, con boleto y todo pago, al estado de Washington (la capital es Seattle); los entrevista durante cuatro días y les da tres días de vacaciones, con las mejores comidas, barcos, etc, etc. y acaba contratando a los mejores muchachos. Lo mismo pasa en India, en China: contratan a los mejores y los concentran.Esta economía es portátil. El país que encuentra a los mejores ciudadanos de otro país, se los lleva. Son más valiosas esas mentes que llevarse una mina. Más valiosas que quedarse con el petróleo de un país.      

Ésto es lo que cuenta, y los países que no le pongan atención a sus recursos humanos, a su educación, a su gente que puede generar patentes, ideas, empresas …. acabarán quebrando.          

Veámoslo en términos prácticos: En 1999 IBM generó 2.685 patentes en USA y 167 países del mundo juntos generaron menos; apenas 2.500 patentes. Eso quiere decir que una sola compañía puede generar más conocimiento y vender más patentes que 167 países del mundo.Ahora, vamos por un nuevo idioma. A partir de 1950, dos científicos -Watson y Creek- descifran el modo como se codifica y transmite el código de la vida. Ése, creo yo, fue el descubrimiento más importante del siglo, junto con lo que encontró Albert Einstein.         

¿Qué es lo que pasó? Que el costo de codificar un gen bajó de US$ 150 millones por gen a US$ 50 por gen. Cuando uno ve una curva de costos que opera de esta manera, se genera una cantidad de información absolutamente brutal. Hay países, compañías, lugares, que entienden este idioma, que están acumulando patentes en estos idiomas; y también hay países que todavía no entienden que ya se descubrió América. Los países que sí lo entendieron y que lograron mejor tecnología acabaron dominando a los que pensaron que se había descubierto algo que no se llamaba América. Por eso es tan importante entender y hablar estos idiomas.          

La persona que descifró el genoma humano -mitad científico loco, mitad empresario- se sentó hace tres años y medio y dijo que se le hacía muy lenta esta investigación genética (la que ya estaba en curso), y se planteó hacer la secuencia completa del genoma humano, gesto equivalente a que, en 1960, alguien hubiera entrado en la NASA y dicho que iba a lanzar un cohete a la Luna sin financiamiento del Gobierno, que lo iba a hacer solito. Cuando lo dijo, hace tres años y medio, todo el mundo se rió y retrucaron que “Nosotros, los Gobiernos del mundo de 16 países, 89 laboratorios, estamos gastando US$ 3.000 millones, y vamos a acabar esto antes del 2005″. Y este señor dijo “Yo voy a gastar la décima parte y lo voy a hacer en dos años”. Y cumplió. El 12 de febrero de 2001 lo hizo.         

Este hombre, que hace tres años no tenía ninguna compañía, ahora tiene la computadora privada más grande del mundo, tiene el equivalente a seis bibliotecas del Congreso de USA en información genética en su sótano, acaba de terminar el mapa genético completo de un ratón. De las 12 enfermedades principales que primero se publicaron, él fue responsable por la publicación de ocho. Es un hombre que en tres años generó una industria que se llama la genómica y que ha dado lugar a una serie de compañías que ahora tienen un valor de mercado similar a lo que produce la Argentina en un año. En su laboratorio para estudiar, generar y hacer el mapa genético humano, trabajaban 47 personas.          

Todo esto ocurre a una velocidad inmensa, al 50% más rápido de lo que sucedió la Revolución Digital, y es una revolución que va a cambiar la manera de cómo vemos y entendemos la vida en este planeta. Está cambiando no sólo en términos de la genética, sino en los términos de casi cualquier industria que ustedes quieran ver y, sólo como ejemplo les digo que el principal programa que tiene hoy en día IBM para nuevas computadoras no es para Internet sino para la genética y se llama “Blue Jean”. El principal programa que tiene Hewlett-Packard (está la publicidad en las calles) tiene la doble hélice del ADN. Si hablan con una farmacéutica les dirá que es la genética lo que está empujando la medicina; si lo hacen con una química como Dupont, les dirá que es la genética lo que está empujando toda su industria. Por eso Pioneer se vuelve parte de Dupont, y por eso las grandes compañías de semillas del mundo fueron compradas por farmacéuticas o por químicas, porque una semilla se vuelve un disco digital; y entonces uno puede reprogramar la vida dentro de una manzana o de una naranja, y eso es lo que será la economía mundial.           

El año pasado, por primera vez en USA, el número de patentes biológicas y de biotecnología excedió el número de patentes de computadoras y telecomunicaciones. Mientras tanto nosotros, en América Latina, en México por ejemplo, seguimos exportando cada vez más y tenemos un salario mínimo que es el 27% de lo que ganábamos en 1976. Esto sucede país tras país, tras país: entra un ministro de Economía o de Finanzas, sale un ministro de Economía o de Finanzas; entra un Presidente, sale otro Presidente y el país es cada vez más pobre. No porque el que entra sea más tonto, sino porque la agenda de desarrollo económico es equivocada, porque seguimos discutiendo si vamos a hacer una fábrica, una represa o un puerto. Nada de eso importa hoy:          

Lo que importa hoy son las mentes, la educación, la ciencia. Importa que esas mentes puedan proteger y vender  conocimientos al resto del mundo. Los países que entendieron esto, como Singapur, son los países que van a dominar el planeta; y les recuerdo que en 1965 el 1er. Ministro de ese país -que era bastante mas pobre que la Argentina- se reunió con el 1er. Ministro de su vecino, Malasia y le pidió que absorbiera su país, su bandera y su Constitución, porque no era viable como nación. Malasia no estaba convencido. Les recuerdo que hoy Singapur tiene un ingreso per capita similar al de USA. En el interín, produjo una reconversión fenomenal. Malasia se debe haber arrepentido muchísimo.           

También en México privatizamos: de 1.155 empresas que teníamos, nos quedamos con 206 y por la venta de unas 900 obtuvimos US$ 24.000 millones. Pero se nos olvidó que una vez que se privatiza también hay que regular y hay que cuidar que la gente se porte bien, aún en el sector privado. No regulamos los bancos y tuvimos una pequeña crisis bancaria que nos costó US$ 105.000 millones, el 18% del PBI.            

Otra razón por la que México no tiene ahora un ingreso per cápita similar al de Corea, otra razón por la que México -después de 24 años de reestructuraciones y 4 ministros de Economía o de Finanzas que han sido luego presidentes- tiene una deuda externa que cada vez crece más con relación a su producto nacional bruto; otro motivo por el cual en la Argentina, Uruguay, Brasil y México el PBI per cápita no aumentó entre 1980 y 1994, mientras que sí lo hizo en Mozambique y Pakistán.         

Cierro mi exposición, diciéndoles lo que afirmaba Einstein en los años 40: “Todos los imperios del futuro van a ser imperios del conocimiento, y solamente serán exitosos los pueblos que entiendan cómo generar conocimientos y cómo protegerlos; cómo buscar a los jóvenes que tengan la capacidad para hacerlo y asegurarse que se queden en el país. Los otros países se quedarán con litorales hermosos, con iglesias, minas, con una historia fantástica; pero probablemente no se queden ni con las mismas banderas, ni con las mismas fronteras, ni mucho menos con un éxito económico”.       

 

 

* Juan Enriquez Cabot es mexicano, ha desempeñado altos cargos públicos en su país y dirige el Life Science Project Harvard Business School, y miembro del Centro de Estudios Latinoamericano David Rockefeller. Extraido de: “Los imperios del futuro serán los imperios de la mente” - Centro de Estudios Latinoamericanos David Rockefeller, Harvard, Massachusetts, USA         

17/10/2006 13:16 Autor: economiaconmaximo. Enlace permanente. Tema: Las Bases Filosóficas No hay comentarios. Comentar.

EL CONSENSO DE WASHINGTON AL ALCANCE DE CUALQUIERA

LA IDEOLOGÍA DE LOS AMOS: EL CONSENSO DE WASHINGTON

Fuente: http://www.lacoctelera.com/elpaskin

En El Paskin, un diario serio, pero bueno para el webeo, nos dábamos cuenta de que cuando se hablaba del Consenso de Washington aparte de unos dos o tres lugares comunes, los burócratas que empleaban el término con aires doctorales, no sabían decir nada más.

Preocupados por mejorar la calidad académica del debate al respecto, en El Paskin nos propusimos realizar una investigación acerca del tema. Para ello, le solicitamos a un amigo nuestro que nos preparara un “paper”, como dicen ahora los siúticos en donde con claridad se diera cuenta del tema. En el fondo, en buen chileno, le pedimos que fuera algo así como “El Consenso de Washington al Alcance de Cualquier Idiota”.

El resultado del trabajo de nuestro amigo es el siguiente:

“Guy Debord escribió: “Por primera vez los mismos son los amos de todo lo que se hace y se dice”.

Los amos reinan en el universo tanto por sus enunciados ideológicos como por la coacción económica o la dominación militar que ejercen. La figura ideológica que guía su práctica tiene un nombre anodino, “Consenso de Washington”.

Se trata de un conjunto de acuerdos informales, de gentleman agreements, concluidos a lo largo de las décadas de 1980 y 1990 entre las principales compañías transcontinentales, bancos de Wall Street, la Reserva Federal estadounidense y organismos financieros internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, entre otras.

En 1989, John Williamson, economista director y vicepresidente del Banco Mundial, formalizaría el “consenso”. Sus principios fundacionales son aplicables a cualquier período de la historia, a cualquier economía, en cualquier continente. Apuntan a obtener, con la mayor premura posible, la liquidación de toda instancia reguladora, estatal o de otra índole, la liberalización más completa y más rápida posible de todos los mercados (de bienes, de capitales, de servicios, de patentes, etc.) y de la instauración final de una statless global governance, de un mercado mundial unificado y completamente autorregulado.

El Consenso de Washington apunta a la privatización del mundo. Estos son los principios en los que descansa:

1.-En cada país deudor, es preciso poner en marcha una reforma fiscal basada en dos criterios: a) disminución de la carga tributaria que grava las rentas más altas, con el objetivo último de incentivar a los ricos para que efectúen inversiones productivas, y, b) ampliar la base de los contribuyentes; dicho de forma más clara, la supresión de las exenciones fiscales que benefician a los más pobres para incrementar el volumen del impuesto.

2.-Liberalización, tan rápida y completa, como sea posible de los mercados financieros.

3.-Garantizar la igualdad en el trato dispensado a las inversiones autóctonas y a las extranjeras con la finalidad de aumentar la seguridad y así, el volumen de las inversiones extranjeras.

4.-Desmantelamiento, tanto como sea posible hacerlo, del sector público, privatizando de forma especial todas las empresas cuyo propietario sea el estado o una entidad paraestatal.

5.-Desregulación máxima de la economía del país para garantizar el libre juego de la competencia entre las diferentes fuerzas económicas presentes.

6.-Intensificar la protección de la propiedad privada.

7.-Fomento de la liberalización de los intercambios a un ritmo lo más sostenido posible teniendo como objetivo mínimo la reducción en un 10% anual de los aranceles aduaneros.

8.-Dado que el libre comercio progresa por medio de las exportaciones, es preciso, como prioridad, favorecer el desarrollo de aquellos sectores económicos que son capaces de exportar bienes.

9.-Limitación del déficit presupuestario.

10.-Creación de la transparencia del mercado: los subsidios estatales a los operadores privados deben ser eliminados en todas partes. Los estados del Tercer Mundo que subvencionan, con la finalidad de mantenerlos en un nivel bajo, los precios de los alimentos, deben renunciar a esta política. En lo que respecta a los gastos del estado, los destinados a reforzar las infraestructuras deben tener prioridad sobre el resto.”

Hasta aquí el resumen que elaboró nuestro dilecto e intelectual amigo a quien le damos las gracias.

En El Paskin, quedamos pensativos, pereciera que todo lo que respecta a los 10 puntos tiene mucho que ver con nuestra realidad y con los males que nos aquejan ya que intuitivamente nos parece que la receta que se aplica desde Washington es buena solo para algunos pocos.

De casualidad, pudimos tener entre nuestras manos la revista británica The Economist, cómo les quedó el ojo; esta revista no es precisamente un semillero de revolucionarios y, no obstante, el comentario que hizo del Consenso de Washington, rebosa ironía: “Anti-globalist see the Washington Consensus as a conspiracy to enrichn bankers. They are not entirely wrong”. (“Los antiglobalizadores consideran al Consenso de Washington como una conspiración destinada a enriquecer a los banqueros. De hecho no andan del todo desencaminados”).

Y usted, estimado lector de El Paskin, el diario culto y erudito, ¿qué dice al respecto?

16/07/2006 19:34 Autor: economiaconmaximo. Enlace permanente. Tema: Las Bases Filosóficas No hay comentarios. Comentar.


Suscrí
bete a este blog. RSS 2.0 Este Blog ha sido creado con Blogia. Ver derechos de autor . Estadísticas. Admin. [Blogia colabora con 1001 relatos.]